El eterno retorno del imperialismo de Cuba a Venezuela y Groenlandia

El eterno retorno del imperialismo de Cuba a Venezuela y Groenlandia
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Cuando la historia se repite como advertencia

Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español”. Así escribía Rubén Darío en 1904, en su célebre poema “A Roosevelt”, apenas seis años después de que España perdiera Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el empuje expansionista estadounidense. Más de un siglo después, las palabras del poeta nicaragüense resuenan con una vigencia escalofriante mientras observamos las pretensiones de Washington sobre Venezuela y Groenlandia.

La historia, como advirtió Marx, se repite: primero como tragedia, luego como farsa. Pero en el caso del imperialismo estadounidense, cada repetición conserva elementos de ambas.

1898: el ensayo general del imperio

1898 el ensayo general del imperio

A finales del siglo XIX, Estados Unidos consolidaba su proyecto de potencia global. La guerra contra España en 1898 no fue un accidente diplomático, sino el resultado de una estrategia deliberada de expansión. El pretexto fue la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana, un incidente cuya autoría nunca se esclarecció completamente pero que la prensa amarillista estadounidense, encabezada por Hearst y Pulitzer, convirtió en un grito de guerra: “Remember the Maine, to hell with Spain”.

La guerra fue breve, desigual y decidida de antemano. España, exhausta y con un imperio en decadencia, poco pudo hacer ante la maquinaria bélica estadounidense. El Tratado de París de 1898 certificó la cesión de Cuba (formalmente independiente pero bajo tutela estadounidense), Puerto Rico, Filipinas y Guam. La Enmienda Platt, impuesta a Cuba en 1901, dejó claro que la “independencia” cubana era nominal: Washington se reservaba el derecho de intervenir militarmente cuando lo considerase oportuno.

Aquella guerra no fue sobre libertad o democracia. Fue sobre mercados, posiciones estratégicas y afirmación de poder. El Caribe se convertía en un lago estadounidense, y la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) comenzaba a revelar su verdadero significado: América para los estadounidenses.

El espíritu de Darío: la otra América que resiste

Rubén Darío comprendió lo que estaba en juego. Su poema “A Roosevelt” no es solo una diatriba contra un presidente expansionista, sino un manifiesto de resistencia cultural y política. Darío contraponía dos Américas: la sajona, materialista, cazadora y fuerte; y la hispana, soñadora, rezadora, heredera de Netzahualcóyotl y del Inca, de Moctezuma y de Cuauhtémoc.

“Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcóyotl (…) esa América que tiembla de huracanes y que vive de amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol”.

Esta no era una oposición racial, sino civilizatoria. Darío advertía sobre el peligro de una potencia que priorizaba el poder sobre la cultura, la fuerza sobre el derecho, la dominación sobre la convivencia. Y concluía con una advertencia que hoy resuena como profecía: “Tened cuidado. Vive la América española. Hay mil cachorros sueltos del León Español”.

Venezuela y Groenlandia: el mismo libreto, distintos escenarios

Venezuela y Groenlandia el mismo libreto, distintos escenarios

Más de un siglo después, el patrón se repite con asombrosa fidelidad. Las recientes declaraciones sobre Venezuela y Groenlandia no son exabruptos aislados, sino manifestaciones de una lógica imperial que nunca desapareció, solo se moderó temporalmente durante ciertos períodos de la historia.

Venezuela: la democracia como pretexto

La crisis política venezolana es real y compleja, pero la injerencia estadounidense no responde a preocupaciones democráticas genuinas. Si así fuera, Washington aplicaría la misma vara de medir a sus aliados autocráticos en el Golfo Pérsico o en otras latitudes. La obsesión con Venezuela responde a una combinación de factores: las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, la posición geográfica estratégica y, no menos importante, el deseo de revertir lo que se percibe como una afrenta al poder estadounidense en su “patio trasero”.

Los llamados a la intervención militar, las sanciones económicas que afectan principalmente a la población civil, el reconocimiento unilateral de gobiernos paralelos, todo ello evoca el espíritu de 1898. El pretexto cambia (antes era la civilización, luego el comunismo, ahora la democracia), pero la lógica permanece: ninguna nación de nuestra América tiene derecho a decidir su destino si ese destino contradice los intereses de Washington.

Groenlandia: el expansionismo sin disfraces

Las declaraciones sobre la compra de Groenlandia son aún más reveladoras porque prescinden casi completamente del barniz ideológico. No se habla de democracia o derechos humanos, sino abiertamente de “intereses estratégicos” y control de recursos. Que Groenlandia sea un territorio autónomo de Dinamarca, un aliado de la OTAN, parece irrelevante. El mensaje implícito es claro: si algo es estratégicamente valioso para Estados Unidos, su soberanía formal es negociable.

Esta actitud recuerda peligrosamente a la compra de Alaska a Rusia en 1867, o a las presiones sobre México que resultaron en la cesión de Texas, California y otros territorios. La geografía y los recursos naturales como botín, independientemente de consideraciones legales o éticas.

La gobernanza global en la encrucijada

Desde la perspectiva de la gobernanza internacional que Goberna representa, estas actuaciones plantean cuestiones fundamentales sobre el orden mundial. ¿Vivimos realmente en un sistema basado en reglas, o en uno donde el poder define las reglas? ¿Qué valor tiene la Carta de las Naciones Unidas, que consagra la soberanía y la no intervención, si las grandes potencias la ignoran cuando les conviene?

El multilateralismo y el derecho internacional no son abstracciones académicas, sino los únicos diques que las naciones medianas y pequeñas tienen frente a la arbitrariedad del poder. Cuando una potencia decide unilateralmente qué gobiernos son legítimos, dónde puede intervenir militarmente, o qué territorios pueden cambiar de manos, todo el edificio de la convivencia internacional se tambalea.

El papel de la Hispanidad en el siglo XXI

Aquí es donde la perspectiva hispanista cobra particular relevancia. La comunidad iberoamericana, con más de 500 millones de hispanohablantes, una historia común y valores compartidos, tiene la responsabilidad y la capacidad de ser un contrapeso necesario.

No se trata de un anti-americanismo visceral. Se trata de defender principios básicos: el respeto a la soberanía, el derecho de los pueblos a la autodeterminación, la solución pacífica de controversias, el multilateralismo efectivo. España, como puente entre Europa e Iberoamérica, tiene un rol particular que jugar en la articulación de esta posición.

La Hispanidad del siglo XXI no puede ser nostálgica ni meramente cultural. Debe traducirse en posiciones políticas concretas, en bloques de votación en organismos internacionales, en alianzas económicas que reduzcan la dependencia, en cooperación en defensa y seguridad. Los “mil cachorros del León Español” de los que hablaba Darío deben encontrar formas de coordinación efectiva.

Lecciones de 1898 para 2025

La historia no se repite mecánicamente, pero ofrece lecciones. De 1898 deberíamos aprender que:

  1. Los pretextos humanitarios suelen ocultar intereses materiales: entonces era “liberar” a Cuba del yugo español; ahora es “restaurar” la democracia en Venezuela. El resultado buscado es el mismo: control e influencia.
  2. La división debilita, la unidad fortalece: España enfrentó sola a Estados Unidos y perdió. Una Hispanoamérica coordinada tiene mucho más peso específico.
  3. El derecho internacional sin poder efectivo es papel mojado: las normas importan, pero deben estar respaldadas por coaliciones capaces de hacerlas respetar.
  4. La opinión pública y la narrativa importan: Estados Unidos ganó la guerra de 1898 también en los periódicos. Hoy, las redes sociales y los medios de comunicación son campos de batalla cruciales.
  5. La paciencia imperial es larga: Washington puede esperar décadas para lograr sus objetivos. La resistencia debe ser igualmente persistente.

Conclusión: vigencia de una advertencia centenaria

Cuando Rubén Darío escribió “A Roosevelt”, muchos lo consideraron exagerado, incluso paranoico. La historia le dio la razón. Estados Unidos intervino militarmente en Hispanoamérica decenas de veces durante el siglo XX, derrocó gobiernos democráticos, apoyó dictaduras brutales, impuso políticas económicas, todo bajo diferentes pretextos pero con la misma lógica de fondo.

Las actuales pretensiones sobre Venezuela y Groenlandia demuestran que esa lógica imperial no ha desaparecido. Se ha adaptado, ha cambiado de retórica, pero persiste. Por eso el poema de Darío sigue siendo relevante, sigue siendo necesario.

La “América española” de la que hablaba el poeta no solo vive, como él predijo. Debe organizarse, debe articularse, debe defender sus intereses y sus valores en el escenario internacional. No desde el resentimiento, sino desde la dignidad. No desde el aislamiento, sino desde el multilateralismo inteligente. No contra nadie, sino a favor de un orden internacional más justo y equitativo.

Porque si algo nos enseña la historia es que los imperios que no encuentran resistencia no conocen límites. Y que los pueblos que no defienden su soberanía, inevitablemente la pierden. Ciento veintisiete años después de 1898, la advertencia de Darío sigue vigente: tened cuidado, porque vive la América española.

 

El autor es politólogo, analista político y presidente de USDE Asociación para el Debate Político

Author

  • Manuel Martínez Sirvent

    Politólogo y docente en Secundaria y Bachillerato; especializado en educación, estrategia política y análisis social.

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