Como Tony Stark en la película Iron Man, la humanidad también tiene metralla alojada en su cuerpo. ¿Algún país creará el artefacto perfecto para evitar que tal munición descerrajada desde tramas oligarcas destruya los derechos y libertades conquistados por y para el pueblo? En el film la coraza del superhéroe está alimentada por paladio, metal precioso básico tanto en electrónica como para la industria automotriz de combustión interna (gasolina y diésel), el gran interrogante en el mercado capitalista actual, ¡el petróleo!
El cine expresa pero también avisa. ¿Premonitorio?
José María Tomás y Tio magistrado de la Audiencia Provincial de València, presidente de la Fundación por la Justicia organizadora el Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos de València Humans Fest, un certamen que en esta su décimo séptima edición abordó la temática de los Derechos de la Infancia y la Juventud, tiempo atrás, declararía: “No se puede gobernar ni legislar olvidándose de los más vulnerables porque son los que al final sufren más cualquier situación”, añadiendo que: “Un festival de cine es el mejor instrumento de presencia y sensibilización en el entorno en el que nos movemos”.
Sentencia el actor y director de cine Charles Chaplin que “la vida es una tragedia si se ve en plano corto (rostro y mitad del busto), y una comedia en plano largo (intérprete y entorno)”.
Hoy en día, en las eufemísticamente denominadas élites, que a todas luces no son más que un hervidero de entramados maculados, ¿la vulnerabilidad es la presa codiciada? Pedofilia, pederastia, tráfico de órganos infantiles y juveniles, depredación y explotación de seres indefensos, discriminación étnica, desigualdad económica, injusticia por discapacidad. Existen espacios donde lo inimaginablemente sórdido existe y tiene su negocio.
El citado festival cinematográfico ha puesto la mirada en algunos de los terrores que acechan a impúberes en pleno siglo veintiuno. Víctimas, siempre víctimas, a las que se les roban ilusiones, futuros y alegría de vivir, niñas y niños, adolescentes a los que se les despedaza, narcotiza y desequilibra mentalmente, conejillos de indias martirizados y engañados por su innata fragilidad y credulidad, horrores que el cine, en honrosas ocasiones, denuncia.
“El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No se permitirá al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o educación, o impedir su desarrollo físico, mental o moral” especifica la Declaración Universal de los Derechos del Niño en su artículo noveno.
¿Cómo trasferir del papel a la realidad decretos cuando el ser humano es fatuo, despiadado y totalitario? ¿Cómo defenderse ante un satán chapado en oro y el poder a espuertas que lo enaltece?
Niñas y niños son obligados por su entorno más cercano, más familiar, a crear contenido en redes sociales y el público lo consume como si tal cosa. ¿En qué difiere la explotación infantil de antaño y tan perversas innovaciones?
“Dos días después de cumplir doce años, quince días antes de que su padre ingresara en prisión por una deuda. Charles Dickens fue enviado a trabajar a una fábrica de betún. En una sala plagada de ratas junto a los muelles, pasaba doce horas etiquetando cajas de betún y conociendo el dolor del abandono” escribía el novelista estadounidense Armistead Maupin en El oyente nocturno.
Molly versus the Machines, una de las obras presentadas en el festival, aclara esos puntos ciegos que ocultan los magnates de las plataformas digitales sobre el deterioro cognitivo que causan sus engendros telemáticos en la plasticidad de cerebros en desarrollo seducidos por rápidas recompensas gratificantes (likes, visualizaciones). Charles Baudelaire ensayista y poeta francés del siglo diecinueve en su obra Spleen de París exclamaría: “¡Tan pocos son los placeres exentos de culpa!”.
Cortometrajes nacionales e internacionales, ficción y documental y largometrajes compartieron cartel en el Humans Fest, donde el trabajo checo danés, ganador del Óscar 2026, Mr. Nobody contra Putin de David Borenstein y Pavel Ilych Talankin refleja el conflicto surgido entre docentes ante la militarización a raíz de la invasión de Ucrania.
“Bajo la desolación de la guerra hacíamos los chicuelos de la guerra juego. ¿No la hacían acaso los mayores? ¡Santo espíritu el de los chiquillos que tomando en juego la vida y como espectáculo el mundo, saca la miel de toda triste realidad! Se lee en Recuerdos de niñez y mocedad de Miguel de Unamuno.
La violencia siempre tratando de invadir, adoctrinar o silenciar las escuelas públicas, cuando no las destruye o degenera.
“No ingresé a la escuela hasta los nueve años, porque mi padre –como buen anarquista- desconfiaba de todas las empresas estatales. Como yo usaba lentes y llevaba cuello y corbata al estilo Eton, padecía las burlas y bravuconadas de la mayoría de mis compañeros, que eran aprendices de matones”, relata en su autobiografía el escritor argentino Jorge Luis Borges.
En Time and Water, documental de la joven directora estadounidense Sara Dosa, la magnificencia de los glaciares de Islandia toman protagonismo a través de la vida de un escritor islandés. Parajes donde el hielo es la vida. ¿Qué podrá hacer el ser humano cuando la naturaleza reviente ante desmanes y le sobrepase? ¿Será el momento en el que naves repletas de carcamales ecocidas y criminales millonarios despeguen rumbo al cosmos donde descubrirán su insignificancia?
¡Fuera líderes que debieran proteger bienes y libertades de sus pueblos! Ningún título o poder autoriza a vender territorios, sanidad, educación y viviendas públicas. ¿Acuerdos sectarios impunes hasta cuándo? Rechazo sin paliativos a negociaciones despóticas con aquello que pertenece a la población como en el actual caso de la geopolíticamente interesante isla albanesa de Sazan, o ¿por qué no citar? Doñana.
Humans Fest mediante su programación ha promovido la reflexión sobre lo que adultos ocasionan a generaciones de niños y niñas y jóvenes. Desaliento, infravaloración, rivalidad, superficialidad, desesperación. ¿Por qué a la juventud luchadora, crítica y reflexiva no se le facilita la herramienta precisa para poder salir del vampírico torbellino donde la seducción por lo inalcanzable y el hedonismo digital les convierte en descalabrados absolutos? ¿Será porque no conviene?
Los mayos de Mar Navarro, Happy hour de Nico Romero y Álvaro Monje, La diva, mi abuela y yo de Inés G. Aparicio, El aspirante de Sam Ortí, Quebrar albores de Adriana Galicia Gillén, Cemento de Gustavo García Sierra, My grandmother is skydriver de Polina Piddubna, Cara de bicicleta de Amaia Nekeran Umaran e Itziar Zorita Agirre, Homing de Elisabeth Atherton y Hansel Rodrigues, Fast rats de Anna Juesas, El segundo de Pedro Miguel Rozo Flores, La premiére marche de Olivier Wright, La fuerza del silencio de Samuel Vela, Els llançols blancs de Alicia Arnau, Proyección de luz de Anet Etxebarria, Porque hoy es sábado de Alice Eça Guimaraes, La desesperació de la pell de Mireia Vilapuig, Tulips de Rhys Prichard, Bajo el polvo, nuestra tierra de Miguel Ángel Herrera, Ishaq de Tuna Kaptan, Château La Belle de Simona Nobile y Gianmarco Serra, Exilis de Dani Reina, Au revoir Kabul de Latifa Sakhizada y Alfredo Lobo, La barbarie de Marco Cano, La caja de Javier Botella, Ultramarino de Maren Zubeldia y Silvia Guglielmotti, ¿Dónde está Samuel? de Jared Katsiane, Eres niño, como yo de Ana Moraleda, Polígono X de Néstor López, Furia de Fran Moreno, El pesebre de Felipe Bibian y El ressò de la mirada de Carles Bover formaron parte del cartel.
En el apartado de bandas sonoras apuntar que estas han salvado bodrios cinematográficos y que otras muchas de estas músicas fenecen junto a la mala película como esclavo faraónico emparedado junto a su amo. Thomas Mann definía el cine como “un espectáculo para el ojo, aderezado con música”. Toda vida tiene música. Las plantas “hablan”, tienen música, los árboles, las aves, cualquier ser vivo genera frecuencias musicales. El miedo, el dolor, los genocidios -como el que Israel comete contra el pueblo palestino- y la pobreza también. Mari Fukuhara, Michal Rataj y Jonas Strick, Dan Deacon han compuesto las músicas de algunas de las películas del Human Fest.
“La música sería el lenguaje ideal de la filosofía, si se pudiera pensar con sonidos en vez de pensar con palabras” diría el filósofo del idealismo alemán Hegel. Para la película “Encuentros en la Tercera Fase” John Williams compondría la legendaria melodía (Re, Mi, Do, Do, Sol) mediante la que se comunicaba la nave extraterrestre con los humanos. ¿Acaso el futuro deparará el colapso de la comunicación oral en favor de otros sistemas más encriptados? Nietzche, también alemán y asimismo filósofo, además de músico, aseveraría que “la música emancipa el espíritu, da alas al pensamiento”.
En la plaza de la Ermita de Orriols (barrio de València) nuevamente la pared del templo sirvió de pantalla, -al aire libre y con palomitas-, se proyectó Little Amélie (Amélie et la métaphysique des tubes) de Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang, un film de animación integrado en el circuito “Menuda Filmo” basado en los avatares infantiles de la mordaz escritora belga, hija de diplomático, Amélie Nothomb.
“Esta es una de las últimas actividades de Humans Fest de este año, me gustaría darle el micrófono a los niños y las niñas”.
En Vermuts Humans: Joventut i Activismes un relevante grupo de jóvenes intervinieron. Gabriela Nuru gestora cultural cofundadora de Uhuru València relataba sus experiencias: “¿Qué eres más negra o mujer? Emi Navarro, animalista y vegano, descubrió en la feria vegana de València que “tres mil animales mueren cada segundo, eso es muy fuerte y muy difícil de asimilar y yo me sentía culpable por eso”. Otra charlante apuntaría: “El enemigo, como lo habéis llamado, es muy inteligente” y sabe “entrar ahí con una mágica solución”.
“No se miente bastante en el cine” sentenciaba el director y crítico de cine francés Eric Rohmer.
¿En los medios de comunicación, se está mintiendo lo suficiente?
Está claro que tanto en el cine como en los medios de comunicación, “una expresión que no interesa no existe”, deciden Jean Claude Carrière y Pascal Bonitzer.
Situaciones espantosas se han guionizado desde las cúspides y nadie se ha enterado, apenas un cincuenta por ciento de la población que, viéndoselas venir finalmente decide por la zona de confort o la incertidumbre donde campan a sus anchas las políticas ultraderechistas valiéndose del acomodaticio engaño de fácil absorción tan convenientes para cerebros atosigados.
“Nunca voto a favor de nadie. Siempre voto en contra” declararía el comediante estadounidense W. Fields. Cualquier gobierno elegido por referendo popular ha de tener bien presente que debe interesar al electorado tal como si se tratase de un público ante cualquier película, cortometraje o documental. Billy Wilder, director de cine y guionista, comentaba poseer diez mandamientos en su carrera cinematográfica, “los nueve primeros dicen: ¡no aburrirás! El décimo: tú tendrás derecho al montaje final de la película”.
Multitud de productores y productoras ya comentaban décadas atrás que en el cine, visto lo visto, y ante cuanto queda por ver: “Lo que funciona, puede ser cualquier cosa, ya no se sabe cómo fabricar un éxito”.








