Esa tarde, la lluvia caía con insistencia, y el ruido de las sendas gotas de agua iban lavando las calles de la ciudad, igual podía borrar el eco de los gritos que aún resonaban en su cabeza. Se encontraba en un pequeño café, el aroma recién hecho hacía un híbrido con el de la lluvia, era un refugio en medio del espectáculo. Vicente miró a través de la ventana, las gotas de agua deslizándose por el espacio y le consultó a su memoria: cómo lo había hecho tantas veces antes, quién mató a aquel, a éste y al otro.
Aquel, el hombre de las historias, el contador de cuentos que llenaba las noches con su voz profunda y melodiosa. Su risa aún resonaba en mi memoria, un eco cálido que parecía burlarse de mi tristeza. No había un alma en el barrio que no lo conociera. Era el corazón de nuestra comunidad, y su asesinato había dejado un vacío que ni el tiempo ni la lluvia podrían llenar.
Este, mi amigo de la infancia, el que siempre tenía una broma lista, que sabía cómo hacerme sonreír cuando todo parecía gris. Su luz se había apagado, y ahora, al mirarme en el espejo del café, podía ver la sombra de su ausencia reflejada en mis propios ojos. La vida continuaba, pero su risa no estaba más, y la ciudad, que un día había vibrado con su energía, ahora parecía un lugar desolado.
Y el otro, un extraño que apenas conocía, pero cuya muerte resonó en mí de una forma inexplicable. Quizás era la forma en que había caído, o cómo los demás se habían vuelto indiferentes, como si su vida no importara. Ese instante, se convertía en un rostro más en la noticia, y un número que se suma a una lista interminable, entonces Vicente le volvió a consultar a su mente: cuántos más tendrían que morir antes que alguien hiciera algo al respecto.
Mientras sorbía su café, un nudo se formó en su estómago. Las preguntas se acumulaban. ¿Quién tenía la culpa? ¿Era la ciudad, el sistema, o simplemente el destino caprichoso que decide a quién le toca vivir y a quién le toca morir? Cada historia, cada vida, se entrelazaba en una red de violencia y desesperanza. Sentía él que se asfixiaba en la angustia de no poder hacer nada. El dichoso tiempo continuaba, no se detenía.
Ese día, el sonido de la puerta del café se abrió de golpe, interrumpiendo los pensamientos de los asistentes. Un hombre entró todo mojada su vestimenta por la senda lluvia que caí a raudales de los cielos, temblando y con los ojos desorbitados. Su mirada recorrió el lugar, como si buscara algo, a alguien. Un escalofrío recorrió la espalda de Vicente. Algo en su expresión decía, que no venía a tomar café, sino que traía consigo una historia que no quería escuchar.
Miró, y en ese instante, se sintió que el aire se volvió denso. Su voz, quebrada y temerosa, rompió el silencio. “¿Han matado a alguien más?”, preguntó, su tono lleno de pánico. En su mirada había un destello de desesperación, como si le pesara el mundo entero.
Vicente respondió con un leve movimiento de cabeza. No sabía si quería compartir su propio dolor, sus propias preguntas. Pero él continuó, su voz temblorosa, “No puedo soportar más, no sé qué hacer.”
En ese momento, se dio cuenta de que no estaba sólo en su dolor. Otros también llevaban su carga, y esa conexión, aunque dolorosa, podría ser un rayo de esperanza en medio de la oscuridad. Quizás, sólo quizás, podríamos encontrar respuestas juntos.
La lluvia seguía cayendo, pero se sentía diferente ahora ya no era solamente un sonido de fondo, sino un latido que resonaba con nuestras angustias compartidas. Y en ese pequeño café, dos almas perdidas o más, quizás podrían encontrar un camino hacia la luz, un hilo que los uniera en medio de tanto sufrimiento. Así, en ese rincón del mundo, comenzamos a hablar y actuar, como que fuese alguien mas u otra persona, pero no es el otro yo, el ser interno psicológico que siempre se desplaza por doquier.
Micro Biografía de Bayardo Quinto Núñez. (Bayquinú) Ha publicado veintiocho (28) Libros: Ensayos; Opiniones Diversas; Pohemas; Cuentos; Relatos; Minicuentos; Novelas Cortas; y tiene varios libros escritos inéditos, y otros que va escribiendo, los cuales en su momento si hay oportunidad saldrán a la luz pública, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales; Abogado y Notario Público; Instructor Deportivo en Baloncesto, Escritor; Pintor; Estudio Siempre Música en las disciplinas: Piano, Violín, y Flauta Dulce; Artesano del Calzado, y/o Zapatero Alistador, y tras su ardua experiencia en medios escritos de gran trayectoria en Nicaragua, como ¡El Nuevo Diario; Diario La Prensa y Columnista Internacional! Nicaragüense.- Correo: tac_tictac@yahoo.com
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