29 de octubre estación Joaquín Sorolla Valencia. Es otro caos ferroviario que no tiene que ver con la catástrofe del 28 de octubre de Urda (Toledo).
Es el día después…con una inmensa tristeza, un duelo compartido, masivo, por algo que nunca debería pasar. Cientos de pasajeros silenciosos esperando horas en un tren que nunca venia. Todos estamos con un sentimiento de impotencia mezclado con rabia. El cuento de la avería, el problema, la demora, la cancelación. Luego es también un día de huelga de los maquinistas. Un conjunto de circunstancias haciendo que la prevención de la seguridad sea una broma de muy mal gusto.
Son muchas historias de trenes con tan poco tiempo. Todos estamos aquí mirando los escasos anuncios de la información. Pero no era el día, era poca cosa ponerse nervioso comparando con los familiares de los trenes que chocaron esperando para siempre un ser querido que nunca volvieron a ver. Todos sin necesidad de hablar pensamos lo mismo. Era demoledor el ambiente de la sala de espera.
Los móviles y la IA te cuentan más que los carteles de información de la estación. Es definitivo el adelantamiento tecnológico.
El móvil es tu herramienta indispensable ahora para seguir el mundo tan trepidante de hoy.
Es un error humano insisten en decirnos los políticos como si los trenes de alta velocidad dependen de un operario. Parecen más bien los tiempos de las locomotoras con vapor. Vaya tela nos cuentan. Se olvidan que el 30% de los españoles adultos tienen un título universitario. Tomarnos el pelo empieza a molestar.
Tres horas de abrazo suplementarias para finalmente ver el tren salir de la estación dirección Madrid. Minutos después anunciaron la cancelación de todos los trenes de la compañía Ouigo hasta el lunes 3 de Noviembre. Hay también que reprogramar la vuelta para el martes. Más teclado y disgusto amplificado.
Todos estos días, es un infierno de tertulias televisivas, radio, prensa. Que si dimite el ministro, que no dimite, cada uno con sus teorías de cómo paso, que no paso, que las inversiones, el mantenimiento, las ambulancias, el Rey, el Presidente, el CECOPI con sus reuniones, el despliegue de políticos y especialistas técnicos, de salvamento, el relato de los testigos, el cura y las lágrimas. El silencio de los muertos. Momentos de profundas y sinceras emociones.
Los del campo también, gente cuerda, respetuosa anularon su huelga ese maldito día. Una tractorada para gritar su desesperación economica. Los que nos dan de comer en los supermercados por respeto. Todo un símbolo de fracaso político. Otro más.
Urda, lugar del accidente. Todo un pueblo entregado para ayudar, un ejemplo tan simple como conmovedor. Testigos de una masacre en frente de una tranquila y hermosa campiña. Una entrega sin condiciones, sin trampas, sin amaño y especulaciones. Gente sana sin maldades. No manejan miles de millones pero sin dinero en los bolsillos ayudaron a su próximo sin demandar nada en retorno. Un altruismo ejemplar. Gracias Urda por su ejemplo.
La rabia toma el mando de mi mente estos días. No es incompetencia de que se trata. Tampoco la buena voluntad de varios miles de empleados ferroviarios.
Es el colapso de todo un sistema de pensamiento.
Hay ejemplos a raudales pero los últimos acontecimientos son como si te mandaban flechas en el corazón. Duele porque te quitan vidas inocentes. Podría ser tu en cualquier momento. Una ruleta rusa insoportable.
El centro del desastre a mí juicio es una vil cuestión de dinero. Maldito dinero. Oscuras intenciones en los despachos. Cálculos de rentabilidad, de repartición y de prácticas debajo de la mesa. La desigualdad institucional intencionada. Usando la probabilidad de accidentes como un asunto reducido de gestión de las emociones por algunos días. Las estadísticas no mienten. Una variable con su orden esperado alterado por una alta frecuencia de desastres. Poniendo a descubierto la mascarada, las mentiras y los engaños.
Si faltan asientos, metemos dos pisos en los vagones, aumentamos las frecuencias, disminuimos el espacio para las maletas, si los horarios no se respetan no pasa nada. Los pasajeros como carne de cañón, transformada en un objeto comercial proveedores de beneficios. Su confort es cada vez más amputado a dosis pequeñas para terminar sin un banco en las estaciones para esperar un tren que nunca llega.
España la lió gordo con su arrogancia de modernismo con dinero prestado. Es vivir en una mansión pero luego sin dinero para mantenerla. Pasan los años, es peor la decadencia. Autopistas, educación, vivienda, transición digital, justicia etc. La catástrofe te despierta con el caos amplificado. De repente el enfado de la juventud en todo el mundo toma más sentido. Entonces el progreso de tanto hablar no llega. Nos vamos todos peor.
Algo va mal. Este accidente es como apretar un botón. El clic que va despiertar un cambio definitivo.
Viene tiempos de reflexión y acciones. Basta ya. El pueblo sabrá mejor que hacer.
No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de equilibrios.
Ahora todo está patas arriba. La banca con beneficios extraordinarios, la gasolina, el gas, la electricidad por las nubes porque si. La generación eléctrica tuvo otro desastre con un apagón monumental. La inflación está creciendo. Toda una parte de los actores de la economía se forran sin piedad mientras el pueblo está pagando todo. El equilibrio se rompió. Es intencional, visible e insoportable. La exageración está en el poder. No puede funcionar así. Por el momento no hay un movimiento político para escuchar al pueblo. Tomar una buena ducha, hacerse un buen corte de pelos, comprar ropa nueva, zapatillas para correr. Renovar el vestuario con una talla menos. Trabajar duro cada día, cada uno en su sitio. Una casa con méritos y cada cosa en su lugar. Una cadena de competencias para anclar una sociedad harmónica. Una nave inmensa donde todos tenemos un sitio seguro con respecto. El marinero duerme en su cabina, come de la misma cocina. El mantel blanco del capitán no cambia el gusto del plato.
Quizás es una ilusión. El diablo también existe. Se manifiesta con muchas frecuencias. La promoción del odio, la desigualdad, las guerras etc.
Movilizarse para demostrar que el bien es superior.
Solo lo puede hacer un pueblo unido. Es justamente lo que no quieren los políticos. La próxima huelga general es un día extraordinario de estos, esperanza para una nueva etapa más ética, entusiasmarte. Provocar el buen plan.
- Viva la vida.
Guarda esta noticia en Mi Panel
Añádela a tus favoritos para encontrarla después en tu espacio privado de lector.
Inicia sesión para guardar en favoritos








