La reciente sucesión de concursos de acreedores en la industria del calzado, que se extiende por el eje Elche–Elda–Alt Vinalopó, ha vuelto a encender todas las alarmas en una comarca que durante décadas fue símbolo Internacional del calzado español y que hoy afronta una fragilidad estructural cada vez más evidente.
En los últimos meses, los Juzgados mercantiles han registrado nuevos procedimientos concursales que afectan tanto a fabricantes como a empresas auxiliares del sector. El impacto social es visible: aumento de locales vacíos, naves cerradas y una creciente sensación de desgaste en el tejido productivo.
Un afiliado de Ciudadanos de Elda lo resumía con crudeza:
“Qué bonito queda una calle boulevard en la Mejor Calzada y su certamen regalando zapatos, o la visita institucional que deja el polígono impoluto para la ocasión. Pero el resto del año, el polígono está en estado lamentable. Ya no es Elda, París y Londres; es Elda: se alquila, se traspasa y se vende.”
Un pasado industrial que aún marca el presente
La historia reciente del sector no puede entenderse sin recordar la huelga del calzado de 1977, conocida como el Movimiento Asambleario, que paralizó la producción durante casi dos semanas y tuvo en Elda su epicentro. Aquel conflicto, nacido desde asambleas de base en un contexto de transición política y precariedad laboral, sigue siendo hoy objeto de interpretaciones diversas: símbolo de dignidad obrera para unos; tensión mal gestionada para otros.
Años después, otro punto de inflexión fue la desaparición de la Feria Internacional del Calzado e Industrias Afines (FICIA), celebrada en Elda entre 1960 y 1991 y considerada la primera gran feria sectorial del país. FICIA impulsó exportaciones y consolidó la marca Elda como capital del calzado. Su pérdida y el desplazamiento del gran escaparate sectorial hacia otras infraestructuras provinciales siguen siendo, para muchos, una oportunidad estratégica que no se supo preservar.
Decisiones acumuladas y debilidades estructurales
A lo largo de décadas, la tardanza en disponer de suelo industrial bien planificado, el diseño deficiente de algunos polígonos —con carencias logísticas, viales inadecuados y falta de servicios— y la ausencia de una diversificación productiva real han ido erosionando la competitividad del territorio.
No puede señalarse a un único responsable ni a una sola etapa política. La situación actual es consecuencia de una sucesión de decisiones que, durante distintos gobiernos municipales —tanto del PSOE como del PP— no alteraron de forma sustancial el rumbo industrial ni consolidaron una estrategia territorial ambiciosa y sostenida en el tiempo.
Al mismo tiempo, se ha instalado en amplios sectores sociales y empresariales la percepción de que determinadas decisiones estratégicas a nivel provincial han favorecido la concentración de infraestructuras e inversiones en las dos grandes ciudades de la provincia, relegando al eje Elda–Vinalopó a un segundo plano. Más allá del debate político, lo cierto es que el sentimiento de desequilibrio territorial forma parte ya del diagnóstico social de la comarca.
La Mancomunidad: una herramienta infrautilizada
Desde 1973, la Mancomunidad Intermunicipal del Valle del Vinalopó, integrada por Elda, Petrer, Monóvar y Sax, existe como entidad supramunicipal para gestionar intereses comunes. Sin embargo, muchos sectores consideran que esta institución no llegó a convertirse en la herramienta estratégica que podría haber sido para la planificación conjunta de suelo industrial y la creación de nuevos espacios productivos capaces de generar Empleo comarcal.
Escándalo en Les Naus de Alicante: El l…Más allá de la cooperación en servicios compartidos, la Mancomunidad no lideró un proyecto industrial supramunicipal que evitara duplicidades o rivalidades entre municipios y potenciara una oferta territorial coordinada y competitiva. En un contexto de competencia global, la fragmentación ha pesado más que la cooperación estratégica.
Símbolos frente a realidad
Iniciativas como el Museo del Calzado, el certamen “Mejor Calzada de España” o la glorieta “Elda–París–Londres” mantienen viva la memoria de un pasado brillante. Son símbolos legítimos de orgullo colectivo. Pero conviven con una realidad más áspera: concursos reiterados, liquidaciones, trabajadores pendientes de indemnizaciones y un ecosistema empresarial cada vez más reducido.
La pregunta pendiente
La cuestión de fondo no es únicamente analizar el pasado, sino decidir si existe voluntad institucional real para redefinir un proyecto industrial moderno, diversificado y adaptado a los desafíos actuales.
La comarca necesita planificación estratégica, cooperación supramunicipal efectiva, infraestructuras competitivas y una política territorial equilibrada que permita recuperar empleo y confianza.
Mientras tanto, las persianas siguen bajándose, una a una, en la que fue cuna del calzado español.
- Pepe Poveda
- Coordinador de la Provincia de Alicante y Secretario Autonómico de Organización de Ciudadanos

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