ENTREVISTA: María Elcy Ramírez y el encanto colorido de su obra

Queridos amigos planetarios:

Hoy tengo el privilegio de presentarles a una excelente artista, una mujer a quien admiro profundamente, no solo por su trayectoria, sino por la humanidad que habita en ella. Me refiero a la artista plástica María Elcy Ramírez Cuartas, nacida el 24 de julio de 1954 en el municipio de Sevilla, Valle del Cauca, Colombia.

Ella recuerda sus orígenes y el ambiente en que creció: “Mis padres fueron Miguel Antonio Ramírez Guarín, labriego de sueños montañeros y caficultor de profesión, y mi madre, Estefanía Cuartas Gallego, modista de oficio; mientras trabajaba cantaba y escribía versos. Fue allí donde nació mi inspiración: en un ambiente cálido, tranquilo y amoroso donde manos dignas y juiciosas me enseñaron el valor del trabajo honesto. Sevilla, mi solar nativo, me permitió vivir la adolescencia entre lo barrial y lo veredal, en San Antonio”.

Crecer y vivir en lo rural siempre será un ambiente inspirador, y aún más para quienes se dedican al arte. Nuestra entrevistada añade: “Crecer entre paisajes cafeteros, atardeceres y amaneceres que solo Sevilla posee; disfrutar de las costumbres y la cotidianidad de mi gente campesina forjó mi alma y mi proyecto artístico. Mi obra le canta a la naturaleza para agradecer a Dios el regalo de la creación, y a mi descendencia, que represento en cinco pajaritos danzantes en medio de los paisajes. Esta conexión tan profunda y espiritual con el paisaje se vuelve melodía, alabanza, oración: un acto de amor y gratitud que es el mejor regalo para los sentidos. Lo tomo como fondo de la escena principal de mis obras, enfocadas en rendir homenaje a los oficios del pasado que se niegan a desaparecer. Oficios que hicieron historia, civilización e idiosincrasia; maneras de ser y de pensar con una carga de arte y tradición que constituían las raíces más profundas de los pueblos y su identidad”.

El estilo artístico de Elcy es costumbrista y figurativo, y aborda temáticas diversas, destacando asuntos sociales y la madre naturaleza. Desde estas líneas aprovecho para extenderle mis sinceras felicitaciones a la señora María Elcy, por su valioso trabajo los invito a conocer más de esta artista sudamericana, cuya obra artística es, sin duda, brillante, es un verdadero honor poder compartirles con ustedes amigos lectores esta entrevista. En esta amena charla hablamos de sus influencias y de los temas que aborda, además al final comparte una reflexión y un mensaje dirigido a los jóvenes que aspiran a ser artistas plásticos.

Entrevista:

¿Qué recuerdos constantes guarda de su tierra natal Sevilla en el Departamento del Valle del Cauca?

Es imposible olvidar aquellos lugares donde amamos tanto la vida. Allí estaba la familia unida: mi padre, Miguel Antonio, campesino, labriego de sueños, que cuidaba la tierrita para darnos el sustento.

A mi madre la recuerdo amorosa y responsable, apoyando a mi padre y cuidando la casa mientras ejercía su oficio de modista. En ese ambiente familiar, sencillo y tranquilo, se respiraba la frescura del clima sevillano: la niebla acariciando las montañas cafeteras, el verdor de los cultivos florecidos, la música y los nobles campesinos en sus labores.

¿Cuántos años tenía cuando descubrió su vocación por las artes plásticas?

No sé cómo ni cuándo comenzó mi vocación por pintar… sólo puedo decir que siempre me acompañó una sensibilidad profunda por la belleza del color, su armonía en la naturaleza y el goce que me producía palpar tan de cerca, en la finca de mi padre, el canto de los pájaros, el olor de la guayaba madura, el aroma del café recién tostado y mi gente campesina cuidando con tanto amor la tierra. Esos sentimientos tan puros se convirtieron en un deseo interior, una chispa de emociones que de alguna manera tenía que expresar; desde muy joven empecé a pintar.

¿De qué manera influyó en su obra haber crecido entre paisajes coloridos y naturales como los de su pueblo?

Con orgullo puedo decir que Sevilla fue declarada por la UNESCO «Paisaje Cultural Cafetero Patrimonio de la Humanidad» en junio de 2011. Sevilla también es la «Capital Cafetera de Colombia».

Siento que esa relación con la tierra, su generosa biodiversidad, el aire puro, la temperatura promedio de 20 grados centígrados, la vida sencilla, la dignidad y sabiduría de mis campesinos y tanta belleza natural hicieron que el paisaje fuera recurrente en mi obra y luz soñadora para mis sentidos. Regresar a la sencillez de la naturaleza y a su armonía es lo que más me inspira.

Su madre era apasionada por la música y la poesía. ¿Qué opinaba ella de sus primeros trabajos artísticos?

Se emocionaba muchísimo. Ella también fue modista, un ser humano lleno de nobleza y ternura, con una sensibilidad tan genuina que, sin darse cuenta, fue la inspiración de sus hijos. Su amor incondicional, su paciencia y sabiduría fortalecieron nuestras ilusiones, y así fue como cada uno de sus cuatro hijos fue logrando sus metas.

Mi hermano mayor, siendo joven, incursionó en teatro; también es poeta y un destacado gestor cultural. Mi hermana Amanda es melómana. Aldemar es escritor y poeta, con énfasis en poesía zen.

¿En qué consiste su proyecto artístico “Homenaje a los oficios del pasado que se niegan a desaparecer”?

Mi proyecto artístico es poético, sencillo y humano, donde los protagonistas son artesanos: personas que trabajan con sus manos, mente y corazón para regalarnos piezas de arte únicas.

De nuestros campesinos exalto su resiliencia para mantener viva la biodiversidad, cuidar el medio ambiente y no dejar morir saberes ancestrales en la cultura alimentaria, el cuidado del agua y técnicas sencillas de siembra, forjando el futuro alimentario en cada semilla y en cada árbol que plantan.

En general, hace un homenaje a oficios tradicionales del pasado que hoy persisten con dificultad, resistiendo la automatización de la vida moderna. Oficios que hicieron historia, identidad y espíritu de lucha, formando parte de nuestra memoria colectiva; son los hilos que tejieron la estructura social de nuestros pueblos.

Recordemos al alfarero: sus manos de seda no sólo moldeaban objetos, sino también la tierra misma.

El cantero, con su amorosa fuerza, domó la piedra y es hoy testimonio de la arquitectura antigua.

Y así tantos otros oficios: el zapatero, el carpintero, la modista… fiel ejemplo de ingenio, paciencia y fortaleza.

En sus obras el color verde aparece con frecuencia. ¿A qué se debe esta elección cromática?

Amo el color en toda su expresión; en realidad es quien organiza mis ideas. El color verde, en especial, por ser el más vibrante y símbolo de vida pura en la naturaleza, transmite equilibrio, frescura, calma y serenidad. También lo concibo como un acto de resistencia, con la ilusión y añoranza de tener nuevos frutos de la tierra.

Siento una conexión espiritual muy fuerte con la naturaleza; observarla en silencio me permite sentir la presencia de Dios en tanta belleza y la paz profunda que me transmite: ver un amanecer, el sol saliendo por el oriente, el ocaso de un atardecer, una florecita brotando en mi jardín, el canto de los pájaros.

Así, los paisajes en mi obra se vuelven melodía y oración, una alabanza a Dios, nuestro Padre, como acto de amor y gratitud por la belleza de la creación, que es el mejor regalo para nuestros sentidos.

En estos paisajes también represento a mi descendencia con cinco pajaritos.

¿Cuáles son las principales temáticas que aborda en su obra?

Mi obra expresa recuerdos y vivencias que tocaron mi sensibilidad desde muy niña; trato de abordar sentimientos de gratitud y admiración hacia los campesinos y hacia todos los que realizan un oficio con sus manos.

También abordo temas ecológicos, haciendo un llamado urgente al cuidado del medio ambiente y aprovechando la estética del arte como herramienta para sensibilizarnos sobre los efectos del calentamiento global, que altera el equilibrio de nuestra madre tierra: hogar, refugio humano y albergue de ecosistemas y especies fundamentales para el desarrollo de la vida. El agua es un recurso vital de la existencia.

Tampoco he sido ajena a la deshumanización de la guerra, los desplazamientos forzados y el sufrimiento de madres y niños víctimas del conflicto armado en Colombia y en el mundo; dejo un registro para la memoria como un grito de solidaridad, resistencia y denuncia, cuestionando el silencio social y lo absurdo de la guerra.

¿Cómo artista empírica ha enfrentado rechazo por parte de otros artistas?

Personalmente no he sentido rechazo alguno. Pero sí es bueno recordar el rechazo que sufrió la mujer a lo largo de la historia y las luchas silenciosas de mujeres valientes que salieron a las calles a reclamar justicia, cuando ni siquiera podían ir a la universidad, mucho menos participar en política, ejercer cargos públicos o expresarse sin miedo como artistas.

Aquí en Colombia, después de muchas luchas, la mujer ejerció su derecho al voto en 1957. Durante siglos muchas mujeres artistas fueron invisibilizadas en la historia del arte por irreverentes y audaces; muchos años —incluso siglos— después podemos hablar de ellas para reescribir la historia.

No muy lejos tenemos a la colombiana Débora Arango (1907–2005), pionera del expresionismo, reconocida por retratar la marginación social de su época; pintó desnudos, prostitutas y acontecimientos de la violencia colombiana que le tocó vivir. Por eso su obra tiene tanto peso: mostró de manera cruda y descarnada esa realidad política. Incomodó tanto que muchas veces retiraron sus obras de exposiciones en Colombia y en Madrid. Su reconocimiento llegó tardío; hoy se consolida como la pintora más importante de la historia del arte colombiano, símbolo de rebeldía y talento crítico.

¿Qué artistas considera que han influido en su trabajo?

Ricardo Gómez Campuzano (1891–1981), bogotano, reconocido como el cantor del paisaje colombiano. Se educó en España y fue influenciado por Sorolla y Dalí, desarrollando su obra entre la vanguardia impresionista y el paisajismo tradicional.

Jean-François Millet (1814–1875), pintor realista del siglo XIX, hijo de campesinos; su pintura realista con toques socialistas, que retrataba la inocencia del hombre campesino, inspiró a grandes artistas. También admiro mucho a Vincent van Gogh y Claude Monet.

¿Qué significado tiene para usted exponer su obra en espacios públicos y en distintas ciudades?

Durante muchos años pinté por disfrute y no me inquietaba la idea de exponer, pero mis amigos me animaban constantemente. De un momento a otro surgieron muchas invitaciones, nacionales e internacionales, y de manera virtual he recibido valiosos reconocimientos que me han permitido medir cómo reaccionan distintas culturas y críticos de arte en cada espacio.

En mis exposiciones presenciales me encanta ver ese diálogo silencioso entre la obra colgada en la pared y la mirada del público, sus gestos de asombro y reflexión. Me emociona sentirlo como un premio a mi trabajo; eso es lo que retroalimenta al artista para seguir con el entusiasmo y la pasión que lo caracterizan.

¿Qué mensaje desea compartir con los jóvenes que están comenzando su camino en las artes plásticas?

Les diría que el arte es una especie de catarsis y expresión personal: que pinten lo que les emociona, lo que les haga felices o lo que les duela. Que pinten con libertad y, sobre todo, con honestidad. Que la pasión y el amor son nuestro motor más importante, acompañados de la observación constante y la pérdida del miedo a equivocarnos.

También les diría que la belleza de nuestros paisajes y la naturaleza es la maestra más completa que tenemos y está a nuestro alcance permanentemente. Observándola aprendemos sobre composición, armonía del color, texturas, luz y sombra. Y de paso le damos gracias a Dios por el regalo de la creación.

  • El entrevistador es escritor nicaragüense radicado en Costa Rica.
  • Contacto: carlosjavierjarquin2690@yahoo.es

Author

  • Carlos Javier Jarquin DSAlicante

    Mi nombre es Carlos Javier Jarquín escritor, poeta, gestor cultural y articulista nicaragüense radicado en Costa Rica. Mi pasión por las letras y el arte me ha llevado a explorar diversos formatos, incluyendo la escritura de artículos de opinión, reseñas y entrevistas

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Carlos Javier

Mi nombre es Carlos Javier Jarquín escritor, poeta, gestor cultural y articulista nicaragüense radicado en Costa Rica. Mi pasión por las letras y el arte me ha llevado a explorar diversos formatos, incluyendo la escritura de artículos de opinión, reseñas y entrevistas

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