“No es ciencia ficción ni es fantástico, es una novela policíaca realista que introduce conceptos de la física cuántica en relación con los comportamientos de los personajes”. Pedro Uris, escritor y director de cine, en la Casa de la Ciencia CSIC València, presenta su última criatura una novela titulada “La interpretación de Copenhague”, sexta de su producción y la tercera en solitario.
Que “¿por qué surgió la idea?”. Que “¿por qué esto de la física cuántica?”. Sin duda es otro fogonazo de la pluridisciplinaria mente creadora de Uris, aliada para la ocasión, con la mecánica cuántica.
¿Sátira social y desafío de la lógica convencional ciñendo el thriller? “Lo fundamental son la historia y los personajes”, afirma el escritor quien desata pasiones adentrándose en zonas oscuras hilando secuencias. Cualquiera de los protagonistas vive el límite circunstancial, sin patrones, sólo movimiento argumental que rebota por localizaciones como canica desbocada.
Isaac Asimov, escritor de obras de divulgación científica, especificaría que “en el reino más temporal de las literaturas especializadas, el escritor halla su inspiración en el mundo presente o el pasado, más o menos estilizado”.
“Anterior a esta he hecho tres novelas escritas en colaboración con un biólogo, Daniel Ramón (“La fracción china”, “El síndrome de Herodes” y “Maná”; Ramón es miembro del Consejo Rector del Consejo Superior de Investigaciones Científicas)”. Tal coautoría hace posible su vinculación con la Casa de la Ciencia. Tres novelas que “tenían la biología en el fondo de su trama, de sus intenciones”. Para “La interpretación de Copenhage”, Uris admite haber contado que “con la ayuda inestimable e imprescindible de un amigo que es físico teórico, Jesús Navarro (investigador nuclear y líquidos cuánticos)”.
Al igual que en las anteriores, esta novela logra de mil amores que el placer lector vaya de la mano con la ciencia. “Ejerce de divulgación de la mecánica cuántica de la misma manera que lo hicimos con la biología”.
¿Un thriller holográfico donde cada párrafo contiene información primordial para el desarrollo general al igual que cada célula humana almacena información de todo el cuerpo?
Alan Vaughan, licenciado en griego y latín, experto en fenómeno psíquicos ajustaría que “cuando los físicos hablan de ilusión se refieren a la ilusión verdadera, que no debe confundirse con la de los magos de los teatros”. Dado lo cual, ¿se puede llamar éxito al forzar la macro distribución y posterior lectura de premios amañados por emporios editoriales para alcanzar el estrellato? Uris, rara avis, logra el éxito por sí mismo, ficcionando con el cuerpo literario preciso, en esta ocasión planteando inteligentemente malabarismos de experiencias, coincidencias increíbles y pensamiento científico, jugando con las cartas de la casualidad más increíble. Ingredientes que escrupulosamente combinados en el vaso mezclador de su imaginación logran, con igual arte, dominio, pericia y exactitud de un bartender de alta calidad, elaborar algo tan difícil como el Ramos Gin Fizz (cóctel denominado “The one and only one”/el único e inigualable) un deleite que precisa paciencia y nervio.
¿Qué es “La interpretación de Copenhague”? ¿De qué trata?
“Un veterano y marginado periodista recibe, en su redacción de Madrid, la visita de un lunático que le alerta de un complot para desatar el caos cuántico en el mundo (“debido al caos cuántico, tampoco sería fácil repetir una buena tirada en un pinball –milloncete- cuántico. En poco tiempo la bola estaría en todas partes a la vez y emergería en un lugar diferente, de forma aleatoria, en cada observación”, detalla Armando Relaño Pérez Doctor por la Universidad Complutense de Madrid). La historia carece de sentido, pero ese hombre le proporciona una prueba: existen dos personas que acaban de morir entrelazadas cuánticamente, una en Copenhague (Dinamarca) y la otra en Jaca (Huesca-España), Ambas han sido asesinadas con la misma arma y al mismo tiempo a pesar de estar separadas por más de mil kilómetros. La comisaria al frente de la policía de Jaca se ocupa de este caso y reclama la colaboración de un policía de leyenda que acaban de enviarle desde Madrid, un inspector de la UDYCO (Unidad de Droga y Crimen Organizado), que pretende purgar en ese exilio una culpa que nadie conoce y nadie le reclama. En la investigación no sólo se enfrentaran a una trama todavía más siniestra, sino que descubrirán que nadie puede escapar para siempre de las incertidumbres del mundo subatómico (donde campa el libre albedrío de sus partículas, por cierto, diminutas)”.
¿Uris plantea cosas?
Sin duda.
¿Aleccionar en análisis y criterio a lectoras y lectores mediante maquinaciones, giros, subterfugios y escarmientos? ¿Por qué no? Ciertamente quien escribe la historia manda, ¿o por el contrario quien manda escribe la historia?
¿Lograrán personas versadas activar el despertador del discernimiento ante la comodidad de asumir la memez galopante como enseña propia?
Tomás Moro jurista y escritor londinense, escribiría en el siglo dieciséis Utopía (su título original es: Librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía) obra con la que quiso fustigar a la sociedad de su tiempo utilizando de personaje central a una colectividad ficticia que le dijese las verdades del barquero a dicha comunidad.
Pero, ¿qué ha buscado Uris en su interno literario con tan suculenta novela? Algo muy noble para cualquier escritor o escritora incorruptible; ni más ni menos “que los personajes tengan una entidad grande, sean atractivos, que tengan un arco dramático potente, que el lector se sienta involucrado, sobre todo en los temas morales y éticos que plantea, ese es un poquito el mensaje”.
La fluidez de este escape thriller mediante resortes desconocidos, ¿podría activar cerebros digitalizados ante dilemas a los que “cada uno se responda a sí mismo como hubiera reaccionado, como actuaría en esas situaciones”?
“Esa es la gran apuesta”.
Encuentros eventuales no lo son si la maquinación es intrínseca al elenco mientras simultáneamente cada personaje fluye del resto.
Madrid, Dublín, Ginebra, París y la aldea oscense de Sinuès, con apenas medio centenar de habitantes- conforman el itinerario novelado. “Viajo para documentarme o, -por el contrario-, escribo para tener una excusa para viajar” comenta Uris.
“Esto de la física cuántica tiene un fundamento que es anti-intuición” algo por lo que cualquier análisis tildado de experto debiera guiarse arrinconando suposiciones y entelequias por muy togadas y mucha puñeta que las respalden. Es hora de controlar cicateros supuestos y fanáticos arrebatos disfrazados de docta corazonada. De hecho, “esa intuición se rompe en el mundo subatómico que es el que opera la física cuántica”, vía por la que circula la evolución.
“¡Bueno! pues este misterio que es la física cuántica yo lo veía como la esencia de la ficción”, dice Uris, lanzándose a “lo misterioso, lo que no se puede comprender, con los personajes, el argumento, los sentimientos del alma humana y todo esto” en zafarrancho de combate.
Establecería el físico danés Niels Bohr, -tal como bloguea Uris-, que “no podemos saber lo que hace un fotón durante su viaje entre el punto de salida y el punto en que es registrado”. Si el medirlo lo substancia, ¿cuándo se substanciará el “Mazón a prisión” ya que la medida de su criminal actuación está acreditada? ¿Se sabrá dónde estuvo el ex presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, la terrible fecha del veintinueve de octubre de dos mil veinticuatro durante la DANA mientras la población moría asfixiada, con barro en los pulmones, al no ser avisada de la avalancha mortal?
“Los personajes de esta historia pertenecen, claro está, al mundo macroscópico (que se ve a simple vista) y, como tales, creen gozar de las certezas que les proporciona la física clásica (arriba, abajo, dentro, fuera, lejos, cerca…)”, apunta Uris. ¿Qué pasa cuando esto se trastoca?
Pedro Uris como director de cine cuenta con títulos como: “El hombre que pudo filmar”, protagonizada por su amigo y correligionario cineasta Antonio Llorens con quien también realizaría: “Una historia de otro tiempo”, “El misterio de los cines desaparecidos” y “Un mundo de ilusión”. Ambos, junto al doctor en Comunicación Audiovisual, Javier G. Tarín, en mil novecientos setenta y uno, dirigirían otra joya del cine independiente valenciano: “Jonás”.
Fue durante el homenaje a Llorens por parte de la Academia Valenciana del Audiovisual y la Filmoteca Valenciana, donde se proyectó en primicia la obra póstuma de Llorens: “Los últimos días de Pompeyo”, protagonizada por el actor y escritor Paco Algora, medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos, en la calidad de mejor actor, por Tocata y fuga de Lolita. Uris, en el evento cultural, declararía recordando a Llorens: “Éramos compañeros de clase en un colegio privado religioso, la huella de esa convivencia sigue ahí, una amistad que ha durado toda la vida vehiculada por la Cartelera Turia, compartimos piso de esos de entonces”, un tiempo de juventud en el que “te acostabas cuando te acostabas y te levantabas apresurado porque teníamos que ir al banco a trabajar”, pero “la vida te separa”. Uris asevera que tanto él como su amigo han logrado “vivir la vida como hemos querido”.
Con “Los últimos días de Pompeyo” Llorens “dejó un buen legado sin acabar” y cuando “me di cuenta de que Antonio iba a desaparecer y no lo iba a ver”, movimos cielo y tierra para producir el film, finalmente, al proyectarlo, Antonio, enmudecido por la enfermedad, logró articular un frágil “muy bien”.
“Las ausencias hacen que veas la vida de otra manera”.
Bing Bang Morea”, “Contigo”, “El caso de Marcos Rivera”, “Satán café”, “Cuenta atrás” y “El rugido de las ratas” son otras de sus películas mientras que en lo literario nacieron: “La víctima incierta”, “Cita con la eternidad”, “360 grados en torno al cine político” y “Alucinema”: las drogas en el cine”. Con Llorens Uris guionizaría: “Silvana Mangano. Del baión al teorema” y “Miles de metros: a propósito de Pablo Núñez”.
En su faceta de director teatral cuenta con obras como “La reunión” y “La porta del barri” de la que también es autor: -“Todo esto lo iban a tirar para construir una gran avenida. Los vecinos han plantado cara y esto no se tira, se queda”, declama el actor de teatro, cine y televisión Joan Verdú en la pieza.
Max Gunther, periodista inglés y autor de The Luck Factor (El factor suerte), relatando su imprevisible experiencia laboral en la revista de noticias estadounidense Time y la de convertirse en escritor, manifestaría: “Sucedió que estuve en la esquina apropiada en el momento apropiado en que encontré a la persona apropiada que me ofreció el trabajo apropiado, todo lo cual cambió mi vida”. ¿Sincronicidad cuántica?

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