El hombre, de 45 años, aseguró a la Policía Nacional que había sido atacado dentro de la empresa y que el asaltante le había propinado varios pinchazos en el abdomen antes de llevarse el dinero de la caja fuerte. Las contradicciones en su relato y el carácter superficial de las heridas hicieron sospechar a los investigadores.
Lo que inicialmente parecía un violento atraco cometido a primera hora de la mañana dentro de una empresa de Alicante terminó dando un giro completo durante la investigación.
La Policía Nacional ha detenido a un gerente de 45 años como presunto autor de los delitos de simulación de delito y apropiación indebida después de concluir que el robo con violencia que había denunciado no habría ocurrido como él mismo relató.
El hombre aseguró que un desconocido había entrado en las instalaciones de la empresa cuando se encontraba solo, le había amenazado con un objeto punzante y, después de que se negara a entregar el dinero, le había provocado entre cuatro y cinco heridas en el abdomen y un golpe en la cabeza.
Según su versión, el supuesto ladrón aprovechó entonces para acceder al despacho y llevarse un sobre con 6.500 euros en efectivo que se encontraba dentro de una caja fuerte cuya puerta estaba entreabierta.
El relato provocó inicialmente la movilización de los servicios de emergencia y abrió una investigación policial.
Pero había detalles que no terminaban de encajar.
El gerente aseguró que había sido atacado a las seis de la mañana
Según la denuncia presentada por el ahora detenido, el supuesto asalto ocurrió poco después de las 06:00 horas.
El hombre explicó que se encontraba solo en la nave cuando apareció el presunto atracador.
El desconocido, según su versión, le exigió el dinero de la caja mientras le amenazaba con un objeto punzante.
El gerente aseguró haberse negado.
Fue entonces cuando, siempre según el relato que proporcionó inicialmente a los agentes, el asaltante le habría propinado entre cuatro y cinco pinchazos en el abdomen y posteriormente un golpe en la cabeza que lo dejó aturdido.
El supuesto ladrón habría aprovechado ese momento para entrar en el despacho.
Allí encontró la caja fuerte entreabierta y sustrajo un sobre que contenía aproximadamente 6.500 euros en efectivo.
Después del supuesto ataque, el gerente pidió ayuda en un establecimiento próximo. Desde allí se alertó a los servicios de emergencia.
Policía Nacional y servicios sanitarios acudieron al lugar y el hombre recibió una primera asistencia antes de ser atendido posteriormente en un centro hospitalario.
Hasta ese momento, los hechos tenían todos los elementos aparentes de un robo con violencia.
Una víctima herida.
Un supuesto atacante armado.
Miles de euros desaparecidos.
Y un asalto cometido aprovechando que no había otros trabajadores presentes.
Sin embargo, cuando los agentes de la Comisaría del Distrito Centro de Alicante comenzaron a reconstruir lo ocurrido, aparecieron las primeras contradicciones.
La hora del supuesto atraco hizo sospechar a la Policía
Uno de los detalles que llamó la atención de los investigadores fue precisamente la hora.
El gerente situó el asalto poco después de las seis de la mañana.
El problema era que no acostumbraba a acudir a trabajar tan temprano.
Los investigadores comprobaron que su jornada laboral comenzaba normalmente entre las 07:00 y las 08:00 horas, aunque no disponía de un horario completamente fijo.
Que estuviera allí a las seis de la mañana tenía además una consecuencia fundamental para su historia: a esa hora se encontraba solo.
La Policía comenzó a contrastar este elemento con el resto de los indicios obtenidos durante la investigación.
Y apareció otra circunstancia todavía más relevante.
Las heridas.
El hombre había relatado un ataque considerablemente violento, con varios pinchazos de un objeto punzante en el abdomen.
Sin embargo, el parte médico describía lesiones de carácter superficial.
Los investigadores consideraron que esas heridas resultaban compatibles con una posible autolesión.
La combinación entre un horario inusual y unas lesiones que no terminaban de corresponderse con la violencia descrita hizo que la Policía comenzara a cuestionar la versión inicial.
Y todavía faltaba un tercer elemento.
Dos meses antes ya habían desaparecido otros 2.450 euros
Al revisar lo sucedido anteriormente en la empresa, los agentes descubrieron un antecedente especialmente significativo.
Apenas dos meses antes se había producido otro hurto.
En aquella ocasión desaparecieron 2.450 euros que estaban guardados en una caja de caudales situada dentro de un despacho.
Según la investigación policial, aquel episodio también se habría producido en presencia del mismo gerente, pocos días después de haber sido contratado para ocupar el puesto.
La coincidencia aumentó las sospechas.
Los agentes recabaron además información del responsable nacional de la empresa.
Según explicó este a los investigadores, la compañía mantenía una política contraria a acumular grandes cantidades de dinero en efectivo en las instalaciones precisamente para reducir riesgos.
Sin embargo, antes del supuesto atraco se había producido una situación excepcional.
El gerente habría acumulado en la oficina una cantidad de efectivo considerada inusual.
Eran precisamente los 6.500 euros que posteriormente denunció como robados.
Los investigadores tenían así diferentes elementos que debían encajar.
Un trabajador que había llegado considerablemente antes de su horario habitual.
Una cantidad excepcional de dinero dentro de la empresa.
Una caja fuerte que, según el propio denunciante, estaba entreabierta.
Heridas superficiales compatibles con autolesiones.
Y un antecedente de 2.450 euros desaparecidos solo dos meses antes en circunstancias que también habían ocurrido cuando él estaba presente.
La Policía concluyó que el atraco habría sido escenificado
Después de analizar estos indicios y otras contradicciones detectadas durante las diligencias, la investigación cambió completamente de dirección.
El hombre que inicialmente aparecía como víctima pasó a convertirse en sospechoso.
La Policía Nacional concluyó que los hechos denunciados no respondían a la realidad y que el supuesto atraco habría sido presuntamente escenificado por el propio gerente para apropiarse del dinero existente en la empresa.
Los agentes iniciaron entonces las gestiones necesarias para localizarlo.
Finalmente fue detenido.
Al hombre, de 45 años, se le atribuyen presuntamente delitos de simulación de delito y apropiación indebida.
Las diligencias policiales han sido remitidas a los juzgados de Alicante, que deberán continuar ahora con el procedimiento.
Como ocurre en cualquier procedimiento penal, el detenido mantiene su derecho a la presunción de inocencia mientras no exista una sentencia firme.
Fingir un delito también puede tener consecuencias penales
El caso tiene además una vertiente que a veces pasa desapercibida.
Presentar una denuncia falsa o simular haber sido víctima de determinados hechos no solamente consume recursos policiales.
Puede tener consecuencias penales.
Cuando una persona denuncia un delito inexistente obliga potencialmente a movilizar policías, servicios sanitarios y recursos de investigación destinados a esclarecer unos hechos que realmente no se produjeron de la manera descrita.
En este caso, la historia relatada inicialmente implicaba buscar a un supuesto atracador armado que habría accedido a una empresa y atacado con un objeto punzante a su gerente.
Una investigación de esas características puede exigir revisar cámaras, localizar testigos, analizar movimientos y dedicar agentes a intentar identificar a una persona que, según la hipótesis policial actual, nunca habría cometido aquel ataque.
Precisamente por ello la simulación de delitos está contemplada por la legislación española.
A esto se suma en este caso la presunta apropiación del dinero.
La investigación considera que la finalidad de la escenificación habría sido justificar la desaparición de los 6.500 euros en efectivo depositados excepcionalmente en la caja fuerte.
Las contradicciones terminaron desmontando la historia
El caso de Alicante demuestra también hasta qué punto pequeños detalles pueden resultar determinantes durante una investigación.
Individualmente, llegar antes de lo habitual al trabajo no demuestra que alguien haya cometido un delito.
Tampoco lo hace que una lesión sea superficial.
Ni que anteriormente haya desaparecido dinero en circunstancias diferentes.
La investigación policial consiste precisamente en analizar el conjunto de indicios y comprobar si el relato proporcionado resulta compatible con ellos.
En este caso, los agentes encontraron suficientes contradicciones para considerar que debían profundizar en la versión de quien inicialmente aparecía como víctima.
El horario resultaba extraño.
Las lesiones no coincidían plenamente con el ataque descrito.
Existía un antecedente económico.
Y la presencia de una cantidad inusual de efectivo en la empresa tampoco respondía a su funcionamiento habitual.
La suma de todos estos elementos terminó cambiando completamente el escenario.
El supuesto atracador dejó de ser el centro de la investigación.
Y quien había denunciado haber recibido varios pinchazos en el abdomen acabó detenido.
El procedimiento queda ahora en manos de los juzgados de Alicante.











