La Policía Nacional atribuye al grupo siete estafas cometidas en Elche, Alicante, Murcia y Cartagena. Los investigados se hacían pasar presuntamente por personal de seguridad para conseguir los códigos de verificación de las víctimas, comprar teléfonos móviles de alta gama y revenderlos posteriormente en el mercado de segunda mano.
Una llamada aparentemente relacionada con la seguridad de una cuenta podía terminar con un teléfono móvil de alta gama comprado a nombre de la víctima y enviado a manos de otra persona.
La Policía Nacional ha detenido en Elche a cuatro hombres de entre 21 y 33 años por su presunta participación en una trama dedicada a realizar compras por internet utilizando fraudulentamente tarjetas bancarias de terceros.
La investigación ha permitido esclarecer hasta el momento siete delitos de estafa por un importe superior a los 10.500 euros, con operaciones detectadas en Elche, Alicante, Murcia y Cartagena.
El objetivo principal eran productos de elevado valor económico, especialmente teléfonos móviles de alta gama.
Una vez obtenidos, los dispositivos eran destinados presuntamente al mercado de segunda mano para convertir rápidamente la mercancía en dinero.
La operación comenzó después de que el departamento de seguridad de unos grandes almacenes detectara algo extraño en la compra de un teléfono.
El terminal había sido pagado mediante una tarjeta bancaria utilizada fraudulentamente.
Pero aquello no parecía un caso aislado.
Poco después apareció una segunda operación con características similares.
Y esta vez la Policía decidió esperar a que llegara el paquete.
Una entrega de un teléfono permitió detener a tres sospechosos
El departamento de seguridad del establecimiento relacionó la primera operación con una segunda compra de otro teléfono de alta gama realizada con una tarjeta bancaria diferente.
Las similitudes entre ambas operaciones despertaron las sospechas.
La Policía Nacional organizó entonces un dispositivo alrededor del lugar donde debía entregarse el segundo pedido.
Los agentes no tuvieron que esperar demasiado.
En las inmediaciones localizaron a tres hombres que aparentemente estaban esperando la llegada del repartidor.
Cuando este apareció con el paquete, los sospechosos se aproximaron para reclamar la entrega.
Los policías intervinieron en ese momento y procedieron a detenerlos.
La actuación proporcionó además nuevos indicios.
Durante el registro de sus pertenencias y del vehículo en el que se desplazaban, los agentes localizaron dos teléfonos móviles todavía precintados y otro paquete procedente del mismo establecimiento que permanecía sin abrir.
La investigación dejó entonces de centrarse únicamente en aquellas dos compras.
Los agentes comenzaron a revisar otras operaciones que podían responder al mismo procedimiento.
El resultado permitió ampliar considerablemente el alcance del caso.
Siete estafas en Elche, Alicante, Murcia y Cartagena
Las pesquisas policiales permitieron vincular a los sospechosos con diferentes compras fraudulentas realizadas en cuatro ciudades: Elche, Alicante, Murcia y Cartagena.
Los investigadores localizaron a los titulares de las tarjetas utilizadas para pagar los productos.
Ninguno había autorizado aquellas compras.
Las víctimas habían presentado además las correspondientes denuncias por los cargos que aparecían asociados a sus tarjetas.
En total, la Policía Nacional considera esclarecidos siete delitos de estafa, con un perjuicio económico conjunto superior a 10.500 euros.
El avance de la investigación permitió identificar posteriormente a un cuarto presunto integrante del grupo.
Los agentes lo localizaron también en Elche y procedieron a su detención.
Después registraron su domicilio.
En el interior fueron intervenidos varios dispositivos electrónicos de alta gama que, según la investigación, estarían relacionados con las operaciones fraudulentas.
El valor de los efectos recuperados durante toda la actuación ronda los 4.500 euros.
La investigación muestra así una estructura relativamente sencilla en apariencia, pero basada en combinar diferentes elementos: engaño a las víctimas, acceso a sus cuentas, compras online, servicios de paquetería y posterior reventa de los dispositivos.
El elemento fundamental estaba al principio de todo el proceso.
Conseguir el código que permitía superar las medidas de seguridad.
Se hacían pasar por personal de seguridad para conseguir los códigos
Este es uno de los aspectos más importantes del caso porque explica cómo una persona puede terminar sufriendo una compra fraudulenta incluso sin haber entregado físicamente su tarjeta.
Según la investigación policial, los sospechosos utilizaban técnicas de ingeniería social.
En lugar de intentar romper directamente los sistemas informáticos, buscaban convencer a la propia víctima para que facilitara la información necesaria.
Los investigados contactaban presuntamente con los afectados haciéndose pasar por personal de seguridad del establecimiento.
Durante esa comunicación trataban de conseguir códigos de verificación.
Una vez obtenidos, podían acceder a las cuentas de cliente y realizar compras de productos de elevado valor.
La clave está precisamente en esos códigos.
Los sistemas de verificación en dos pasos están diseñados para añadir una barrera adicional cuando alguien intenta iniciar sesión o autorizar determinadas operaciones.
Una contraseña puede haber sido filtrada o robada.
El código temporal enviado al usuario funciona como una segunda comprobación.
Pero si la propia víctima entrega ese código a quien está intentando entrar en su cuenta, la protección pierde buena parte de su eficacia.
Por eso los ciberdelincuentes recurren cada vez más a estrategias destinadas no necesariamente a atacar la tecnología, sino a engañar a la persona que la utiliza.
DSAlicante ya explicó en su información sobre los nuevos métodos de estafa detectados en Alicante cómo la suplantación de bancos, empresas o servicios conocidos se ha convertido en una de las herramientas habituales para conseguir dinero o información confidencial.
El caso investigado ahora en Elche comparte precisamente esa lógica: conseguir que la comunicación parezca legítima para que sea la propia víctima quien proporcione una pieza de información esencial.
Por qué algunas víctimas podían tardar semanas en descubrir el fraude
Existe otro detalle que facilitaba presuntamente el funcionamiento de la trama.
Algunas de las tarjetas utilizadas eran de pago diferido.
Esto significa que el titular no necesariamente veía salir inmediatamente de su cuenta el dinero correspondiente a la compra.
Podía descubrir el cargo cuando llegara la liquidación posterior.
En determinadas circunstancias, eso proporciona a los autores una ventaja de tiempo.
El producto puede haber sido comprado, enviado, recibido y posteriormente revendido antes incluso de que el propietario de la tarjeta detecte que existe una operación que nunca autorizó.
Cuando llega el extracto y aparece el cargo, el teléfono puede haber cambiado ya varias veces de manos.
Precisamente por eso resulta importante revisar periódicamente los movimientos de tarjetas y cuentas bancarias y no esperar exclusivamente al cierre mensual.
Las notificaciones instantáneas de las aplicaciones bancarias pueden ayudar a detectar una operación extraña prácticamente en el momento en el que se produce.
La rapidez resulta especialmente importante en este tipo de fraudes.
Una compra detectada inmediatamente puede permitir contactar con el comercio o la entidad bancaria antes de que el producto llegue a entregarse.
En este caso ocurrió precisamente algo parecido desde el lado del establecimiento.
La detección de una operación sospechosa permitió relacionarla con una segunda compra y preparar la entrega controlada que terminó con las primeras tres detenciones.
Los móviles de alta gama, un producto atractivo para este tipo de fraude
¿Por qué teléfonos móviles?
Su combinación de precio elevado, tamaño reducido y facilidad de reventa los convierte en un producto especialmente atractivo para determinados delitos patrimoniales.
Un terminal de alta gama puede valer más de mil euros y transportarse fácilmente.
Además existe un mercado de segunda mano enorme.
Esto permite intentar transformar rápidamente una compra fraudulenta en efectivo.
Los investigadores consideran que ese era precisamente el destino de los dispositivos adquiridos por el grupo.
Una vez recibidos, los teléfonos eran puestos presuntamente en circulación en el mercado de segunda mano.
La Policía Nacional ha recuperado efectos valorados aproximadamente en 4.500 euros, aunque el importe total atribuido a las siete estafas supera los 10.500.
La venta de artículos tecnológicos también puede dificultar que el comprador final conozca su procedencia.
Una persona puede encontrar un teléfono precintado anunciado a un precio atractivo y asumir que procede simplemente de un regalo, una promoción o una compra que el propietario ya no desea.
De ahí la importancia de desconfiar también de ofertas anormalmente económicas y conservar siempre la documentación de las operaciones realizadas entre particulares.
DSAlicante informó hace unos meses de otra investigación desarrollada en Elche y Aspe contra una red dedicada a estafas relacionadas con vehículos. Se trata de una operación completamente diferente, pero muestra cómo los delitos económicos pueden combinar identidad, financiación, documentación y posterior comercialización de bienes de elevado valor.
La ingeniería social: cuando el objetivo no es hackear el móvil, sino convencer a su propietario
El concepto de ingeniería social aparece cada vez con mayor frecuencia en las investigaciones sobre fraude digital.
Su funcionamiento parte de una idea relativamente simple.
En muchas ocasiones resulta más sencillo engañar a una persona que romper técnicamente un sistema de seguridad.
El estafador puede presentarse como:
- personal del banco;
- un empleado de seguridad;
- una empresa de mensajería;
- un comercio conocido;
- un organismo público;
- o incluso un familiar.
El objetivo es generar suficiente credibilidad, preocupación o urgencia para conseguir que la víctima actúe antes de detenerse a comprobar quién está realmente al otro lado.
“Necesitamos confirmar este código”.
“Hemos detectado una compra sospechosa”.
“Su cuenta será bloqueada”.
“Acabamos de enviarle un código para cancelar la operación”.
El mensaje puede cambiar.
La finalidad suele ser la misma: conseguir una contraseña, un código temporal, datos bancarios o una autorización.
La mejor defensa ante una comunicación de estas características es interrumpir el contacto y verificarla utilizando un canal oficial buscado de manera independiente.
Si alguien llama diciendo que pertenece a un establecimiento o entidad bancaria, no es necesario continuar la conversación.
Se puede colgar y llamar directamente al teléfono oficial.
Y, especialmente, no facilitar códigos de verificación recibidos por SMS o mediante una aplicación cuando otra persona los solicita.
Una investigación iniciada por la seguridad de unos grandes almacenes
El caso demuestra también la importancia de los sistemas antifraude de los propios comercios.
La investigación policial no comenzó directamente con la detención de los cuatro hombres.
Comenzó cuando el departamento de seguridad de unos grandes almacenes detectó que la compra de un teléfono de alta gama presentaba indicios de fraude.
Después apareció una segunda operación.
La conexión entre ambas permitió activar la investigación.
El dispositivo de entrega controlada proporcionó entonces una oportunidad para localizar a quienes acudían a recoger el producto.
A partir de esas primeras detenciones, los agentes pudieron reconstruir otras operaciones.
Este tipo de investigaciones requiere cruzar información procedente de diferentes fuentes: tarjetas utilizadas, cuentas de cliente, pedidos, direcciones de entrega, teléfonos, dispositivos recuperados y denuncias presentadas en distintas ciudades.
La dimensión geográfica del caso lo demuestra.
Aunque las detenciones se han practicado en Elche, las operaciones investigadas no se limitaban a la ciudad.
Aparecen también Alicante, Murcia y Cartagena.
DSAlicante publicó recientemente otra investigación sobre una trama iniciada en Alicante que suplantaba empresas reales para realizar pedidos fraudulentos a proveedores. Tampoco guarda relación directa con los cuatro detenidos de Elche, pero ambas investigaciones tienen un elemento común: utilizar una identidad aparentemente legítima para conseguir que la víctima confíe en una operación que realmente es fraudulenta.
Los cuatro detenidos pasan a disposición judicial en Elche
La operación se ha cerrado, por el momento, con cuatro hombres detenidos, todos ellos con edades comprendidas entre los 21 y los 33 años.
La Policía Nacional les atribuye presuntamente delitos de estafa y pertenencia a grupo criminal.
Una vez finalizadas las diligencias policiales, los arrestados han sido puestos a disposición de los juzgados de instrucción de guardia de Elche.
Como en cualquier procedimiento penal, los investigados mantienen su derecho a la presunción de inocencia mientras no exista una resolución judicial firme.
Las actuaciones han permitido esclarecer siete estafas y recuperar productos valorados en unos 4.500 euros.
Pero el caso deja además una advertencia que va más allá de las detenciones.
Una tarjeta puede continuar físicamente dentro de la cartera de su propietario y, aun así, ser utilizada para realizar una compra que nunca autorizó.
En este tipo de fraude, el objetivo puede no ser robar la tarjeta.
Puede bastar con conseguir la información necesaria para utilizarla.
Y, según la investigación desarrollada en Elche, una de las llaves que buscaban los presuntos estafadores era precisamente la que muchas personas consideran una garantía de seguridad: el código de verificación que llega a su propio teléfono.










