Mantener el precio de la energía alto sí tiene efectos fiscales inmediatos

Más recaudación sin subir tipos.

El IVA y los impuestos especiales sobre hidrocarburos son valores agregados ligados al precio. Si el litro pasa de 1,5 a 2 euros, el Estado recauda más sin tener que aprobar una subida de impuestos impopular.

La inflación licúa la deuda.

Con deudas públicas por encima del 100% del PIB en España y en buena parte de Europa, una inflación del 3-4% sostenida reduce el valor real de esa deuda. Es un impuesto invisible. Los intereses suben, sí, pero la deuda vieja se paga con euros que valen menos.

La culpa está externalizada.

Una guerra, un corte de suministro, un mercado internacional tenso, permite justificar el precio alto como algo externo. Políticamente es mucho más fácil que decir que necesitamos recaudar más.

¿por qué insisten si es jugar con fuego?

1. Porque a corto plazo funciona.

Alivia presupuestos tensionados. No hay incentivo electoral para bajar ingresos voluntariamente.

2. Porque el coste está disperso.

El sobrecoste lo paga el consumidor gota a gota, no hay un recibo único que provoque una revuelta. Y la alternativa, recortar gasto, tiene un coste político mucho más concentrado y visible.

3. Porque hay otros intereses alineados.

No solo gobiernos. Para la transición energética, un hidrocarburo caro hace más competitivas otras energías sin subvenciones directamente. Para los productores, obviamente, también es mejor.

¿Por qué nadie se opone con fuerza? Sí hay oposición, pero fragmentada. Transportistas, agricultores, industria electro intensiva protestan cada vez que suben. El problema es que su interés es sectorial y temporal, mientras el interés recaudatorio del Estado es permanente y estructural.

¿Cómo termina esta comedia? Históricamente hay tres salidas, y normalmente se mezclan:

1. Por ajuste económico. Precios altos durante mucho tiempo destruyen la demanda. Las empresas pierden competitividad, el consumo se contrae, y al final baja la recaudación por otros lados menos IVA general, menos IRPF, más paro. España ya lo vivió en 2008 y en 2022.

2. Por ajuste monetario. Si la inflación que ayuda a licuar la deuda se descontrola, el BCE tiene que subir tipos aún más. Eso encarece la financiación de esa misma deuda que querían abaratar. Es el bucle en el que estamos desde 2022.

3. Por ajuste político. Cuando el coste de vida se vuelve el tema número uno, aparece un competidor que promete bajar impuestos energéticos. Ha pasado en Francia, Alemania, España con bonificaciones de 20 céntimos. No es una solución de fondo, es una válvula de escape temporal.

Ninguna termina con un gran estallido, más bien con un desgaste lento. El riesgo real de «jugar con fuego» no es solo económico. Cuando usas conflictos externos para justificar precios internos, necesitas que el conflicto siga vivo en el relato. Y eso sí tiene un coste geopolítico mucho más difícil de controlar.

El giro hacia seguridad y armamento.

Es real y medible. Desde 2022 Europa ha cambiado de doctrina. El objetivo del 2% del PIB en defensa de la OTAN, que antes casi nadie cumplía, ahora lo cumplen España, Alemania, Francia y muchos más. Para 2025-2026 los presupuestos de defensa europeos han crecido más de un 30% respecto a 2021.

No hace falta una teoría de reducción de población para explicarlo. Hay dos motores más simples:

La guerra en Ucrania demostró que los stocks estaban vacíos.

Estados Unidos presiona para que Europa pague su propia defensa.

Más armas, más discurso bélico en medios, más normalización de la guerra como herramienta, sí aumenta la probabilidad de que se usen. Es lo que pasó en Europa antes de 1914. No por un plan para reducir población, sino por una dinámica de escalada donde cada uno se arma porque el otro se arma.

La aceleración económica: IA, electrificación, concentración.

Aquí también hay un efecto real. Toda transición energética e industrial cara favorece a los grandes.

Una pyme no puede electrificar su flota, instalar IA y cumplir normativa nueva a la vez. Una gran corporación sí, y además recibe ayudas. Resultado: se acelera la concentración. En automoción, en energía, en agro, en tecnología, cada vez hay más actores globales dominantes. No es necesariamente que «anulen competidores a propósito», es que el coste de la transición en sí mismo anula a los pequeños.

Eso genera un nuevo orden económico con menos competencia real.

El desgaste mental.

Este es el punto que parece clave para la situación de muchos ciudadanos. Cuando te cambian a la vez el modelo energético, el modelo tecnológico, el modelo de seguridad y el discurso moral. Todo en 3 o 4 años, el cerebro no tiene tiempo de adaptarse. Antes un cambio así llevaba una generación. Ahora te piden entender IA, coche eléctrico, guerra, inflación, todo a la vez.

Esa saturación produce exactamente una sensación de que «otros manejan en la sombra» porque es imposible seguir el hilo racionalmente.

Es posible que no haya un plan dibujado de reducción de población de facto. Lo que sí hay es algo más mundano y más difícil de parar: muchos actores poderosos, gobiernos endeudados, industria de defensa, grandes tecnológicas. Descubren que les beneficia la misma dirección: más tensión, más gasto, más tecnología, más concentración. No necesitan ponerse de acuerdo en una sala. Les basta con no oponerse entre ellos.

Para el trabajador, la mayoría de los ciudadanos la mejor defensa no es intentar descifrar el plan global, sino reducir la exposición:

– blindar lo diario: consumo energético, gastos fijos.

– limitar una exposición a noticias de guerra en bucle, que es lo que más desgaste mental provoca.

– no entrar en inversiones o cambios tecnológicos por miedo o prisa.

No es miedo a lo nuevo. Es asco al ambiente actual.

La gente que ha leído el pasado sabe que las guerras nunca empiezan con un botón rojo. Empiezan años antes, con lenguaje. Cuando personas educadas, que antes hablaban de comercio, de cultura, de ciencia, empiezan a hablar de forma natural de «disuasión», «economía de guerra», «sacrificios necesarios», «rearme moral», sabes que el marco ya cambió.

Lo que más duele es la polarización que lo acompaña. No es solo que haya dos bandos discutiendo sobre la guerra. Es que ya no se puede estar en medio.

Si dices «esto es peligroso, deberíamos buscar paz», te etiquetan de ingenuo o de agente del otro.

Si dices «hay que defenderse», te etiquetan de belicista.

Ese es el mecanismo que más preocupa. No hace falta convencer a todo el mundo de que la guerra es buena. Basta con hacer imposible la conversación sobre la paz. Y eso se está instalando muy rápido en Europa desde 2022.

¿Por qué la gente educada entra ahí? Por tres razones muy humanas, no por maldad:

  • 1. Fatiga moral. Después de años de crisis, pandemia, inflación, energía, la gente quiere una explicación simple y un enemigo claro. La idea de un conflicto externo ordena el mundo.
  • 2. Memoria selectiva. Los que han leído historia recuerdan a Múnich 1938: «no ceder al agresor». Casi nadie recuerda julio de 1914: todos se sintieron obligados a entrar por alianzas y honor.
  • 3. Incentivo social. En un ambiente polarizado, posicionarse bélico te da pertenencia inmediata a un grupo. Dudar te deja solo.

No es de recibo lo que se empieza a ver. Hemos pasado, en apenas tres años, de hablar de Green Deal y digitalización como proyecto de futuro, a hablar de refugios, servicio militar y munición. Para alguien que absorbe el progreso con ganas, es una regresión intelectual.

Lo único que la historia enseña con cierta constancia es que esos climas no son eternos. Son ciclos de histeria colectiva que se agotan porque son carísimos, económica y mentalmente. No terminan porque de repente todos se vuelven pacifistas, terminan porque la gente se cansa de tener miedo.

Puedes elegir no entrar en el bucle diario. No es desinformación, es filtrar. Las personas que mejor aguantaron otros periodos parecidos no fueron las más informadas minuto a minuto, sino las que mantuvieron una vida local, concreta, con criterio propio.

  • Viva la vida.

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  • La curiosidad siempre me motiva a ir más allá de mi campo de visión. El resultado es una carrera profesional internacional en los medios técnicos, venta / marketing. Vivir en varios países en Europa y Latín América.
    Ahora jubilado me dedico a intentar ser un buen hombre. Activo con un ojo crítico sobre los acontecimientos globales

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Jean Pierre152 artículos publicados

La curiosidad siempre me motiva a ir más allá de mi campo de visión. El resultado es una carrera profesional internacional en los medios técnicos, venta / marketing. Vivir en varios países en Europa y Latín América. Ahora jubilado me dedico a intentar ser un buen hombre. Activo con un ojo crítico sobre los acontecimientos globales

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