No hay buenas noticias desde hace mucho tiempo para el trabajador asalariado. Se tratan como un pedazo de carne pasando en la máquina para hacer carne picada. Solo les quedan las alternativas muy económicas para alimentarse y las más caras para alojarse.
La télé, continúan hablando de la buena salud, las frutas y el pescado azul. Siembran sin parar el miedo y la ansiedad para cualquier cosa. Ahora por tres gotas te piden quedarte en tu casa. Contenidos llenos de amenazas a un ritmo vertiginoso. Ya no hay tiempo para pensar, opinar, decidir. Solo falta que te digan de ir a la guerra y saltara en el camión que te llevará al cuartel. El periodismo de buenos contenidos e investigación está cada vez más desplazado y escondido en las horas del sueño profundo. Los medios viven en un micro clima que parece un hotel todo incluido en la Republica Dominicana. El que mira la estadística de la pobreza infantil se asustara de nuestra realidad.
Se puede perder el recuerdo de mejores tiempos donde las sonrisas eran mucho más frecuentes. El bar era un punto de encuentro social.
Las familias están muy apretadas vistas desde un panorama de larga duración. La tasa de natalidad como recuerdo. Ahora se escucha abiertamente en las calles, el café, el transporte público, en los dormitorios de los vecinos con las paredes de papel, las discusiones y apuros con este maldito dinero que falta siempre. Una situación de conflictos y decadencia continua. Un largo camino que solo ofrece disgustos. El malestar empieza a superar el bienestar. Una frontera peligrosa de cruzar cuando has conocido la miel en los labios. Una nueva realidad que afecta tu humor, tu alegría, tu libertad. No es de extrañar que el declino de la felicidad sea la consecuencia de todo aquello.
Los problemas de ausencia laboral, salud mental, violencia de género, aumento de los impagos, inseguridad callejera, los okupas, la pobreza que cada vez se ve más. El ascensor social está muy dañado. Todas las promesas enseñadas durante décadas no se cumplen. Sueños rotos. Las cosas no van bien. Parecemos un torro desangrándose. Perdiendo fuerzas y entusiasmo. La desilusión como un destino.
El 85% de toda la fuerza laboral son asalariados ocupados en este país, 21,8 millones afiliados a la seguridad social. No está mal te dicen. Una auto complacencia desagradable.
España continúa posicionada como el país con la tasa de desempleo más alta de la Unión Europea (UE), con cifras que a principios de 2026 rondan el 9,8% – 10,5%, casi doblando la media de la eurozona, que se sitúa en torno al 5,8% – 6,4%.
Unos 7,6 millones con el sueldo mínimo interprofesional. El 37% es una barbaridad.
Un modelo de explotación laboral explícita.
El 17% del total de los asalariados son empleados del estado, unos 3,6 millones. Decir que son muchos es una evidencia.
Parece que la informática y la IA no tienen efectos productivos. Pero sus costes están en los libros de contabilidad. Otros políticos sin mucho tacto utilizan la motosierra para reducir estas anomalías y funciona. Se puede hacer mucho más con menos.
Números y números, hojas Excel sin fin. Conclusiones, reportes y planes. Dinero europeo y presupuestos. Parece una fábrica de ladrillos sin nunca edificar nada. No se ven resultados. Que harán con ellos…estos ladrillos por separado. El pecado de la corrupción se transforma solo en una mala costumbre. Las historias detrás del foco mediático no son contadas. Perfil bajo, consenso para promocionar una nube sin visibilidad como la espesa niebla del otoño en el fondo del valle.
22 ministerios con su corte, asesores y fantasías. Un mundo paralelo con sus reglas, tradiciones y medallas. Aquí no hay reformas o apretones de cinturones. Prefieren dejar sin mantenimiento las carreteras y las vías de trenes.
583,543 millones de euros el presupuesto de funcionamiento de todos los ministerios. Un gasto público total de 725,001 millones de euros. 43% del PIB. Esto se puede llamar gestión caótica, pésimo liderazgo.
Aquí no hay izquierdas o derechas. Es un mundo muy solidario en estas cuestiones.
Ni una raya en la carrocería …brilla con cera la carroza.
Primero asegurar la silla política, sentado en el palco viendo el espectáculo sin necesidad de pagar tu entrada. Vas al entreacto picoteando con un vinito en las manos ofrecido para los invitados. Muy buena esta vida política. Para cambiar algo…mucha agua pasará debajo de los puentes. Ellos no van a decidir nada.
Demasiado se habla de los nuevos pobres. Sus problemas sin soluciones. Arreglar para que ?.
Extrañamente muy poco se habla de todos los que la pasan súper bien. A todos aquellos que cobran muy encima del sueldo mínimo y que no se imaginan un instante lo que es de pagar o cobrar » lo justo » para equilibrar las cuentas y ofrecer oportunidades para aquellos que lo merecen también. Están muy felices así y rezan que siga todo sin reformas estructurales. Siempre le duele a uno modificar sus padrones de confort. Un plan de reajuste que puede ofrecer más equidad solo acelera el crecimiento, la imaginación, la felicidad y el futuro de todo el país. Todos ganamos con el precio justo. La exageración lo arruina todo. Solo pensar cuánto cobra un agricultor por un kilo de papas y cuanto se vende en el supermercado para darse cuenta de que algo no cuadra. No se trata de quitar algo para poner en otro lado. Se trata de una distribución progresiva con el talento y capacidades como referencia. Sin embargo respetando cada escala con sus mínimos y máximos para una Justicia social equilibrada sin abusos y exageraciones. Estamos en una zona de exageraciones insostenibles desde hace demasiado tiempo.
Todo lo que quieren enseñarnos con amplios comentarios, debates y tertulias es como precipitar a los trabajadores a sus mínimos. Una larga lista de razones diversas. Una forma de llorar todos juntos para apoyarse mutuamente. Pero nada se hace para rectificar.
Son cada vez más, tenerlos en graves dificultades. Sería tan oportuno ver una estrategia opuesta donde los sueldos básicos puedan ofrecer más poder adquisitivo. Garantizar los básicos con el trabajo. Ofrecerle alivios, alegría, felicidad y mayor productividad. No tiene sentido las variaciones tan grandes sin proporcionalidad. Como ejemplo suiza con un sueldo mínimo de 4700 euros y el español de 1424 euros (en 12 pagas). Hay otras variables a tomar en consideración pero indican claramente que todas las estrategias no tienen el mismo resultado. El modelo actual no es satisfactorio. Las reformas son necesarias si queremos evitar colisionar frontalmente en este muro que cada día se acerca a nosotros. La nueva ola de inflación provocada con el cierre del estrecho de Ormuz es como que vuelven a pegarte del otro lado de la cara. A ver si finalmente vas a despertarte.
- Viva la vida

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