Entré por curiosidad y terminé descubriendo una historia que seguía escondida debajo de nuestros pies.
Después de haber visto que una estatua como era la de Robert the Bruce fuera del Marischal College guardaba algunas historias, no pude resistirme a entrar para ver qué podía esconder ese hermoso edificio por dentro. Por fuera Marischal College ya tiene bastante para entretenerte un buen rato mirando cada detalle, pero cuando entré me encontré con algo que no esperaba.
Dentro había vitrinas y paneles que contaban diferentes historias de Aberdeen y del propio Marischal College. Y entre ellas había una que me hizo detenerme especialmente, la historia de lo que había existido con anterioridad allí y de todo lo que se había ido encontrando bajo aquel lugar.
Y claro, cuando comencé con las investigaciones descubrí que debajo de ese enorme edificio había bastante más que unos cuantos cimientos.
Mucho antes de que existiera Marischal College, en este lugar hubo un convento de frailes franciscanos, conocidos como los Greyfriars o “frailes grises” por el color de sus hábitos. El convento fue fundado en 1469 y, siglos después, algunos de aquellos edificios serían utilizados por el primer Marischal College, fundado en 1593.
Pero lo curioso es que una parte de aquella historia seguía allí abajo.
Durante las obras realizadas entre 2008 y 2009 para transformar el antiguo College en la sede del Ayuntamiento de Aberdeen, se llevaron a cabo excavaciones y trabajos arqueológicos. Aparecieron muros que probablemente pertenecían al antiguo convento, algunos de ellos posiblemente relacionados con el claustro, además de restos de cerámica, baldosas, tejas de piedra y vidrio.
En uno de los lugares excavados aparecieron incluso dos vasijas prácticamente completas de los siglos XV o XVI.
Y cuando después me puse a investigar un poco más sobre aquellas excavaciones descubrí algo que no había visto allí.
Junto a uno de los posibles muros del antiguo claustro aparecieron siete enterramientos. Eran hombres de edad avanzada que habían sido enterrados con las manos juntas y con sus cuerpos colocados junto al muro.
¿Serían los cuerpos de algunos de los frailes que habían vivido allí siglos atrás? Ya que la información arqueológica no llega a afirmarlo, yo tampoco voy a hacerlo.
Si te digo que este edificio, a medida que lo vas conociendo y caminas a su alrededor, hace que no puedas dejar de mirar hacia arriba, a sus torres, sus paredes y todos sus detalles, no te exagero.
Pero después de conocer todo esto, es inevitable pensar también en la otra parte de su historia, esa que no podíamos ver y que estuvo durante siglos debajo de nuestros pies.











