Hasta que un día me dio por fotografiar aquella estatua como si pudiera desmenuzarla en partes y cada una de ellas tuviera algo que contarme. Gracias a eso acabé encontrando historias que llevaban siglos ahí.
Pienso en la cantidad de veces que no solo he pasado por delante de esta figura a caballo de Robert the Bruce, sino que también la he fotografiado, con eso que tiene en la mano. Y lo curioso de todo esto es que nunca me dio por pensar que aquello que sostiene pudiera tener alguna importancia. Y, si te digo la verdad, tampoco se la di.
Me llamaba mucho más la atención su figura y todo el edificio que tiene detrás, que es de una gran belleza.
Pero, como ya te he ido contando en otros artículos, mi tiempo en Asia y los años —no voy a engañarte ni a engañarme— te van cambiando la forma de mirar. Y eso ha hecho que ahora me guste más mi vida, porque siento que miro y veo.
Y mira qué curioso, porque incluso esta última vez, cuando hice todos esos primeros planos que estás viendo, seguía sin saber exactamente qué estaba fotografiando tan de cerca. Algo me hizo acercarme y fijarme en ello.
Vale, no te impacientes, que ya sé que quieres saber qué es eso que Robert the Bruce está mostrando en su mano.
Pues resulta que lo que sostiene es una representación de la Stocket Charter, una carta o documento oficial de concesión que Robert the Bruce —y valga la redundancia— concedió a Aberdeen el 10 de diciembre de 1319 y que acabaría teniendo una enorme importancia para la ciudad.
Con aquella carta Aberdeen recibió, entre otras cosas, derechos relacionados con el bosque de Stocket y los ingresos procedentes de los tribunales de la ciudad, los mercados o la pesca. Aquello permitió a Aberdeen disponer de unos ingresos propios importantes y estuvo en el origen de lo que se conoce como el Common Good Fund.
El Common Good Fund es, explicado de una manera muy sencilla, un patrimonio de la ciudad cuyos bienes e ingresos están destinados al beneficio de los ciudadanos de Aberdeen. Y sí, sigue existiendo hoy.
Ahora vuelve a mirar la estatua. Y dime, sabiendo todo esto, ¿no te parece que mirar muchas veces sin ver nos hace perdernos conocimiento y bellas historias?
Porque ahora se entiende mucho mejor por qué Robert the Bruce aparece ahí arriba levantando precisamente ese documento. La escultura, realizada por Alan Beattie Herriot y encargada por el Ayuntamiento de Aberdeen en 2011, fue concebida para mostrar al rey con la carta que había concedido a la ciudad en 1319.
Y todavía hay otro pequeño detalle en mis fotografías en el que tampoco me había parado demasiado. En el pedestal aparece escrito BON ACCORD.
Es el lema de Aberdeen y viene del francés; puede traducirse como algo parecido a “buen acuerdo”. Además, tiene su propia historia, aunque aquí entramos ya en terreno de leyenda que, si me vas conociendo un poco, ya sabrás que me encanta. Según la tradición, Bon Accord habría sido la contraseña utilizada por Robert the Bruce y sus hombres durante el ataque al castillo de Aberdeen en 1308. Como digo, es una leyenda, pero explica por qué esas dos palabras llevan siglos tan unidas a la ciudad.
Ahora sé que ya no volveré a mirar esta estatua de la misma manera, y menos aún lo que Robert the Bruce tiene en la mano.
Aunque, siendo sincera, cuando hice esos primeros planos hubo otra cosa en la que sí me fijé: las marcas de las cagaditas que habían dejado las palomas o gaviotas y que, gracias a la lluvia, se van limpiando solas.
Y mira por dónde, descubrí que el propio Ayuntamiento de Aberdeen, cuando habla de la Stocket Charter, comenta que la versión esculpida que sostiene Bruce sirve, de vez en cuando, como un práctico posadero para las gaviotas.









