La isla más conocida de Alicante no siempre se llamó Tabarca. Su nombre procede de una pequeña isla situada frente a Túnez y de unas familias de origen genovés que, después de sufrir años de cautiverio en el norte de África, fueron trasladadas a la costa alicantina durante el reinado de Carlos III.
Miles de personas visitan cada año la isla de Tabarca atraídas por sus aguas transparentes, su patrimonio amurallado y sus restaurantes. Sin embargo, detrás de este pequeño enclave mediterráneo se esconde una historia mucho menos conocida: su nombre no nació en Alicante, sino al otro lado del Mediterráneo, frente a las costas de Túnez.
La isla que hoy conocemos como Tabarca se llamó durante siglos Isla Plana. Su denominación actual comenzó a utilizarse en 1770, cuando la Corona española decidió establecer allí a un grupo de familias de origen genovés que habían vivido en la isla tunecina de Tabarka.
Aquellos nuevos habitantes no llegaron como turistas ni como comerciantes que buscaban una oportunidad. Muchos habían pasado años privados de libertad en el norte de África y fueron rescatados gracias a las gestiones de la monarquía española.
Su llegada transformó para siempre la historia de la isla alicantina.
De Isla Plana a Nueva Tabarca: el origen de un nombre que viene de Túnez
Antes del siglo XVIII, la isla situada frente al cabo de Santa Pola era conocida por diferentes nombres.
Los textos históricos recogen denominaciones como Planesia, Planaria e Isla Plana, esta última relacionada con su característica geografía: un territorio pequeño, alargado y prácticamente llano.
La isla mide aproximadamente 1.800 metros de longitud y alcanza una anchura máxima de unos 400 metros. Su relieve apenas supera los 15 metros sobre el nivel del mar.
Durante siglos, su ubicación tuvo un importante valor estratégico para controlar la navegación y proteger la costa.
Pero el nombre de Nueva Tabarca llegó mucho después.
Su origen se encuentra en Tabarka, una pequeña isla próxima a la costa de Túnez que había estado vinculada a comerciantes genoveses dedicados principalmente a la pesca y comercialización del coral rojo.
La conexión entre ambos lugares no es una leyenda popular. Está documentada por el Ayuntamiento de Alicante, el Ministerio de Cultura y diferentes investigaciones históricas de la Universidad de Alicante.
Los genoveses de Tabarka que terminaron viviendo en Alicante
La historia comienza varios siglos antes de que Tabarca se convirtiera en un destino turístico.
En 1541, durante las campañas mediterráneas de Carlos V, la isla tunecina de Tabarka pasó a estar bajo control español. Dos años después, comerciantes genoveses comenzaron a desarrollar allí una importante actividad relacionada con el coral rojo.
Aquella comunidad permaneció en la isla durante generaciones.
La situación cambió en 1741, cuando sus habitantes fueron sometidos a cautiverio y trasladados a territorios del norte de África.
Durante décadas, numerosas familias vivieron alejadas de su antiguo hogar.
Entre 1768 y 1769, la Corona española consiguió liberar a buena parte de aquellos cautivos. Los supervivientes fueron trasladados a España y alojados provisionalmente en Alicante.
Su historia quedó recogida en la llamada Matrícula de los Tabarquinos, un documento que identificaba a los integrantes de aquella comunidad.
El destino definitivo de estas familias acabaría siendo la pequeña Isla Plana, situada frente a Santa Pola.
Por qué Carlos III decidió poblar y fortificar la isla de Tabarca en 1770
La decisión de trasladar a los antiguos cautivos a Isla Plana respondía también a una necesidad militar.
Durante siglos, la costa mediterránea había sufrido incursiones de piratas y corsarios. La posición de la isla permitía vigilar una parte importante del litoral alicantino, pero su falta de población permanente dificultaba mantener una defensa estable.
El Gobierno de Carlos III impulsó entonces un proyecto para construir una población fortificada.
El ingeniero militar Fernando Méndez de Ras fue el encargado de desarrollar las obras, bajo el impulso político del conde de Aranda.
Se levantaron murallas, viviendas e instalaciones militares, junto con infraestructuras necesarias para el asentamiento de los nuevos habitantes.
En 1770, las familias de origen genovés comenzaron a establecerse en la isla.
Y fue entonces cuando Isla Plana pasó a llamarse Nueva Tabarca, en recuerdo de la isla norteafricana de la que procedían sus colonos.
El nombre servía para conservar la memoria de una comunidad que había perdido su antiguo hogar y encontraba otro en territorio alicantino.
Por qué Tabarca pertenece a Alicante si está mucho más cerca de Santa Pola
La ubicación de Tabarca provoca otra pregunta frecuente entre los visitantes.
Aunque las embarcaciones que parten de Santa Pola realizan una travesía más corta, la isla pertenece administrativamente al municipio de Alicante.
El archipiélago se encuentra aproximadamente a tres millas náuticas del cabo de Santa Pola y a unas ocho millas de la ciudad de Alicante, según la descripción geográfica del Ayuntamiento.
Esta circunstancia explica por qué Tabarca mantiene una relación turística especialmente estrecha con Santa Pola, aunque su administración municipal corresponde a Alicante.
La isla forma parte del término municipal alicantino y conserva un núcleo histórico amurallado conocido como San Pedro y San Pablo.
No se trata, además, de una única porción de tierra. El pequeño archipiélago incluye otros islotes, como La Cantera, La Galera y La Nao.
Las murallas de Tabarca conservan la historia de sus primeros pobladores
El visitante que atraviesa las puertas del recinto amurallado está entrando en una población diseñada durante el siglo XVIII.
La disposición de las calles, las construcciones defensivas y los edificios históricos responde al proyecto de colonización impulsado durante el reinado de Carlos III.
Entre sus elementos patrimoniales destacan la iglesia de San Pedro y San Pablo, la Casa del Gobernador y las antiguas murallas.
Fuera del núcleo habitado se encuentran otras construcciones históricas, como el torreón de San José y el faro.
El conjunto fue declarado histórico-artístico en 1964, reconocimiento que contribuyó a proteger un patrimonio estrechamente relacionado con la historia militar y marítima de Alicante.
La Universidad de Alicante ha estudiado este proyecto como un ejemplo singular del urbanismo de la Ilustración española, concebido para combinar una población civil con una plaza defensiva.
Una isla con raíces italianas que terminó convirtiéndose en símbolo de Alicante
La herencia de los primeros colonos ayuda a explicar la singularidad histórica de Tabarca.
Aunque aquellos habitantes habían vivido durante generaciones frente a Túnez, su origen era genovés.
Por eso, la historia de Nueva Tabarca conecta tres espacios del Mediterráneo: Italia, el norte de África y la provincia de Alicante.
No fue una fundación convencional ni una simple ampliación de una población costera.
Fue el resultado de una operación de rescate, una política de defensa territorial y un proyecto de asentamiento que terminaron confluyendo en un pequeño territorio insular.
Con el paso del tiempo, la isla perdió buena parte de su función militar y la pesca se convirtió en una de las principales actividades de sus habitantes.
Mucho después llegaría el desarrollo turístico, favorecido por el atractivo de sus aguas, su patrimonio histórico y la proximidad a la costa.
En la actualidad, Tabarca es conocida principalmente como destino de excursiones, pero su nombre sigue recordando la historia de las familias que llegaron en 1770.
Cada vez que alguien habla de la isla de Tabarca está utilizando, sin saberlo necesariamente, un nombre que conserva la memoria de otra isla situada a cientos de kilómetros de Alicante.
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