Mucho antes de la invención de los frigoríficos, la nieve era un recurso de enorme valor. En las montañas de la provincia de Alicante, el invierno permitía recoger y almacenar toneladas de nieve que, meses después, llegaban a ciudades y pueblos para conservar alimentos, elaborar bebidas frías e incluso con fines medicinales.
Este comercio dio lugar a la construcción de las llamadas neveras o pozos de nieve, unas singulares edificaciones de piedra que hoy forman parte del patrimonio etnológico alicantino y que todavía pueden descubrirse en diferentes espacios naturales del interior de la provincia.
Aunque durante años pasaron desapercibidas para muchos visitantes, estas construcciones se han convertido en un atractivo para senderistas, amantes de la historia y quienes desean conocer una faceta poco conocida del pasado de Alicante.
Cuando la nieve era un bien imprescindible
Entre los siglos XVI y XIX, la nieve era considerada un producto estratégico.
Durante los meses más fríos se recogía manualmente en las montañas, se prensaba en grandes depósitos de piedra y se cubría con capas de paja para mantenerla aislada.
Gracias a este sistema era posible conservar hielo durante buena parte del año, incluso en pleno verano.
Posteriormente, la nieve se transportaba de madrugada mediante animales de carga hasta ciudades y poblaciones donde era vendida para distintos usos.
La Sierra de Mariola, uno de los grandes centros del comercio de la nieve
Uno de los lugares donde mejor se conserva este patrimonio es el Parque Natural de la Sierra de Mariola.
Las características climáticas y la altitud favorecieron la construcción de numerosas neveras que abastecieron durante siglos a localidades de ambas provincias.
Muchas de estas estructuras todavía permanecen en pie y pueden visitarse siguiendo diferentes rutas senderistas que recorren el parque natural.
Su excelente estado de conservación permite comprender cómo funcionaba una actividad económica fundamental antes de la aparición de la refrigeración industrial.
Los nevaters, protagonistas de un oficio desaparecido
El comercio de la nieve dio origen a un trabajo tan duro como imprescindible: el de los nevaters.
Estos trabajadores recogían la nieve, la compactaban en el interior de las neveras y posteriormente la cortaban en bloques que eran transportados durante la noche para evitar su derretimiento.
Las largas jornadas de trabajo, las bajas temperaturas y la dificultad de los desplazamientos hacían de esta actividad uno de los oficios más exigentes de la época.
Aun así, durante siglos constituyó una importante fuente de ingresos para muchas familias del interior alicantino.
Mucho más que conservar alimentos
El hielo tenía numerosos usos en la sociedad tradicional.
Además de conservar productos perecederos, también se utilizaba para elaborar bebidas frías, fabricar helados artesanales y aliviar determinadas enfermedades o reducir la fiebre cuando la medicina apenas disponía de otros tratamientos eficaces.
Su consumo estaba inicialmente reservado a las clases más acomodadas, aunque con el tiempo fue llegando a un número creciente de población gracias al desarrollo del comercio.
Un patrimonio que hoy puede recorrerse a pie
Muchas antiguas neveras forman parte actualmente de itinerarios de senderismo y rutas interpretativas.
Su ubicación, generalmente en zonas de montaña con excelentes panorámicas, permite combinar naturaleza, historia y deporte en una misma visita.
Además de descubrir estas construcciones, los recorridos atraviesan bosques mediterráneos, antiguos caminos tradicionales y parajes de gran valor ecológico que enriquecen la experiencia.
La importancia de conservar este legado
Las neveras representan uno de los ejemplos más destacados del patrimonio etnológico de la provincia.
Su restauración y señalización ayudan a preservar la memoria de antiguos oficios y permiten comprender cómo generaciones anteriores supieron aprovechar los recursos naturales disponibles.
También contribuyen a diversificar la oferta turística del interior, poniendo en valor elementos patrimoniales que hasta hace pocos años apenas eran conocidos fuera de su entorno más cercano.
Una ventana al pasado de Alicante
Visitar una nevera es descubrir cómo la innovación y el ingenio permitieron resolver una necesidad cotidiana mucho antes de la tecnología moderna.
Estas construcciones recuerdan una época en la que el clima, la montaña y el esfuerzo humano hicieron posible un comercio sorprendente que abasteció durante siglos a buena parte de la provincia.
Hoy continúan siendo uno de los grandes tesoros históricos del interior de Alicante y un magnífico ejemplo de cómo el patrimonio puede convertirse también en una herramienta para impulsar el turismo sostenible y preservar la memoria colectiva.









