Bitácora de futuro Lo conté

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Era de tarde, el ambiente estaba caluroso y fatigante, me encontraba en la sala corredor de la casa de doña María, había llegado de visita, su hijo estaba presente, se conversaba de múltiples cosas, doña María nos contó una anécdota muy interesante, algo que le sucedió hace aproximadamente 50 años, cuando ella iba a ser operada de apendicitis. Murmuró a media voz-¡Dios mío qué dolor!-comenzaba a sentir muchas molestias la apéndice-, entonces decidió ir a hacerse un reconocimiento donde su médico. Eran las dos de la tarde, salió de su hogar con rumbo a donde el médico, dejando a su pequeño hijo de catorce meses en casa, quien le preocupaba por ser un niño de cuidado, ya que era sietemesino, al nacer pesó apenas tres libras, al punto que su madre sentía temor que el gato se lo comiese.

Con tales preocupaciones por el hijo y el hogar, llegó donde el médico, fue examinada y este le dijo: “doña María, usted tiene que ser intervenida quirúrgicamente por apendicitis, porque los tratamientos no dieron resultado y hay peligro que empeore su situación”. Bueno doctor, usted sabe lo mejor, para cuándo sería esa intervención, a lo que contestó el médico que sería el día siguiente a las diez de la mañana.

Doña María antes de llegar a su casa pensó: “para que no descubran a dónde andaba, voy a pasar comprando unos biberones para mi hijo”.

Al llegar a casa, su marido le preguntó: ¿De dónde venís?-María contestó: vengo de hacer unas compras para el bebé, me hubieses avisado dijo él, estaba sumamente preocupado por vos, cuando vayas a salir avísame, para estar entendido y de esa manera no estar preocupado por ti. Ella le respondió cariñosamente: está bien mi amor, te avisaré.

En ese momento doña María se preguntaba: “Dios mío, cómo voy a hacer que mi marido no se entere, de lo contrario va a complicar las cosas, gracias a Dios no hay mayores dificultades”.

El mismo día a las cinco de la tarde, don Alberto, el esposo de doña María, quien era un ilustre abogado, asistió a un convivio en casa de una pariente que cumplía años. Estando en la fiesta, saluda al médico que había examinado a su esposa y le dijo: “Ve Alberto vamos a tener que intervenir quirúrgicamente a tu esposa, debido a que tiene un problema de apendicitis” -¡Ajá!- contestó Alberto, quien estaba sorprendido por la noticia, podría explicarme cómo se tomó esa determinación de operar a María. El doctor le explicó que su esposa había llegado por la mañana a su consultorio, la había examinado y según sus dolencias no cabía duda de que se trataba de un caso de apendicitis, en el que era necesario operarla lo antes posible y que por ese motivo lo había programado para operación el día siguiente. Posterior al razonamiento del doctor, Alberto le dio las gracias y se despidió.

Esa tarde se tomó unos tragos, que por cierto lo marearon bastante y antes que cayese la noche se despidió de la fiesta y se fue a su casa. La esposa lo esperaba, cuando llegó no exteriorizó absolutamente nada, sino hasta la hora de la cena. Alberto dijo: “María por qué no me diste parte en el asunto de tu operación ¿Acaso soy ajeno a tu vida”. Ella contestó: -lo que sucede es que no quiero causarte molestias-. Alberto respondió, mañana te intervienen y no estoy de acuerdo porque ese dolor que tenés no es apendicitis. Pero, si el médico diagnosticó apendicitis y tú no eres médico, además, aunque te molestes estoy decidida a operarme por mi bien.

En ese momento llegó el coche. Alberto, dijo doña María, ya vino el coche por mí pero él se quedó quieto, no dijo nada, doña María se subió al coche y expresó: “podemos irnos don Nacho”. Cuando el coche había avanzado unos 15 metros, se escuchaba una voz que decía María…, detened el coche, palmoteaba las manos. El coche se detuvo y cuando se acercó la persona que gritaba, le dijo a María, vas sola al hospital. Sí, le contestó ella, qué barbaridad nadie te acompaña, pues yo sí te voy a acompañar, está bien Modesta.

El coche siguió su rumbo y cuando este se aproximaba a la iglesia la Asunción, Modesta dijo a María, entremos a la iglesia, está bien respondió María. Entraron a la iglesia, una vez ahí, se le acercó un médico de los que ayudarían su operación y le dijo: ¡Hola doña María! quiero hacerle un comentario, en el hospital no hay a disposición sala de primera clase, por eso hay inconveniente para su operación, entonces doña María respondió: -Vea usted doctor- si la operación es de urgencia, no importa si hay sala de primera, segunda o tercera, lo que importa es salir de la emergencia, por lo tanto, no tengo ningún inconveniente que me coloquen en una sala que no sea de primera, por mí no hay cuidado. El doctor dijo que estaba bien lo que ella decía y que no había ningún problema para proceder a operarla.

Estando en el hospital la prepararon, los médicos preguntaban por el doctor Alberto (esposo de doña María), posteriormente se dieron cuenta que se había ido al bajadero de la playa ¿Cómo es eso preguntó su esposa? sí doña María, contestó su compadre, su marido se fue al bajadero de la playa, a la Bomba.

Antes de ser intervenida, doña María escuchaba llantos, lamentos y murmullos varios afuera de la sala, en donde aguardaba para ser trasladada a la sala de operación, entonces ella le dijo al doctor ¿Me permite ver qué es lo que pasa allá afuera? El doctor contestó: Claro que sí. Minutos después se asomó por la ventana y les digo a sus amigas ¿Qué les pasa a ustedes?, yo estoy biendijo doña María, con voz firme y semblante sereno.  

Se procedió a operarla, salió del quirófano y la trasladaron a una sala de primera clase, que según parece había sido desocupada el mismo día. Cuando doña María despertó, en las afueras de la sala (corredor) se escuchaba una discusión, era un señor al cual le habían operado a su esposa y gritaba diciendo- ¿Acaso solo el dinero del doctor Alberto vale en este hospital?-llegando al punto te insultar a unas monjas que se encontraban ahí. Dicha discusión se suscitó, porque no habían colocado en la sala de primera a su esposa sino a la esposa del doctor Alberto.

El mismo día de la operación, el compadre de doña María le fue a avisar al doctor Alberto, quien se encontraba en el bajadero de la playa, le dijo que su esposa ya había sido operada. Al llegar lo encontró sentado en una piedra tomando licor y viendo hacia el  poniente. Al acercarse donde el doctor Alberto se encontraba, le comunicó que su esposa ya había sido operada, preguntó cómo había salido y el compadre contestó: “Salió bien”. Acto seguido procedieron a subir del bajadero, para enrumbarse al hospital.

Al llegar al hospital, observó que se encontraban presentes los amigos y parientes, los saludó y luego entró a la sala donde se encontraba doña María y le preguntó cómo había salido, que si todo estaba bien, ella le contestó: Tranquilízate, todo está bien. Don Alberto dijo: Como vas a estar aquí por ocho días, entonces voy a venir a verte diario.

En lo sucesivo marcharon bien las cosas y se llegó el día en que le dieron de alta a doña María. Era el hombre más feliz, porque su esposa retornaba al hogar, además, los cuidados de su parte fueron muy buenos.

Doña María con el correr de los años le comentaba a su esposo Alberto: “Esta realidad, no tiene razones misteriosas, lo que conlleva en sí, es el fondo de sí mismo, como fuente única que alimenta el alma y no obedece a la fracción del llanto de la palabra, sino al recuerdo, cuya esencia es la perpetuidad de un amor eterno, que ha procedido, no por suposición, sino por definición”.

Esta narrativa que por supuesto es de la vida real, es el clásico ejemplo del amor de dos almas que se armaron hasta que la muerte los separó.

A la memoria de Alberto y a María su destino, entre los laberintos y las inconstancias de esta realidad que nos circunda.

Micro Autobiografía: Bayardo Quinto Núñez (Bayquinú) ha publicado veintiséis (26) Libros: Ensayos; Opiniones diversas; Pohemas; Cuentos; Relatos; Minicuentos; Novelas Cortas; y tiene varios libros escritos inéditos, y otros que va escribiendo, los cuales en su momento si hay oportunidad saldrán a la luz pública, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales; Abogado y Notario Público; Instructor Deportivo en Baloncesto, Escritor; Pintor; estudio Siempre Música, Artesano del Calzado, y/o Zapatero Alistador, y tras su ardua experiencia en medios escritos de gran trayectoria en Nicaragua, como ¡El Nuevo Diario y Diario La Prensa!. Columnista Internacional, y Nicaragüense.

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Bayardo Quinto Núñez

Bayardo Quinto Núñez, Escritor, pintor, músico Nicaragüense.

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