De la serie “Lo que no se dice en voz alta”
Los hombres de mi generación aprendieron a amar en silencio…
como si decirlo pudiera romperles la hombría.
He llegado a la edad adulta y siento un dolor que me persigue.
Porque he buscado en los resquicios de mis recuerdos una palabra
que aliviaría ese dolor… pero no.
Mi padre nunca dijo que me amaba.
Pero en invierno se levantaba más temprano para calentar el agua
con la que me bañaría para que no enfermara.
Nunca me abrazó.
Pero jamás permitió que caminara sola de noche.
Mi padre sabía medir harina, levadura y tiempo…
pero nunca encontró la receta para decir “te amo”.
Nos alimentó toda la vida con el pan de sus manos…
pero yo crecí con hambre de una sola frase.
Habemos personas que crecimos sin escuchar “te amo” …
y aun así aprendimos a cuidar a los demás con una ternura inmensa.
Y entonces me pregunto…
¿en qué momento aprendí yo a amar así?
¿en qué grieta de su silencio se me filtró el amor?
Porque tal vez mi padre no sabía decirlo,
pero lo decía con el pan caliente sobre la mesa,
con la puerta siempre cerrada para que nadie me hiciera daño,
con sus manos cansadas que nunca dejaron de trabajar por mí.
Y yo… yo confundí el silencio con ausencia.
Confundí la dureza con frialdad.
Confundí su forma de amar… con no saber amar.
Y sin darme cuenta…
crecí buscando lo mismo.
Buscando a alguien que amara como él.
Alguien que protegiera sin decirlo.
Alguien que callara lo que sentía.
Y lo encontré.
Y lo amé así… al principio.
En el mismo idioma del silencio.
En la misma torpeza del gesto, no de la palabra.
Pero un día… entendí que algo en mí tenía que romperse.
Empecé a escribirle lo que sentía.
A decirle, aunque me temblara la voz, que también era importante decirlo.
A no dejar que el amor se escondiera detrás de lo obvio.
Y él… al principio no sabía.
Le costaba. Se perdía entre las palabras.
Como si aprendiera un idioma nuevo.
Hasta que un día…
muy bajito…
como quien se atreve por primera vez a nombrar el mundo…
me dijo:
“Te amo”.
Y no sonó fuerte.
No sonó perfecto.
Pero sonó vivo.
Y en ese instante entendí…
que lo que no se dice… también se puede aprender a decir.
- Liaazhny
- Mayo 30,2026.








