El colectivo antiespecista Dénia Animal Save realizó el pasado sábado una protesta contra la industria peletera en Benidorm con el fin de exponer el sufrimiento animal e impacto medioambiental que la misma ocasiona.
Desde la organización aseguran que estas acciones buscan visibilizar lo que consideran “una auténtica masacre hacia los Animales”, así como promover un cambio de mentalidad en la Sociedad para excluir el uso de animales en el día a día.
“Para fabricar un abrigo de piel se matan mínimo 12-15 linces, 10-15 lobos o coyotes, 15-20 zorros, 60-80 visones, 27-30 mapaches, 10-12 castores o 60-100 chinchillas. Además, en la industria peletera se mata a los animales a los 7-10 meses de vida“, ha explicado Álvaro Tarancón, coordinador de Dénia Animal Save.
La Comisión Europea próximamente debe anunciar si prohibirá o no la cría de animales para peletería en toda la Unión Europea, respondiendo así a la Iniciativa Ciudadana Europea “Fur Free Europe”, que alcanzó 1.502.319 firmas validadas.
LA HORROROSA REALIDAD
Las condiciones de vida de las granjas peleteras para los animales obligados a vivir en esos lugares son horrorosas y tétricas. La mayoría de ellos permanecen aislados o hacinados en estrechas jaulas metálicas o en naves cubiertas, a menudo expuestos a las inclemencias del tiempo y demás condiciones atmosféricas, hasta que los sentencian a muerte.
Estas víctimas están estresadas, aburridas, deprimidas, agobiadas, entristecidas, acongojadas y temerosas. Por ejemplo, los visones son animales solitarios que se estresan una barbaridad con el hacinamiento; pues siempre deambulan sin compañía por su hábitat. La depresión y vulneración de sus intereses inalienables los hace automutilarse.
Los zorros y otros animales, aquéllos que todavía mantienen unos hábitos salvajes, pese a la continua intromisión e intento de domesticación por parte del hombre, sufren además de canibalismo en estas condiciones.
Como el producto que importa es la piel, se los alimenta lo mínimo posible y se los priva de cualquier cuidado necesario.
Si ocurre algún accidente a causa de una pésima gestión o por forcejeo entre tales animales, habitualmente se prefiere dejar morir al animal malherido; ya que, si no hay tratamiento, se incrementa el beneficio.
La industria se carga a los animales de tal manera que su piel no resulte dañada. En consecuencia, la ejecución se realiza por gaseamiento o electrocución por vía bucal, anal o vaginal, o también, acaban desnucados.
Dado el ritmo frenético y desalmado de la granja, muchas veces los animales ni siquiera están totalmente Muertos cuando se los despelleja.
Finalmente, los restos corporales terminan vendidos a la criminal industria cárnica para la elaboración de alimentos destinados a Perros, gatos y otros animales domesticados y despojados de su hábitat natural por el ser humano.
Ésta y otras formas de explotación seguirán existiendo mientras los seres humanos continúen considerándose superiores a las restantes especies.
GRANJAS PELETERAS
“En las granjas peleteras los animales viven en una situación de privación de libertad que les provoca un gran estrés. La sintiencia va mucho más allá de la posibilidad de percibir dolor y el correcto desarrollo vital implica mucho más que disponer de alimento y agua. Los demás animales pueden experimentar de forma subjetiva estados afectivos negativos y positivos como el dolor, la angustia, la ansiedad, el aburrimiento, el hambre, la sed, el placer, la calidez, la alegría, la comodidad o la excitación“, ha explicado Rosa Más, bióloga.
“Esta capacidad hace que un animal sea consciente de sí y del mundo que le rodea. Si interpretamos la sensibilidad como criterio de consideración moral válido, deberíamos replantearnos nuestra relación con ellos y reconocer que son sujetos con intereses que merecen ser respetados; intereses que tratan de buscar situaciones gratas y de evitar trances desagradables“, explica Más.
“Por otra parte, como ocurre en todas las instalaciones en las que se hacinan animales, el impacto no es solo contra las víctimas directas, que son los individuos cuyo destino es el despellejamiento, sino que también causan graves daños a los habitantes de los ecosistemas próximos por tratarse de una actividad altamente contaminante, principalmente del agua por vertido de los purines, que eutrofizan las aguas continentales“, zanja la científica.
Con esta nueva movilización en Benidorm, el colectivo antiespecista hace un llamamiento a la ciudadanía para rechazar el uso de pieles y, en su caso, optar por tejidos vegetales de producción local. Un ejemplo muy interesante es la paja de arroz, un subproducto agrícola de difícil eliminación porque su combustión genera emisiones contaminantes, mientras que intentar mezclarlo con la tierra provoca que se pudra consumiendo oxígeno, lo que, a su vez, origina zonas anóxicas con la consecuente mortandad de animales acuáticos, principalmente peces.
El uso de este material en la industria textil serviría para dar nueva vida a un residuo y liberar aguas continentales como las del lago de Albufera, en Valencia, zona tradicionalmente arrocera, de las consecuencias fatídicas de esta actividad humana.
Educar a la infancia en el antiespecismo es tremendamente urgente porque vivimos en una sociedad cada vez más insoportable.
Esperemos que pronto podamos anunciar el fin de la industria peletera y mientras esto ocurre solamente puedo amparar a la conciencia de los lectores e interés en crear un mundo mejor.
En consecuencia, el colectivo anima a toda la sociedad a evolucionar en cuanto a la empatía y el respeto que merecen los demás animales y a buscar alternativas que minimicen el impacto que causamos en el planeta.
Toda forma de explotación animal independientemente de la especie es injusta porque quebranta el principio de igualdad. El único camino hacia la Justicia es el sencillísimo veganismo que protege a todas las especies animales por igual.


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