Los habitantes de Villena son villenenses, pero alrededor de la localidad también ha sobrevivido otro nombre mucho más peculiar: «bajocas». Este antiguo malnom, ligado al valenciano y a la cultura popular de los pueblos, forma parte de una tradición en la que una palabra podía terminar identificando durante generaciones a una persona, una familia e incluso a los vecinos de todo un municipio.
Los pueblos de Alicante no siempre han llamado a sus vecinos únicamente por el gentilicio que aparece en los diccionarios.
Durante generaciones han sobrevivido motes, apodos y «malnoms» que forman parte de una cultura oral especialmente arraigada en la Comunitat Valenciana.
Algunos nacieron de un oficio. Otros procedían de una característica física, una comida, una expresión que alguien repetía constantemente o una anécdota que terminó pasando de padres a hijos.
Y en Villena aparece uno particularmente curioso: «bajoca».
¿Qué significa «bajoca»?
La palabra resulta inmediatamente reconocible para muchos valencianohablantes.
Bajoca es un término tradicional valenciano utilizado para referirse a determinadas vainas o judías y forma parte del vocabulario cotidiano y gastronómico valenciano.
Sin embargo, cuando aparece como malnom en Villena adquiere otra dimensión.
Un trabajo dedicado a recopilar y estudiar los miles de apodos valencianos recoge precisamente «Bajoca» como uno de los malnoms documentados en Villena, en la comarca del Alto Vinalopó.
Lo llamativo es que su presencia sirve también como una pequeña huella lingüística.
Villena es actualmente un municipio predominantemente castellanohablante, pero la existencia de un sobrenombre de raíz valenciana recuerda la histórica convivencia y circulación de palabras entre localidades y comarcas próximas.
De un apodo personal a una seña de identidad
Aquí conviene hacer una distinción.
No todos los apodos populares funcionan exactamente igual.
En algunos pueblos existe un sobrenombre ampliamente utilizado para referirse colectivamente a sus habitantes. En otros casos, los malnoms pertenecen originalmente a personas o familias concretas y terminan adquiriendo una enorme notoriedad local.
Esta tradición era especialmente útil en municipios donde podían coincidir muchas personas con nombres y apellidos similares.
Preguntar únicamente por «José» o «Vicente» podía no ser suficiente.
El malnom permitía saber inmediatamente de qué persona o de qué familia se estaba hablando.
Y en numerosos casos el sobrenombre terminaba heredándose.
Una persona podía continuar siendo conocida por el apodo de su abuelo incluso cuando la característica, profesión o anécdota que había originado aquel nombre había desaparecido hacía décadas.
Los apodos de los pueblos de Alicante
Villena está lejos de ser una excepción.
La provincia conserva numerosos ejemplos de esta tradición.
Uno de los más conocidos aparece en Novelda, donde el sobrenombre «rabuts» ha pasado a formar parte de la propia identidad popular de la localidad.
DSAlicante ya explicó por qué a los habitantes de Novelda se les conoce como «rabuts» y las distintas teorías existentes sobre el origen de este curioso apodo.
Son términos que no deben confundirse necesariamente con los gentilicios.
El gentilicio oficial o habitual identifica a los habitantes de un lugar. El apodo popular, en cambio, procede de la tradición oral y puede tener un origen completamente diferente.
¿De dónde salían los «malnoms»?
Prácticamente de cualquier sitio.
Los estudios sobre los apodos valencianos muestran una variedad enorme.
Podían proceder de nombres propios, de características físicas, de la personalidad, de alimentos, animales, plantas, profesiones, objetos, expresiones habituales o incluso de comparaciones con personajes históricos.
Un oficio podía convertirse en el nombre por el que se conociera a toda una familia.
Una peculiaridad física podía hacer lo mismo.
Y una palabra pronunciada de una determinada manera podía sobrevivir durante varias generaciones después de que nadie recordara exactamente quién empezó a utilizarla.
Ese es precisamente uno de los grandes problemas a la hora de explicar hoy muchos apodos antiguos: el término ha sobrevivido, pero su historia original no siempre lo ha hecho.
Los apodos podían heredarse durante generaciones
El funcionamiento de los malnoms tiene mucho que ver con la vida cotidiana de los pueblos.
En comunidades donde buena parte de los vecinos se conocían, el sobrenombre se convertía en un mecanismo extraordinariamente eficaz para identificar a alguien.
En ocasiones llegaba a ser más conocido que los propios apellidos.
El apodo podía transmitirse de padres a hijos y terminar identificando a diferentes generaciones de una misma familia.
Esta costumbre todavía permanece en muchas localidades de Alicante, aunque el crecimiento de las ciudades y los cambios sociales han reducido parte de aquel uso cotidiano.
Al mismo tiempo, internet está provocando un efecto curioso: palabras que estaban quedando restringidas a la memoria de los vecinos mayores vuelven a despertar interés.
«Bajoca», una palabra valenciana en Villena
El caso de Villena resulta especialmente interesante por el componente lingüístico.
La documentación sobre malnoms valencianos señala precisamente el valencianismo presente en Bajoca.
Esto convierte el apodo en algo más que una curiosidad.
Los sobrenombres pueden proporcionar pistas sobre las relaciones históricas entre municipios, desplazamientos de población, vocabulario compartido y formas antiguas de hablar.
Por eso existen proyectos dedicados a recopilar estos nombres antes de que desaparezcan.
No se estudian únicamente como bromas o motes.
También constituyen patrimonio lingüístico y cultural.
Apodo y gentilicio no son lo mismo
A los habitantes de Villena se les conoce como villenenses.
Ese es el gentilicio.
«Bajoca», en cambio, pertenece al terreno de los apodos o malnoms populares documentados en la localidad.
La diferencia es importante porque presentar todos estos términos como gentilicios alternativos puede llevar a conclusiones equivocadas.
Lo interesante está precisamente en descubrir por qué determinados nombres aparecieron y cómo consiguieron sobrevivir durante décadas o siglos.
En algunos casos existe una explicación histórica bastante sólida.
En otros sobreviven varias versiones.
Y también existen apodos cuyo origen probablemente se ha perdido para siempre.
Una tradición que se resiste a desaparecer
Aunque actualmente resulta mucho más sencillo identificar a cualquier persona por sus nombres y apellidos, los apodos siguen formando parte de la identidad de numerosos pueblos alicantinos.
A veces permanecen dentro de una familia.
En otras ocasiones terminan asociados a una calle, un negocio, una asociación o una celebración.
Y algunos consiguen trascender hasta convertirse en una forma popular de hablar de los habitantes de una localidad.
La provincia de Alicante ofrece un campo especialmente rico para recuperar estas historias.
Desde los «rabuts» de Novelda hasta los malnoms documentados en Villena, cada palabra puede esconder una pequeña parte de la historia de un municipio.
En el caso de «Bajoca», además, el término conserva una huella valenciana en una ciudad donde hoy predomina ampliamente el castellano.
Un simple apodo que, después de generaciones, sigue contando algo sobre quienes vivieron allí antes que nosotros.











