Tenemos un tren de obligaciones y nada en retorno. Todo se acumula sin ningún alivio. Las cosas van a reventar seguro.
Esto no es un maratón, una prueba, un reto que hay que tener para ser mas competitivo. No se trata de compararte con tu vecino y pedir más dinero prestado en el banco para comprarte un coche más grande.
Esto va de una olla de presión cuando la válvula emite un ruido sibilante y libera vapor, significa que ha alcanzado la presión interna necesaria para cocinar. Este sonido es totalmente normal y es el mecanismo diseñado para evitar la acumulación excesiva de vapor.
Para gestionar este momento de forma segura y eficiente hay que bajar el fuego. En cuanto la olla empiece a silbar o a liberar vapor de forma constante, reducir la intensidad de la placa al mínimo necesario para mantener la presión. No la abras. El ruido indica que está presurizada. Bajo ninguna circunstancia intentes forzar la apertura en este estado.
Las manifestaciones y las protestas se inspiran en este concepto. Es la válvula de seguridad emitiendo ruidos de reivindicaciones. Un proceso que tiene sus experiencias desde hace muchos años. El poder lo tiene diseñado como un traje a medida. Todo un arsenal de medidas para contener el descontento. Las porras de la policía nunca faltan en estos momentos de tensiones. Se negocian unas migas para calmar la situación. Equivalente a bajar el fuego de la olla. No se soluciona realmente el malestar de una cocción constante.
El problema ahora es cuando nadie reduce la intensidad del fuego. Se intenta llamar al ministro, el presidente para que verifiquen las tuberías. Repasar los puntos de posibles averías. Esto va a reventarse. Hasta las cloacas olen a mierda.
Un país creador de burbujas especulativas, deja muchas oportunidades perdidas para su propio pueblo. El dinero ganado no es para el país es para gente sin escrúpulos. Juguetón con las loterías, la caridad la paga el jugador y el estado lavándose las manos de la miseria creciente. Las trampas de gente organizadas. Los desajustes económicos y sociales especulativos acompañados de la corrupción sistémica son el resultado de una situación insostenible cuando las reglas del juego cambian.
El 37% de los trabajadores se encuentra en el umbral del SMI o por debajo, una cifra impulsada por el estancamiento de los salarios intermedios y el peso del empleo a tiempo parcial. Es una absoluta barbaridad. Cruel y desubicado. La tremenda situación de cambios geopolíticos y económicos con la llegada de la inflación precipita a mucha gente que ya tenían poco en un verdadero callejón sin salida. Encima el tema de la vivienda que hace colmar el vaso. La furia está contenida, la presión sube…sube.
Ahora se mezclan todos los problemas a la vez. Las huelgas, el poder adquisitivo que desaparece, las viviendas imposibles, la corrupción en el estado. La persecución constante del reloj está manejando tu vida.
El tiempo siempre lo pierdes tú.
Llegar a tiempo al trabajo con los atascos, llevar a tus hijos al colegio, colas en el médico, todas partes, baches en las calles, recibimos palos por todos los lados.
Las facturas siempre las pagas tú.
Tickets de compras y de servicios exorbitantes, presión fiscal, imprevistos todo el tiempo. Cambios de reglas sin aviso prudente. Es un concierto sibilante donde las respuestas nunca llegan. Se acumulan las frustraciones desbordando el ámbito laboral y privado. Ya basta que la salud mental empiece a fallar. El país no brilla como el marketing estatal te lo pinta. Son parte integrante y solidaria del problema.
Al final afecta tu propio funcionamiento. Eres un nuevo manifestante potencial. La cola se agranda cada día sin soluciones para tus propios asuntos. Las clases medias empiezan a sentir el calor del malestar. Todos estos hámsters corriendo la rueda en su caja de metal dorado empiezan a cansarse. Encima sus vecinos tienen las mismas ollas de presión que también cantan el demonio. La cuerda en el cuello no agranda tu libertad. Agranda tu lucidez.
El estado está agotado. Tu también. El sistema no funciona simplemente por pasarse de revoluciones. El motor está sobrecalentado. Ya estamos en un buen lío. Si esto no se soluciona estaremos en un espiral de desmadre colosal.
Las situaciones internacionales provocadas son tan extrañas como para inquietarse aún más. Tienen inmediatas incidencias con nuestras vidas. También afectan nuestras sensibilidades morales. Como si la violencia y la impunidad fuera la entrada de un menú para acostumbrarse a la mala alimentación, la desesperación y la destrucción de décadas de esfuerzos.
La temible situación política donde la conducta está inapropiada, la polarización y la inacción provocan inmensos daños a la población. Nuestra pasividad cuando te pegan y espera otra hostia sin reaccionar es un signó de abdicación. Solo esperamos que la olla no nos explote en las caras.
Será que lograron considerarnos simple mercancía sin voces, sin dolores, nada que decir, anestesiados, asfixiados con una montaña de nuevas obligaciones que finalmente no vamos a poder cumplir. La mochila de las familias está demasiado cargada. Se entrenan los niños desde la preescolar con una carga insólita. Todo es peor al nivel autonómico y estatal. Un colapso financiero, deudas y cuando hay problemas lo solucionan con la EU abriendo el grifo. Un dinero virtual sin ningún respaldo. Es un pozo sin fondo. Algo va a pasar. Los intereses de las deudas aumentan con la inflación. El riesgo país también en cualquier momento va aumentar. Son condiciones evidentemente adversas. Todo un circo donde todavía no sacaron los animales más peligrosos.
Los políticos nos llevaron a la quiebra personal. La fuente de sus ingresos se está secando. Apoyan la inflación generadora de nuevos ingresos para compensar. En este momento quieren que seamos nosotros los culpables. No mantienen los servicios básicos en buenos estados, prefieren pagar el servicio de las deudas cada vez más abultadas, dejar la puerta abierta para pedir más. Seguir con las locuras dejándonos los dos pies en el lodo. No quieren reconocer sus errores. La oposición política tampoco propone nada. Solo quieren el poder para seguir con los malos hábitos. Ninguno parece tener remedios. De momento se satisfacen de crear desigualdades. Compran armas por si acaso. Poner en las cuerdas la mitad de la población no es buena idea. La democracia está crispada, infeliz y sin proyectos. El precio a pagar será muy alto. Habrá que reinventarse.
- Viva la vida








