Grecia ha perdido el 58% de la capa de nieve en sus principales montañas durante los últimos cuarenta años, según una investigación internacional liderada por la Universidad de Cambridge y publicada en la revista científica The Cryosphere. El estudio apunta al aumento de las temperaturas como causa principal del retroceso y no a una reducción general de las precipitaciones.
La investigación analiza la evolución de la nieve entre 1984 y 2025 en diez de los macizos montañosos más altos del país heleno. Para ello, los científicos combinaron imágenes satelitales de misiones de la NASA y la Agencia Espacial Europea, datos climáticos, mapas de relieve e inteligencia artificial mediante una herramienta denominada snowMapper.
Un retroceso acelerado desde principios de siglo
Los resultados indican que la pérdida de nieve no solo ha sido intensa, sino que se ha acelerado desde comienzos del siglo XXI. La temporada nival empieza ahora más tarde y termina antes, lo que reduce el tiempo durante el cual la nieve actúa como reserva natural de agua para ríos, acuíferos y ecosistemas.
El estudio concluye que el aire más cálido favorece que parte de la precipitación que antes caía en forma de nieve lo haga ahora como lluvia en zonas de gran altitud. La diferencia es clave: la lluvia escurre con rapidez, mientras que la nieve se acumula y libera agua de forma progresiva durante los meses más secos.
Por qué la nieve es importante para el agua
El autor principal del trabajo, Konstantis Alexopoulos, del Instituto Scott de Investigación Polar de Cambridge, resume la función de la nieve con una comparación sencilla: “La nieve es como un depósito natural”. Esa reserva permite que el agua llegue de manera más escalonada a ríos, lagos y acuíferos durante el verano.
La pérdida de esa función preocupa especialmente en regiones mediterráneas, donde las lluvias son irregulares y los veranos concentran una parte importante de la demanda hídrica. En el caso griego, los investigadores advierten de posibles consecuencias para el abastecimiento, el riego agrícola, la generación hidroeléctrica y los ecosistemas naturales.
Una señal para el Mediterráneo y para Alicante
Aunque el estudio se centra en Grecia, sus conclusiones tienen interés para otros territorios mediterráneos, incluida la provincia de Alicante. No porque los datos puedan trasladarse de forma automática, sino porque muestran cómo el calentamiento altera el equilibrio entre nieve, lluvia y disponibilidad de agua en zonas vulnerables.
La Comunitat Valenciana está considerada un territorio expuesto a los efectos del cambio climático, con riesgos vinculados al aumento de temperaturas, la reducción de precipitaciones, los fenómenos extremos, la presión sobre los recursos hídricos y el impacto en la agricultura.
En Alicante, donde el agua condiciona el desarrollo agrícola, urbano, turístico y ambiental, este tipo de investigaciones ayuda a entender por qué la gestión hídrica será cada vez más importante. La provincia no depende de la nieve griega, pero sí comparte con el Mediterráneo una realidad climática marcada por veranos secos, episodios extremos y una creciente necesidad de adaptación.
Cómo se hizo el estudio
Los investigadores utilizaron imágenes de satélite para identificar la presencia o ausencia de nieve en días despejados. Como las nubes y las sombras impiden obtener una visión completa en muchas jornadas, el equipo aplicó aprendizaje automático para reconstruir los huecos de información.
La herramienta snowMapper generó mapas diarios de nieve con una resolución de 100 metros para los diez macizos analizados entre 1984 y 2025. El trabajo, firmado por Konstantis Alexopoulos, Ian C. Willis, Hamish D. Pritchard, Giorgos Kyros, Vassiliki Kotroni y Konstantinos Lagouvardos, fue publicado el 23 de abril de 2026.
Qué se espera ahora
El equipo investigador trabaja ahora en traducir estos datos de superficie nevada a cambios en el volumen de agua disponible y en proyectar cómo podría evolucionar la disponibilidad hídrica hacia finales de siglo. Ese paso será clave para valorar el alcance real del retroceso de la nieve en la agricultura, los ecosistemas y el consumo humano.
Para los lectores de Alicante, la lectura local es clara: los cambios que ya se observan en otras montañas mediterráneas refuerzan la necesidad de anticipar escenarios de mayor estrés hídrico, mejorar la eficiencia en el uso del agua y adaptar las políticas públicas a un clima más cálido y variable.
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