Volando con un Boeing 737-800/Max lleno con sus 180 pasajeros, salimos desde Valencia. Un vuelo especialmente organizado para un programa del IMSERSO. Nos encontramos con un aeropuerto completamente desbordado, ya que viajar en estas condiciones antes de montarte a bordo necesita algo de tolerancia. Signos de una gran afluencia turistica en muy pocos años. Llamativo el cambio, es como encapsular drásticamente tu espacio de confort. Hasta la bollería o un café suben como la espuma. Del lado de los operarios tampoco debe ser un relax con 360 maletas de 23 kg. 8280 kg por este vuelo solo. Hay unos 92 vuelos de salida a diario en media anual.
Llegando al aeropuerto del norte de Tenerife (La Laguna), otros 4 buses para transportarnos en los varios hoteles asignados. Ya que tenemos ganas de salir para observar los entornos inmediatos, nos citan para la charla orientativa sobre la mejor manera de quitarte unos billetes más de tus bolsillos. Las famosas actividades. Aquí es mejor escuchar y decidir nada en caliente. Si cae en el rollito no te dejan ni siquiera ver un atardecer tranquilo. No es que te quieren engañar, solo quieren atraerte de preferencia, teniendo el cultivo de clientes en las manos. Si vas por tu cuenta pagará más o menos igual con los competidores. En cada esquina hay venta de paquetes turísticos y servicios de lo que sea. Esto se transformó en una industria en pleno funcionamiento casi todo el año con un clima tan bueno.
Aquí entramos en la parte que más duele.
Un enfoque turístico extremo. Que el alquiler de coches o motos, el almuerzo incluido en la excursión, un guía, vas al grano sin necesidad de buscar por ti mismo. La curiosidad con el contacto local se excluye de facto. Si eres de los que están buscando eliminar el «bling bling», ves que los buses son muy nuevos, que van a todas partes. Aplicación en linea. Ubicación en vivo. Etc..
Cuesta una fracción de la famosa excursión. En lugar de conducir un coche de alquiler donde estacionar es un reto, puedes meterte en las excursiones. También ver lo mismo manejando el tiempo que quieres y disfrutar «tu» día con «tu» ritmo sin demasiado estrés montando en un bus.
La isla es relativamente pequeña o grande según los criterios. Los pueblos interesantes de visitar están todos marcados. Todo bien para pasarlo de diez. Pueblos, mar, montaña, piscinas y todos los cafés y terrazas que quieras. Heladerías y dulces. Restaurantes de todo tipo si el todo incluido del hotel te aburre. Tiendas de souvenirs, disco party, karaoke y espectáculos diversos. Los bares también son activos de noche con los grupos de turistas buscando el cubalibre a buen precio. La sorpresa mayúscula es que con tanto turismo, los precios de las cosas basicas siguen contenidos. No se perciben como un atraco por ser una isla llena de extranjeros. Hay trucos en los supermercados. Varios puntos para comprar agua por ejemplo. Cada sitio con un precio diferente. Hay que ser vigilante …
Las carreteras están colapsadas de coches de alquiler, no te promocionan que estacionar es un verdadero reto. La exageración está muy cerca. Hemos esperado dos buses para poder subir ya que están llenos también y no se paran más a las paradas. El sobre turismo está a las puertas ya en mayo, qué debe ser en el verano ……?
Los locales se mezclan con los turistas en las paradas, los que trabajan están esperando el bus con ansiedad poniendo sus horarios laborales en riesgo. Tengo admiración por su paciencia. Siempre quieren ayudar, darte un consejo, una sonrisa. Que grandes son.
También en los hoteles, muy profesionales y atentos siempre. Que haría está industria sin ellos…cuando ya se sabe el trato poco amable de sus nominas y la explosión del coste de la vivienda y poder alojarse que les toca de frente.
El turista disfruta los espectaculares atardeceres, el verde del norte de la isla, las vistas desde el Teide, estas iglesias y pueblos viejos. Para redondear, como si no fueran suficientes los parques temáticos, jardines botánicos, museos y atracciones complementan la estadía. Algo se pierde de la autenticidad en el camino que espera encontrar. Los centros están dedicados al 100% con los turistas. También los pequeños pueblos. Las guias de viajes te atrapan con una realidad aumentada idealizada antes de viajar.
La estadía de diez días sin embargo fue muy captivante ya que pasó tan rápido como el rayo. No debía ser tan malo ya que a pena regresar a casa habrá que hacer doble raciones de caminatas y ejercicios para quedar a punto para el próximo viaje.
Tenerife ya no es la isla de Robinson Crusoé. Es una maquina de hacer mucho dinero con tantas bellezas a la vista. Pero cuidado seguir así no es sostenible. Tendrán que hacer algo. La frontera de la exageración se puede ver por todos los lados. Hacer dinero no está mal, lo que no se puede tolerar es tener falta de respeto para sus propias bellezas, usar sus poblaciones como herramientas de segunda para enriquecer inversores, las autoridades locales metidas en el ajo permitiendo un crecimiento urbanístico turístico ahora desmesurado. La capacidad al limite. Diez días fueron suficientes para acordarme que estos patrones también llegan en territorios remotos. La explotación intensiva de recursos naturales para un crecimiento financiero que no beneficia positivamente a su misma población. Es como tener un virus peligroso y dejarlo crecer sin intenciones de combatirlo. Sus efectos secundarios son temibles. Se quita la felicidad, las sonrisas, la alegría de demasiada gente local. Son los verdaderos propietarios, siempre estuvieron aquí reducidos a servidores sin voces. Tienen mucha dignidad con una resiliencia llamativa. Quizás esté esperando el momento de inflexión donde la exageración colapsará. Ahora viene la pregunta del millón. Porque caemos todos en estas trampas. Nos ponemos en la fila de los culpables. Dejemos que todo esto nos pase. Somos parte solidaria del problema generado. Bien deberíamos recapacitar para más sensatez.
Viva la vida








