«No crean que soy una simple fruta…»
«Desde que amanece en la Cuenca del Papaloapan, una bella región del maravilloso estado de Oaxaca, en México, me preparo para mi gran viaje. Crezco bajo el sol, me baño con la lluvia y espero paciente el día en que una mujer orgullosa me levante sobre su hombro.»
«Entonces ya no soy solo una piña. Me convierto en música. Me convierto en danza. Me convierto en Oaxaca.»
«Cuando escucho los primeros acordes de la banda interpretando Flor de Piña, mi corazón de fruta empieza a latir. Veo pasar a las niñas pequeñas que apenas aprenden los pasos y a las mujeres que llevan años honrando esta tradición. Y pienso: qué afortunada soy de formar parte de algo tan hermoso.»
Son semanas de intensos ensayos, tarde con tarde.
Puedo sentir el ánimo de las niñas y las jóvenes que, entusiasmadas, van al lado de las abuelas a seleccionar cuál de nosotras será la afortunada de llegar con ellas al ensayo.
Escucho decir a la abuela de una pequeña:
—Llevaremos una piña miel, mi vida, porque eres pequeña, para que aguantes y no te canses mucho.
Las jóvenes mayores, al contrario, buscan las más grandes para demostrar resistencia.
Y así, muchas de nosotras toleramos con gusto el ajetreo de una y otra vez.
Ups… alguien no resistió y me soltó.
Quedé mallugada de algún lado.
Seguro seré parte de algún desayuno.
Por fin llega el gran día de la presentación.
En el lugar de la cita hay cientos de nosotras.
Pero al igual que las niñas y las jóvenes, también nosotras traemos listones en el cuello.
¡Qué hermosas nos vemos todas con ese listón convertido en un bello moño que, con gracia, nos hicieron para lucir únicas en el baile!
¡Woooooo!
Vemos demasiado color.
Rojos intensos.
Azules profundos.
Anaranjados vibrantes.
Delicados colores pastel.
Y esos peinados de trenzas que lucen las usileñas, las de Jalapa de Díaz, las de Ojitlán, las de Valle Nacional y las de Ixcatlán.
Aparecen joviales y orgullosas las morenas de Soyaltepec, sin faltar las tuxtepecanas.
Entonces comprendo algo.
No estoy aquí solamente para ser cargada.
Estoy aquí para acompañar los sueños de cada una de ellas.
Y cuando la banda interpreta los primeros compases de Flor de Piña, siento que mi corazón de fruta late tan fuerte como el de la niña que me sostiene.
La música comienza.
Un paso.
Dos pasos.
Un giro.
Y de pronto, todas nos movemos al mismo tiempo.
Yo sobre el hombro de una pequeña bailarina.
Mis hermanas sobre los hombros de jóvenes y mujeres que han ensayado durante semanas.
Desde aquí arriba veo sonrisas, nervios, emoción y orgullo.
Veo a las madres tomando fotografías.
A los padres aplaudiendo.
A las abuelas limpiando discretamente una lágrima que se les escapa de felicidad.
Y entonces entiendo que este baile no es solamente un baile.
Es la historia de un pueblo.
Es el trabajo de quienes cultivan la tierra.
Es la alegría de las niñas que aprenden sus primeros pasos.
Es el esfuerzo de las jóvenes que honran las tradiciones heredadas por sus mayores.
Es el corazón de Oaxaca latiendo al ritmo de la música.
Mientras avanzamos por el escenario, el público aplaude.
Algunas personas sonríen.
Otras cantan.
Y yo, una simple piña —o al menos eso pensaban— me siento la fruta más afortunada del mundo.
Porque hoy no soy solo piña.
Hoy soy recuerdo.
Soy tradición.
Soy orgullo.
Soy Flor de Piña.
Y cuando la música termina y llega el último aplauso, cierro mis ojos de fruta y suspiro feliz.
Porque sé que mañana quizás forme parte de un desayuno, de un agua fresca o de un delicioso postre.
Pero nadie podrá quitarme lo vivido.
Nadie podrá borrar la emoción de haber bailado junto a niñas, jóvenes y mujeres que llevan a Oaxaca en el alma.
Así que, la próxima vez que vean una piña, no piensen solamente en una fruta.
Tal vez estén mirando a una bailarina silenciosa que alguna vez soñó, danzó y brilló bajo el cielo generoso de la Cuenca del Papaloapan, acompañando los sueños de una niña que anhela llegar algún día a bailar en la Rotonda de las Azucenas, en la gran Guelaguetza Oaxaqueña.
Muchas gracias.
¡Que viva Oaxaca!
¡Que viva la Cuenca!
¡Y que nunca deje de escucharse Flor de Piña en el corazón de su gente!
- Derechos reservados de autor
- Elizabeth A. Castillo Martínez
- Oaxaca, México 2026.







