Miguel Brass y aquella Belle Époque

Pedro Miguel Herrera, -Miguel Brass-, “se acordó siempre de sus amigos y de sus colaboradores”, relata el cartelista Jesús Padilla notario gráfico del musichall valenciano a quien Brass entrevistaría en las ondas. Era el momento, era la ciudad, era València donde surgió la Belle Époque de Dolly Van Doll. “Vino con Fernando a València y le dio la oportunidad (a Miguel Brass) de ser el show-man de la Belle Époque”, detalla el dibujante. “Yo lo conocí en una entrega de premios, un homenaje que se le hizo a Sareta-Sareta”.

El barrio valenciano de Ruzafa fue el enclave idóneo para que la vedete y empresaria italiana materializara su sueño designando como supervisor y guía artístico de la sala, –desde el año mil novecientos setenta y siete al ochenta y tres-, a Miguel Brass que por aquél entonces actuaba en Lady´s, otro local histórico de la memorable noche valenciana.

El periodista Miguel Ángel Pastor publicaría que “la llegada de la Belle Époque a Valencia causó fascinación entre el público que se rindió incondicionalmente ante un espectáculo tan diferente”.

En pleno mes de junio, cuando los días son más luminosos y las noches valencianas tentadoras, falleció Miguel Brass el artista que inoculaba elegancia en cualquier escenario.

Fue el ventrílocuo José Luis Moreno quien le bautizaría artísticamente como Miguel Brass.

Valencia ha sido para mí un lugar especial, no sólo por el gancho que tiene esta ciudad a través de su belleza, su aroma, el ambiente cordial que se vive y el trato de las gentes, sino porque allí el proyecto de lo que más tarde sería Belle Époque” se consolidó con brillantez, confesaba Carla Follis a la profesional de doblaje cinematográfico y ayudante de dirección Pilar Matos (Pilar Díaz Utrilla) autora de su biografía titulada “De niño a mujer”.

Follis se casaría en València con el que era su empresario en mil novecientos ochenta, el cuál, dado el éxito, le propuso “abrir otro Belle Époque en Barcelona”.

Carla “era bella como Virna Lisi o Brigitte Bardot, era una cosa maravillosa, para mí sinceramente, es la mujer más bonita que yo he visto en mi vida, la más guapa, la más auténtica, yo no sabía absolutamente nada de que era trans, nadie hablaba de ese tipo de cosas”. ¿Por qué ahora parece ser algo que tiene que atañer por cojones a la ciudadanía y todo el mundo opinar? “El progreso de la humanidad va en proporción al número de tópicos que tiene su sociedad”, afirmaba el crítico de arte y ensayista inglés William Hazzlitt.

El joven Brass, ajeno a las bambalinas, confesaba no tener “que ver nada con este mundo” sin imaginar que alcanzaría altísimas cotas de popularidad en tal universo. Fue puntal en la Belle Époque y, por ende, en la cultura valenciana en su momento evolutivo más valiente.

Dolly Van Doll a mí me hizo artista” le confesaría a Enrique García Boubeta quien le apodaría como “el divino calvo”.

Para el citado Hazzlitt, todo escenario, cualquier escenario “regula las pasiones dando rienda suelta a la imaginación. Señala a los egoístas y depravados para que los aborrezcamos, y a los camaradas para que los admiremos”. Y en ello hay peligro porque cualquier dominación no acepta críticas. ¡Llega la censura y represión! La bestia sólo estaba latente y tiene dispuesto su aleccionado escuadrón que si puede hacer, hará, manteniéndose siempre ojo avizor. La revista satírica El jueves recientemente ha siso sentenciada a pagar seis mil euros por elegir al “Gilipollas del año 2024” y aún sigue encarcelado el rapero Pablo Hásel por cantar verdades.

¡Esto marcha señorías, con y sin puñetas! Esto marcha. ¿Cuánto falta para el “nihil obstat” (aprobación que se daba a las obras de teatro en la dictadura franquista)?

¿Persecución al mundo del espectáculo porque enseña a aborrecer la mediocridad?

Meticuloso, magistral, milagroso, emocional, telepático. Brass, cuando los ojos del público se posaban en él, sucedía un fenómeno de orden superior, brotaba la energía positiva y una narcotizante belleza envolvía la Belle Époque.

Ouspenki, ensayista ruso expondría que indudablemente con la burocracia del enchufismo y las filias y fobias inculcadas “las escuelas perdieron mucho de su carácter de cuento de hadas”, pero ¡hete aquí! que en el orbe del espectáculo no, siempre es vívido.

Brass distinguía a simple vista lo rancio de lo nuevo. Transmitía la seguridad del especialista, tanto en la Belle Époque, como posteriormente en Le Paradis, -sala inaugurada en mil novecientos ochenta y dos en la zona urbana de Xúquer-. “Me llamaron para Le Paradis cuando los Mundiales de Fútbol de España”, recuerda Padilla. Aquél emprendimiento fue costosísimo “se gastó muchísimo dinero en pintar techo, suelo, escenario, se gastó en decorados que es en lo que yo participé además de en el cartel”. Para Brass, “la verdad es que fue su mejor apuesta”.

¿Quién se arriesga ahora cuando el accionariado fantasma y los inversionistas israelíes se quedan con todo lo que genera afición, seguimiento masivo y comunicación multitudinaria? ¿Cómo hacer espectáculos libres de tiranías? ¿Desaparecieron aquellos berlanguianos caballos blancos, mecenas encaprichados?

Tras su ruptura con Carla Follis, “se llevó a Mimí Pompón a Le Paradís”, apunta el mencionado pintor. “Se llevó también a Charo Granados” de coreógrafa. “Allí se gastó muchísimo dinero en bailarines, cocineros, había de todo pero lo que pasó es que murió el empresario y dejó a deber dinero”. En Le Paradís programaría “actuaciones de todo tipo. Lola Flores y Carmen Sevilla pasaron por ahí y se ve que llegó un momento que se tuvo que ir a lo del crucero”. Organizaría fiestas como “La Gran noche de los Travestis” cuyo cartel fue obra de Padilla.

Gracias a Belle Époque, ¡por fín! la realidad velada tras el telón se apoderó de València, sin asechanzas ni coerciones. Los camerinos no tenían puerta, no existían secretos entre profesionales siempre apurados por salir a escena impecables.

No se debe olvidar lo que significábamos para el cambio de una encorsetada sociedad”, feisbuqueaba el director de cine Rafa Gasent en el año dos mil veinte.

¿Por qué el arte es secundario en los medios de comunicación? ¿Siempre en las páginas del final en soportes gráficos, en horarios intempestivos y de menor audiencia en audiovisuales? “No interesa la opinión del mundo del arte”, aseveraba Brass.

En mil novecientos ochenta y seis Miguel Brass sería el maestro de ceremonias en la inauguración de la 1ª Visión del Espectáculo en València recorriendo el compendio de stands y disciplinas artísticas allí representadas junto a los procesos creativos y técnicos de cada especialidad. El elenco de bailarines de la Belle Époque acudiría maquillado acorde a sus rituales escénicos.

¿Por qué la repercusión mediática fue tan tibia para la Visión del Espectáculo en València, -idea original y organización de Ángeles Sanmiguel y Jesús Padilla-, en sus dos ediciones (1986 y 1987)? Actualmente ni consta en los anales del Aula de Cultura de lo que entonces era la Caja de Ahorros de València, sita en la Plaza de Tetuán.

Los valencianos somos únicos en el arte de infravalorar, cuando no de despreciar directamente, las muestras de ingenio y de talento que aquí se dan. Es una pena que muchos no sepan apreciar el buen music-hall que aquí tenemos”, escribía Mar Monsorius.

Stands, conferencias, fiestas y desfiles con vestuario artístico y modelos de excepción como Amparo Martínez (Miss España 1985) o Piluca Gomar (Miss València 86) lucieron diseños de Pedro Ferrer, Izquierdo y Tony River. Allí estuvo el fotógrafo Sento Blay. En los coloquios de cine participaron Antonio Llorens, Francisco Pascual y José Luis Radosolovics bajo la coordinación de Francisco Vercher. Bambalina Titelles desde Albaida participaría. Ángel Bonora, Carles Castillo, Sareta-Sareta, Transit, Gurrea, el futurólogo Dr. Pedro Jiménez actuaron en el salón de actos de la entidad. Se homenajeó al tenor dienense Antonio Cortis, Tony River coordinaría el área music-hall. Margot, 1920 Company, El Titi, Rosita Amores, Putre Plastic, Salcam, Mª Teresa Iranzo, Los Champan´s participaron. Al frente de los cantantes, coordinando, estuvo María Amparo Martínez Gil. Y no faltaron Emilio Solo, Yaco Lara, Juan Ramón y su hermano Francisco.

Ahora, en dos mil veintiséis, cabe preguntarse, ¿dónde quedó ese apabullante planeta unido para algo memorable?

Clara Esmeralda, Laura River, Mary Marcos encabezaron el apartado de vedetes. La maratón de danza fue con Pilar Ferrer y Charo Granados. Di Giorno, Ananda Dansa, Olga Poliakoff, la Escuela de Arte Dramático de València, Teatre a Banda, Joan Monleón, Bartual, Don Pío, El Profesor Malvarrosa, Carles Castillo, Yalas, Luis Monrraval, El Greco, tomaron parte. Realizaron maquillajes Enrique Domingo, Regina, Ana Lozano y Charo Roca. Actuó la Compañía de teatro de Isabel Tortajada y entre los colaboradores Vicente Villar.

El cabaret, cabaret, desapareció así de pronto”, lamentaba Brass.

¿Murió o lo mataron?

Belle Époque compendiaba las esencias del mundo del espectáculo que Carla Follis captó en París, Japón y Berlín, “logrando un clima, un estilo y una sensación nueva y sugerente”.

Padilla se deslumbró con la Belle Époque. “Lo que descubrí allí fue un mundo mágico, rompió con todo”.

Brass creaba sus maquillajes “tardaba de promedio un par de horas, se pegaba incluso cristales, espejos, escarcha” en su afeitada cabeza.

¿Qué fue de Stop, Mogambo, La Cetra, Le Privé, Suso´s, Mister Chus, Claca, Arena, Balkiss, La Bohéme? ¿Faltan inversionistas o falta política que apoye a las artes escénicas transversales? ¿Faltan profesionales? ¿Falta apertura cultural? Artistas y público hay como en el Dietrich (Museros) y Turangalila (València).

Frente al color gris plomo de la dictadura franquista, hubo en Valencia una eclosión de la contracultura en los años 60-80”, escribió el periodista Rafa Marí.

La escena es como un país requiere para su éxito sinceridad, empatía y capacidades al más alto grado. Carla Follis hablaba cinco idiomas, ¿Cuántos se les exigen a los que viven –como diría el humorista Cassen- del cordero (la política)?

Con la coreógrafa Olga Galicia Poliakoff en la Belle Époque “fue un cambiazo tremendo”, rozando lo glorioso.

Para Miguel Brass “Margot es una estrella” posee ese aura especial que con “solamente al salir al escenario atrae la mirada del público”.

Hazzlitt, tras ser considerado un gran comentarista social y político, en mil ochocientos diecisiete, diría que “los actores son los únicos hipócritas honrados. Su vida es un sueño voluntario, una locura estudiada. Ni sus propios pensamientos les pertenecen. Nos muestran todo lo que somos, todo lo que deseamos ser y todo lo que tememos ser”.

¿Dónde quedó la estética bellepoquiana?

¿Por qué establecer el edadismo (discriminación basada en la edad) en las artes escénicas máxime con las mujeres?

He soñado con Miguel Brass y en estado REM (donde se procesan las emociones) he llorado. Juntos contemplábamos maquillajes, vestuario, decorados, bailes, canciones. Era mi onírico Suchak Guru (maestro informador) de cuanto recreó. Asido a su mano olvidé su viaje a esa otra dimensión donde el music-hall seguro tiene su espacio. Aquellas lágrimas me hicieron comprender que Miguel Brass había iniciado un nuevo esplendor.

Allí donde haya un escenario, el mundo no se extraviará”, decretaría Hazlitt.

Ortega y Gasset filósofo español escribió de Serguéi Diaghilev empresario, coreógrafo y artista, fundador de los Ballets Rusos, que “toda una generación le debe las únicas horas de pleno goce estético que le han sido concedidas”.

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Angeles Sanmiguel

Angeles Sanmiguel Experta en Opinión y Actualidad en DSAlicante.com

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