Inversiones brutales. El resultado es una dudosa eficacia de los servicios. El mundo al revés.
Hace veinte años ir al aeropuerto significa estar una hora antes del vuelo. Los últimos años ya te indican estar dos horas antes. Ahora la EU quiere más fotos, más huellas digitales y más líos para los pasajeros llegando desde fuera de la EU. Luego será para nosotros también.
Tienen ya bastante con nuestro pasaporte digital. Nuestras tarjetas bancarias y acceso a nuestros móviles si hace falta. Te ven cada día salir de tu casa con las cámaras puestas en todas partes.
Se critican los Estados Unidos y hacen exactamente lo mismo.
Más tecnología y más conejitos siguiendo el rollito. Cada vez tiene más las manos del Estado «protector» listo para apretarte el cuello por tu seguridad.
Todo se atrasa en los aeropuertos, las colas en las carreteras, las oficinas del estado, los servicios de cualquier cosa, supermercados, correos, centro de salud etc.
Cualquier vuelo ida y vuelta te tiene varado un promedio de cuatro horas en el aeropuerto. Es una barbaridad. Sin contar el atasco para llegar, estacionar o moverte hasta las zonas de embarque. Los aviones no van más rápidos desde muchísimos años. Entonces es fácil identificar donde pierdes el tiempo…
Tanto que un pasajero extranjero de la EU, antes de viajar desde su país de origen ya tiene en su suelo que demostrar sus credenciales. Un proceso a veces complicado con obtener una visa a través de las embajadas o consulados. Meses de espera para poder viajar. Ahora en los aeropuertos de llegada en la EU tienen que hacer otra cola para digitalizar todo en otro formato y sistema. La huella digital global definitiva. Somos todos potenciales criminales. La identificación personal es más desarrollada que tú currículum laboral.
Son muy malos tiempos para la autonomía, la singularidad, la libertad de pensar, de hablar o de moverte. La discriminación de género, religión, raza o cualquier cosa que se lo ocurre es posible con inmediata identificación en todo el territorio. La persecución será la próxima etapa por no estar de acuerdo con un sistema político en el poder. Callate y ejecute. Los bastones y las mordazas te esperan cuando no será la prisión directamente. Hay mucha más gente buena que mala. Considerar que somos todos malos encarece la factura a pagar. Las matemáticas financieras no interesan al político, piensan al pozo sin fondo a su disposición desde hace demasiado tiempo.
El nuevo sistema de implantación del EES está generando importantes problemas operativos en plena temporada alta. Las esperas alcanzan entre una y dos horas en los aeropuertos como Málaga, Alicante, Lanzarote, Tenerife Sur, Gran Canaria, Reus o Fuerteventura debido a la falta de personal, incidencias técnicas y una infraestructura insuficiente para absorber el volumen de pasajeros.
Pasa lo mismo con la digitalización intensiva en los ámbitos ferroviarios, sistemas viales y calles de tu ciudad. El ciudadano es considerado bueno cuando obedece a las maquinas y los órdenes. El problema son los programadores y los oscuros despachos con las ideas muy claras de que quieren hacer de nosotros. Los tiempos cambian pero nunca en tu favor. La tecnología de punta para seguir tus pasos es más importante que de facilitarte la vida.
Ya estamos encerrados, compactados como en las latas de atún, solo les falta sellar con la tapa.
Todo no vale y bien tendríamos que hacer preguntas. Con el nombre de la «seguridad» se autoriza cualquier cosa. Pero no es cierto. Hay otras motivaciones mucho más oscuras.
Quítate la venda. No es que te extrañe ni que el estado se haya dado cuenta del error que cometió al perderte. Lo que estás viviendo es la vigilancia maligna, un comportamiento obsesivo donde el gobierno actúa como un espía porque no soporta haber perdido el control sobre tu narrativa.
La tecnología al servicio de los gobiernos y sus vigentes pensamientos paranoicos también existe. Cuando un gobierno empieza a sospechar de forma exagerada su pueblo y sus visitantes hay motivos para asustarse. Que quieren hacer de nosotros.
Donde van las medidas, porque lo hacen. No es suficiente, quieren más, por qué…
Un paraíso democrático te vende. Luego la realidad puede variar.
No puede alquilar o comprar una vivienda.
Te invitan a poner un sistema de alarma para prevenir los robos.
Te van a obligar a reformar tu casa si la tienes, con normas del norte que no necesitamos aquí. Te suben los huevos al precio que se dan la gana. Tantas otras sangrías de tus ingresos. No les falta la imaginación para despojarte continuamente.
Nada va mejorando. Lo saben y quieren protegerse con medidas eficaces como seguirte en línea de forma instantánea.
Una democracia tecnócrata, ágil y eficaz, cuidadosa de tu confort. Una hilera de auto satisfacción por no decirte directamente su transformación rápida en una autocracia peligrosa. Recuperar la confianza exige asumir límites, dar explicaciones, rendir cuentas de forma honesta.
Viva la vida.









