Las naciones industrializadas necesitan mantener los altos precios de las energías. No existen intereses en bajarlos.
Las tensiones políticas, amenazas y conflictos provocados intencionalmente están para quedarse. Parece que están dispuestos a cargarse las democracias por algo más autoritario. Una forma más contundente para mantener el orden de las cosas. De tanto machacarnos es de cajón una reacción ciudadana en algún momento. El abuso se castiga siempre.
Los estados necesitan la generación de más impuestos por mala gestión financiera desde decadas. La forma de obtener nuevos recursos no siempre es digna de elogios. El pueblo está ahogado con la inflación provocada, la explosión de los precios en general, especulaciones y abusos corporativos. Desequilibrios en todos los ámbitos. No hubo advertencias previas, todo de golpe. Pierden mucho los consumidores con las reglas del juego cambiadas sin avisos. Nos cuentan «milongas» para intentar retrasar el descontento generalizado. El estado mordaza está en marcha.
Pero hay más, parecen unos ladrones actuando con las caras descubiertas.
Extrañamente se enriquecen como un motor con un turbocompresor. Un silbado característico cuando sube de revoluciones generando más potencia al vehículo.
Se cambia el modelo de negocio con dinero fresco robado a la gente. Se generan muchas confusiones y mentiras. Unos santitos entendidos promocionando el caos y la fabricación de armas para protegernos. Mientras el pueblo excava el terreno con trincheras, montando vallas y muros. El enemigo ahora son las decisiones políticas disfrazadas en la culpa de los demás. El ruido de la guerra en nuestras puertas se hace entender en cada telediario. Menudo programa nos tienen para entretenernos. Termina por creer en el apocalipsis. Muchos líos para cobrarte nuevos impuestos suplementarios, fastidiar tus esfuerzos. Quitarte la gana de soñar y trabajar.
La télé te está entrenando para aguantar cada vez más las malas noticias. El mal tiempo, que no hay dinero en las cajas del estado, que la justicia demora sus sentencias, que los inmigrantes nos invaden, que un policía utilizó un taser para inmovilizar un sujeto.
Que atraparon a un conductor ebrio, otro con alta velocidad en la autopista. Que robaron joyas en un museo. Que hay que quitar los móviles a los adolescentes, que la seguridad social es un desastre, las carreteras sin mantenimiento. Que el Libor aumenta otra vez. Capturaron una lancha de narco, una gota de agua en el mar para quedar bien. Una hilera de problemas sin soluciones. Siempre es peor. Todos los días con el ruido de las tertulias para amplificar el hartazgo.
Mejor descargar tu rabia en tu casa que en las plazas de los pueblos o las rotondas estratégicas de las ciudades. Piensan, nuestros políticos y psicólogos afiliados que somos todavía unos seguidores dóciles mientras podemos seguir pagando nuestras facturas. No están conscientes de la frustración generada. Esa rabia que va a estallar en cualquier momento o con una chispa social detonante. Se busca la confrontación para poder emplear la fuerza justificando el motivo de la seguridad civil. Un disfraz para imponer un régimen más autoritario. Cargarse la democracia…
Cuando uno se acerca a los detalles, ahora no hace falta una lupa para ver las grietas del sistema. Presupuestos inflados, cajas vacías, bancos felices, intereses usureros, deudas impagables, inversiones a dedos, subvenciones exageradas, beneficios extraordinarios, casta política y abusos de todo tipo. La cultura del más para unos pocos y la de menos para la mayoría. La erosión sistemática de nuestros avances. No sería de más un poco de retención, la búsqueda de más humildad, pero lamentablemente todo se hace sin vergüenza y sin avisos previos. El ciudadano no puede hacer previsiones, aterrizar con confianza con su avión, tranquilidad y seguridad. Preservando sus esfuerzos de años. Todo se hace en modo emergencia. Pierdes tus maletas y te quedas con lo puesto en un instante.
Esto no es gobernar es estafarte.
La conclusión es mucho más sencilla. Las deudas toman el control de nuestro bienestar como la IA secuestra nuestra inteligencia. Ambas cuestiones están seriamente en debates. Todo lo que gravita alrededor de estas dos » máximas» es estratégico para nuestro futuro inmediato.
Hacer la cuenta de los inmigrantes de Ceuta no tiene importancia. Es una diversión de mal gusto. Una jugada de diseño. Después de más de un mes y nadie es capaz de hacer la cuenta exacta en un lugar tan pequeño. Nota: deficiencia mental. Riesgos máximos para desestabilizar nuestra libertad y movimientos. Que nadie ponga el dedo sobre las deudas en los presupuestos generales desde hace años es un caso de internación clínica y psiquiatría.
Los destructores del bienestar no merecen ni un voto. Los destructores de la paz no merecen ninguna consideración. Los destructores de la convivencia, la moral y las buenas maneras no merecen tomar las palabras.
En estos momentos estamos rodeados de todos los tipos a la vez. Parecen de la misma familia. Unos pocos quieren imponerse a la mayoría silenciosa, todos estos que solo quieren convivir en paz y harmonía. Pero cuidado la paciencia tiene sus límites. Hay que trabajar para una salida honorable evitando el estado de sitio o cosas similares. Bastante tuvimos con los confinamientos. La olla de presión vuelve a silbar..Rectificar es de sabio.
- Viva la vida.










