Se llaman torvtak y esos tejados de turba y césped que tanto me llamaban la atención por las carreteras noruegas no estaban así por casualidad
En mis aventuras viajeras me podía encontrar muchas cosas muy curiosas y una de las que más me encontraba y que, por supuesto, más me llamaban la atención eran las casas.
Algunas incluso podía ver cómo las estaban construyendo, la madera en su esqueleto y entre las que ya estaban terminadas había un gran número que llevaban colocado encima una capa de césped, o eso es lo que me parecía a mí.
Yo le llamaba, o pensaba, que era césped. Y ahí comenzaba mi cabeza a llenarse de preguntas. ¿Es césped de verdad? ¿No es malo eso encima de un tejado justamente por el tema de la humedad? ¿Crece solo o lo ponen a posta? Incluso, no te miento, llegué a pensar desde mi desconocimiento si podría ser que el viento llevara semillas y que, por algo que pusieran en los tejados, creciera después todo aquello.
Así que, cuando empiezan a aparecer preguntas, mi cabeza necesita ir despejándose y la única manera es investigando sobre el tema.
Y en más de una ocasión terminé parando para fotografiarlas y poder después hacer mis investigaciones y, ya que estamos, que tú, si te interesa el tema, también salgas de dudas.
Pues empecemos por su nombre. Se llaman torvtak, una palabra noruega que podemos traducir como tejado de turba, y son una forma tradicional de cubrir los tejados que se ha utilizado en Noruega durante siglos.
Tradicionalmente, sobre la estructura de madera del tejado se colocaban varias capas de corteza de abedul, bien superpuestas unas sobre otras. Esa corteza, llamada never en noruego, era la que hacía realmente de barrera contra el agua porque es muy resistente a la humedad y tarda muchísimo en pudrirse.
Encima colocaban la turba.
Como verás, no estaba ahí solamente para que la casa quedara monísima y pareciera salida de un cuento.
La turba tenía varias funciones importantes. Mantenía la corteza de abedul en su sitio, añadía aislamiento frente al frío y también aportaba peso. En las construcciones de troncos, ese peso era el que ayudaba además a mantener las paredes bien asentadas y apretadas.
Mira tú qué cosa más tonta, pero mientras yo iba por la carretera preguntándome tantas cosas, hasta si aquello había llegado volando, jajaja, los noruegos llevaban siglos sabiendo perfectamente lo que tenían que hacer.
Ya podemos tener clara una cosa, eso sí. La vegetación del tejado es de verdad.
Según mis investigaciones, podían llegar a colocar incluso dos capas de turba y, con la tierra, las raíces y la vegetación, aquello terminaba teniendo el aspecto de un pequeño prado encima del edificio.
Me pregunto si esas casas necesitan más un jardinero que un techador.
Aunque podría parecer que estos tejados solo estaban en unas cuantas cabañas perdidas en la montaña, no es así. Llegaron a ser muy habituales en distintas partes de Noruega y también los había en las ciudades noruegas durante la Edad Media.
Pero no todas las casas en Noruega tenían exactamente ese tipo de tejado porque también influían los materiales disponibles según la zona y el clima. En unos tejados utilizaban turba, en otros madera, pizarra, tejas u otros materiales.
Creo que trataban de valerse de lo que tenían a su alrededor y de lo que fuera más conveniente en cada lugar.
En la actualidad los torvtak se siguen construyendo. Y parece que se han vuelto a poner de moda. Solo que ahora no tienen que hacerlos exactamente igual que hace siglos. En muchos tejados modernos la corteza de abedul se ha sustituido por membranas y materiales impermeables preparados para resistir debajo de la tierra y la vegetación. Por encima sigue apareciendo ese manto verde que hace que una casa parezca querer mezclarse con la montaña.
Los puedes encontrar en cabañas modernas, viviendas y otros edificios, unas veces porque se quiere conservar esa imagen tan ligada a la arquitectura noruega y otras también por las ventajas que ofrecen las cubiertas vegetales.
Pero yo entonces no sabía nada de esto. Yo conducía, los veía y hacía fotos.
Y me preguntaba qué demonios hacía toda aquella hierba encima de las casas.
Ahora por lo menos ya sé que no estaba esperando a que el viento hiciera de jardinero.
Se llaman torvtak.
Y al final eso es también lo que me gusta hacer con estos artículos. Ir contándote las cosas que me encuentro por el camino, las que me hacen parar, sacar la cámara, hacerme preguntas y después ponerme a investigar qué demonios tenía delante.
Puede que algún día tú pases por allí y ya sepas qué estás viendo. O puede que no vayas nunca, pero te apetezca descubrirlo desde casa y acompañarme un poquito a través de mis fotos y de mi mirada.
Y si algo de lo que voy encontrando te despierta curiosidad, te sirve o te lleva a descubrir otra cosa, pues llévatelo. Para eso te lo cuento.











