Qué feliz me siento cuando por la mañana me tomas y colocas mi asa en tu delicado antebrazo enredado en un bello rebozo de hilo negro, con tu colorida falda de brocado y tus blusas de encaje.
Hermosas son tus trenzas enredadas con listones de vistosos colores que hacen juego con la hermosa sonrisa que dibujan tus labios del color de las bugambilias que se inclinan ante tu belleza sin igual.
En el ambiente flotan las notas de la cadenciosa música de banda, al ritmo de tu gracioso andar, tus delgados pies simulan caminar entre las nubes cuando digna me llevas a la plaza.
-¡Lleve marchante su hermosa canasta! dices con melodiosa voz a la gente al pasar, no me miran a mí, se acercan a ver tu hermosura y sin dejar de mirarte me separan de tus manos, extienden un billete que te causa emoción, agradeces con una enorme sonrisa y de nuevo:
Lleve, lleve su hermosa canasta!!










