Otros te hablan de la conexión espiritual entre la tierra y el cielo, algunos otros lo ven como un reto formidable, alcanzar sus cimas. Una cosa es verlas desde la autopista y otra es atreverte acercarte de ellas. Caminar en sus flancos o seguir los caminos trazados para una visita más intensa. Luego la curiosidad, que habrá más arriba…un refugio, una aventura, una vista espectacular, conocer el momento eufórico de la conquista de una cumbre. Seguramente un esfuerzo notable porque una montaña nunca se deja vencer sin un compromiso exigente.
La montaña es también el terreno de una fuerte adicción para algunos. Una obsesión que generalmente empieza desde la adolescencia. El alpinismo extremo. Una categoría como lo es un piloto de formula uno. Buscan los límites, la verticalidad, se plantean retos mágicos. Son estos que abren nuevas vías de ascensión, escalan los picos más altos del mundo, intentan cosas nunca hechas antes. Son los Nadal del tenis, el Márquez de la moto o todos estos extraterrestres en sus respectivas disciplinas. La cara visible de una pasión extraordinaria. Son los ejemplos para la comunidad de los montañeros de siempre y ahora también los millones de aficionados con la difusión de contenidos digitales. Influencers, publicidad, películas, medias, etc. Un evento dramático elevado a un espectáculo mediático.
La montaña ahora es un gran negocio. Es actualidad, contemporánea con esa necesidad de conectarse con la naturaleza. Vivir en la ciudad puede ser muy agobiante. Esto es como una «mina de oro», se descubre un potencial y todos quieren ir para comerse una parte del pastel.
La montaña se conoce por sus estaciones de esquí. Un nicho exclusivo ya explotado desde hace décadas en el hibierno. Ahora hay una clara apuesta de marketing para incentivar su acceso durante todo el año.
El sol y la playa son un modelo con una saturación evidente.
La masificación que empuja el desarrollo de otras alternativas. La montaña viene al dedillo. Encaja con los deseos de la gente sana que es una fuente en crecimiento. Los interesados en la faena lo pillaron enseguida, sacando el dinero de la todavía gruesa capa de la clase media. Las tiendas de deporte no dan basto con esa explosión de nuevos seguidores y turistas.
Equipos y materiales para hacer senderismo, trekkings, vivacs y soñar con lo más alto. Una amplia oferta cubriendo múltiples necesidades específicas en cada actividad.
Es también un gran problema. La montaña no es como un chapuzón en el mar. Una toalla en la arena blanca, un bocadillo con una cubata en la mano y el hotel a dos calles de la línea de playas.
La montaña te exige esfuerzos para poder disfrutarlas. Son horas largas de senderismo, ascensión, terrenos variados, piedras, nieve, hielo, mal de altura y posible agotamiento. Debes llevar una mochila con tus cosas, comida y líquidos, pesa siempre más de lo deseado. Puede ser peligroso, siempre es exigente. El tiempo cambiando de forma súbita puede ser un factor de riesgo adicional. Necesita conocimientos, entrenamiento, manejo de técnicas. Material y equipos, buena planificación con una meteorología acertada. Un conjunto de aptitudes para como mínimo no necesitar a la primera salida llamar al 112 para rescatarte en el helicóptero o no poder contarlo jamás.
En la televisión, U-tube, se pueden ver colas de alpinistas intentando las cumbres de los ocho miles, no es diferente en el «Aneto» o el «Teide» español. La escala es diferente pero el problema es el mismo.
Mucha gente sin ninguna preocupación y todavía menos preparación que están ahora llenando los parking de las estaciones de montaña. La saturación de golpe es visible ocasionando nuevos problemas para las autoridades locales y los rescatistas.
Nuestra sociedad anda loca. De tanto quitarte el oxígeno, apretarte de lo lindo en el trabajo, debes andar con tu vida a 300km/h por hora. Cualquier escape te viene muy bien.
La industria del consumo extremo lo sabe muy bien. Enseguida detectan nuevas oportunidades para hacer negocios.
La montaña es un nuevo Eldorado. Pero tiene consecuencias, demasiados muertos. Una hecatombe en realidad. El silencio de la montaña responde con ruidosas y peligrosas caídas de piedras, avalanchas, rios furiosos, tormentas violentas, son señales de avisos. Los visitantes creen que con su chaqueta de «Goretex» a doscientos euros lo tiene todo resuelto. La multinacional que lo vendió hace sus cuentas, rechaza toda responsabilidad. Tú puedes perder la vida por no escuchar el guía que esperaba tú llamada o un correo electrónico.
El alpinista avisado no siempre alcanza su objetivo. Saber renunciar a tiempo es un grado.
Para ilustrar una historia de alpinismo de un aficionado que podrá ser tú. El pasado mes de septiembre fue el momento elegido por su tradicional estabilidad meteorológica y el fin de temporada con menor gente en la montaña. Una cumbre estudiada y planificada para dos días en solitario. Una decisión que implica más precauciones. Siempre se recomienda no ir solo en las montañas. Llevo una mochila llena de previsiones, suficientes liquidos, provisiones y material adicional para sostenerme solo varios dias con temperaturas bajas. Varias capas de ropas técnicas para sortear las variaciones de temperaturas. Evitar claramente los glaciares y sus temidas grietas, casi toda la via normal es de roca para más seguridad. La ventana del tiempo es favorable. He visto también documentales con U-tube…sabía mucho de su currículum desde mi sofá.
Eligió una de las 48 cimas de más de 4000 m en los Alpes suizos. Es una barrera mítica en el corazón de cualquier alpinista. El Lagginhorn 4010m, es posible ir solo.
Considerada una de las raras montañas de más de 4000m relativamente «fáciles». Exigente con el físico y una experiencia previa de la alta montaña es muy recomendada. Había aprobado todos los requisitos con asenciones al Monte Blanco 4806m o el Aconcagua 6961m entre muchas otras. Una montaña queda aquí para siempre y se puede volver. Nunca debe ser una vergüenza un abandono.
Desde la estación de montaña «Saas Ground» 1559 m de altura se puede acortar el trayecto tomando un teleférico, es lo que la mayoría hace. Se ahorra unas cuatro horas de subida. De la vieja escuela con una actitud «noble» opté por un calentamiento previo, con la idea de una progresión más lenta para acostumbrarme a la altura. Un día antes saliendo de Valencia con «0» metros de altura, he preferido subir caminando por los senderos bien indicados hasta el refugio «Weissmieshutte» 2728 m de altura que es el punto estratégico para dormir y iniciar está vez la verdadera escalada. Me tomo allí una larga pausa con una buena cerveza después de unas cinco horas de esfuerzos. El día era espléndido. Mi meta del día era subir bastante más arriba, hacer un vivac alrededor de los 3300 m de altura.
Estar en los primeros alpinistas haciendo la cumbre el día siguiente. Todo bien, solito con un atardecer y una noche espectacular, las estrellas brillaban para soñar, pensar, meditar. Una temperatura apenas debajo del cero grado. Nada mal el contraste comparando nuestro tan caluroso verano. A las cuatro y media de la mañana estás empezando la subida con la linterna atada en tu casco con una buena ventaja a los que salen del refugio. Se podía ver una fila de luces en la noche. Luego con el amanecer lleno de colores, unas vistas impresionantes sobre los Alpes vistas desde arriba. Se podía ver la cumbre con su cruz característica. Pero…..las rocas son muy húmedas, el agarre es más aleatorio, un dilema a mi punto de vista con una ascensión en solitario. Llevo un «harnais» de seguridad, mosquetones y demás, pero no llevo cuerdas. Tenía unos 60 m que dejé en el camping. No es necesario normalmente. Llegando al punto más delicado de la ascensión con un grado de dificultad (PD-/II-III). Que es trepar usando las manos, no me sentía cómodo, veía la bajada como un problema serio de seguridad. A recordar que la subida es siempre la mitad del camino. La bajada es muy traicionera siempre. Luego se me mezclo la racionalidad y la temeridad. Una perdida de confianza en tí mismo, parecía que las piernas tampoco no querían más. Primeros señales de agotamiento…en un momento me paró tratando de despejar mi mente. Alerta y analítica.
Decidí sin remordimientos abortar la subida. Una última mirada a la cima, estamos a unos 3800m de altura, se veía el alivio un poco más arriba, un pequeño nevado inclinado a cruzar con crampones, luego la cima que parecía esperarte. Pero sin temblar tomando la dirección hacia abajo. Llegando al pueblo caminando todo el trayecto, muy fatigado pero con la sonrisa. No pasa nada, fue muy lindo, muy emocionante, solo con la montaña en lo alto sin testigos. Me dejo acariciarla, paciente e indulgente conmigo . Entienden que perder la cima no es un drama. Queda el intenso esfuerzo y una sensación de bienestar, todo te parece maravilloso. Nada mejor que una buena ducha, una «fondue» de queso con un vinito blanco y dormir profundamente en tu tienda en el camping del lugar. Al día siguiente la vuelta a casa con la moto. La nostalgia tomando posesión de ti. Hay que respetar los signos. Puede ser la misma montaña que elije a sus víctimas. Hay que escuchar tu cuerpo, tus sensaciones, tu sexto sentido si lo tienes. Volveremos siempre con mucho respeto y precauciones. No es un tema de perder o ganar, la montaña es otra cosa. Más sutil, exige humildad y reverencia combinado con ese olfato para sobrevivir en estos entornos de pura naturaleza sin máscaras y cosméticos.
- Viva la vida.

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