Los jóvenes por fin demuestran que la democracia es cosa del pueblo no de los despachos. Salieron en las calles para decir basta ya. No quieren más bulos, mentiras, promesas, anuncios que no se cumplen. No pueden más, sus padres también están soportando una carga insoportable. Tampoco los abuelos que están actuando de guardería. Los políticos en sus butacas y coches negros tienen fecha de caducidad. Una distancia enorme se construyó entre el pueblo y las autoridades.
La juventud por fin se movilizó para denunciar su dramática situación. Un grito que dice mucho que su paciencia se acabo. Un grito transversal que toca todas las capas de la población trabajadora e ideológica.
El robo de sus magras nominas para pagar exorbitantes alquileres que no tienen nada que ver con la realidad diaria del pueblo. Una especulación vergonzosa sin que nadie haga nada para regular. Las tímidas iniciativas siempre están tumbadas. Parece un acuerdo mutuo previo al fracaso. Todos los políticos son socios de un sistema que no cuadra con los problemas del pueblo. No se atienden sus dificultades. Derecha o izquierda es un mismo bote de incapacidades para estar a la altura de sus cargos olvidando defender a su gente desde demasiado tiempo.
Ahora está llegando la ruptura de la confianza. Nadie se salva de la situación. Cada político está tirando la manta hacia su favor. Un micro clima donde se estrecha la fuente de calor. Muchos van a perder sus asientos por ridiculez, mala educación y falta de mira. La democracia, esa gran palabra está caducada. No sirve para nada con la situación actual. Nadie cree en ella con datos en las manos. Una decadencia intolerable esta en marcha. Una auto destrucción maldita. No es necesaria con gente más cuerda.
Mientras que no se encuentra una solución para el pueblo gritando, se intenta politizar el asunto para desviar la enorme carencia de nuestros políticos. Una catástrofe parlamentaria. Lo visto este viernes 2/09/2026 en el Congreso de los diputados es un antes y un después. No hay ninguno que se salva del debacle. Un abandono lamentable a la razón y el buen sentido.
La vivienda está transformada en un negocio muy sucio. Un nuevo refugio para proteger un dinero que normalmente se canaliza en las bolsas. Un mundillo no muy gentil lleno de predadores sin escrúpulos.
La incertidumbre internacional hizo el resto. La catapulta de los precios con la inflación creada es premeditada, la compra y venta de inmuebles, pisos o lo que sea construido de piedra o hormigón es un refugio financiero. Una nueva bóveda para los inversores. Un fenómeno global. Nos toca con más dureza por otras apuestas de los mismos dueños. Mantener los sueldos bajos a toda costa. Aplastarte sin piedad. El pequeño propietario, buena gente que se lo curaron sigue sin aprobar estas barbaridades. Tampoco es un financiero avispado. Tampoco es tonto para no seguir las tendencias. Tenemos la bola de nieve perfecta. Pero está vez es una avalancha pisando el campo base de toda una industria del dinero. La maldad en estado bruto. Usar a la gente como un producto caducado en tu nevera. Echarlos de sus casas, pisos sin ningún remordimiento por ganar unos margen de ganancias extraordinarios. Un robo en toda regla.
La gente no puede más. Explota la burbuja popular. Es sencillo el fenómeno. Un hartazgo porque es obvio que los abusos no dan de comer. De común sentido. El sistema necesita aflojar unas vueltas de la tuerca para hacer las cosas sostenibles.
La exageración que tanto hablo en estas columnas tiene aquí su apogeo.
El puño en la mesa debe hacerlo la política. Pero el que lama el culo del banquero no tiene ganas de cortarlo la cabeza. Lo difícil es que un problema sencillo se complica. Ya el día 2 sin rectificar, aparece un enfoque político, un enorme bla, bla, mediático sin aportar ninguna solución. Elecciones, candidatos, desviar la atención de lo importante. El tu y más, grupos ultras, se mezcla todo. Se vuelve un circo como siempre. Tertulias infinitas con insultos y lo menos que se habla es resolver un problema sencillo.
Volver a las bases de la democracia participada. Incluir el pueblo en las decisiones importantes. Desde demasiado tiempo las fuerzas de decisiones no tienen nada que ver con las necesidades del pueblo y su bienestar. No es una cuestión de dinero es una cuestión de repartición. Anular las nuevas generaciones de una emancipación normal, poder crear una familia es cosa demasiado difícil. A quien se le ocurre semejante plan…
Pues bien, los políticos hace mucho que se dedican a complacer a los más grandes. Disfrutan de su bienestar, deciden sus sueldos y los lobbies terminan engrasando la manada. Luego el pueblo en la cola está apartado de sus decisiones.
Cuando se crea escasez en la vida de la gente en un entorno de opulencia, no hay que sorprenderse con una revuelta que es todavía pacífica. Una demostración de madurez y de voluntad al cambio. Las cosas van en serio. Pasarse de cuatro pueblos tiene consecuencias para la política. Les tocan días sudando la gota fría. Pueden bajar sus maletas del trastero.
- Viva la vida












