Antropocentrismo patriotero

Igual que el PP español controlaba lo que se llamaría la “policía patriótica”, –trama parapolicial ilegal incluida en el caso Kitchen, la Operación Catalunya e Informe Pisa-, la tauromaquia, en el año mil ochocientos noventa y ocho, tras la batalla contra Estados Unidos en Cuba, sometió el término a sus intereses fijando y multiplicando las denominadas corridas patrióticas en España -mal llamada piel de toro- donde hasta la música era exaltativa de tal afán utilizando temas como la no menos patriótica Marcha de Cádiz (obra del compositor afiliado a la masonería Federico Chueca -quien glorificaba así al general Prim, político, asimismo masón, ¿asesinado a trabuconazos y estrangulamiento?- y del zarzuelista Joaquín Valverde Durán), según relata José Luis González Fernández, de la Universidad Complutense de Madrid, en su ensayo: “Toros y política en el siglo XX: una pasión correspondida”.

Los toros deben ser liberados de esta violencia institucionalizada” dijo el joven influencer y creador de contenido francés Jeremstar, con millones de seguidores y likes (me gusta), quien lució una camiseta donde se leía: “Torturar toros es un delito”

Fervor patriótico como recurso para salvar el pellejo al bipartidismo, ultraderecha nacional y sus pozos negros.

Cuando el PSOE llegó al poder, relata el escritor y periodista castellonense Manuel Vicent, “fueron a exhibirse con un puro en la boca en los burladeros de autoridades del callejón”, en Las Ventas, donde “tomaron realmente la alternativa ante la sociedad”. Visto lo visto, en el siglo veintiuno, el colectivo político socialista continúa sin pestañear siendo afín a la organizada y lucrada tauromaquia.

¿Temor a la vendetta (venganza)?

¿Oportunismo político?

También en mil ochocientos noventa y ocho, en Sevilla, se celebraría una corrida a fin de “allegar recursos con que fomentar nuestra marina de guerra”, según publicaba cierta revista semanal hispalense de la época. Belicismo, violencia y tauromaquia, tres proverbiales elementos en la geometría del autoritarismo que, en España sigue rindiendo culto al morbo para instalarse.

¿Cómo se pasó de simbolizar al pueblo español mediante la histórica imagen del león, -en el siglo diecinueve-, a la del toro, icono gráfico publicitario, en el veinte? ¿Business (negocio)?

¿Qué clase de persona se convierte en adicta a diablos emocionales regodeándose con la muerte y la exaltación del suplicio ajeno?

La Guía Verde Michelin con información cultural, define las corridas de toros como tortura y actividad abusiva en notorio declive. La ciudad de México ya no tiene corridas de toros. En Michoacán (estado mexicano) están prohibidas al igual que en Colombia. La escuela taurina en Sevilla no tiene alumnado y la plataforma Movistar Plus+ ya no transmite corridas de toros. “¡La tortura no es cultura!”. Veinticinco de junio: “Día Mundial Antitaurino”.

Mientras tanto la regresión hacia la barbarie se emplaza premeditadamente reverdeciendo el culto al macho bravío en altas esferas y bajas cunas, otorgando presupuestos y tecnología al embrutecimiento. Un dos por uno como en cualquier hora feliz.

La Generalitat del País Valencià (derecha y ultraderecha) da el campanazo y “recuperan por ley la posibilidad de introducir una asignatura sobre toros en la educación valenciana” En sus presupuestos del dos mil veintiséis no solo han incluido un millón treinta mil euros para toros en el capítulo de Emergencias, sino que “al parecer entrarán también en las aulas”.

¿”Tauromafia”?

Un mafioso jamás está de vacaciones. Si ustedes se encuentran con uno es que estará tramando algo”, dijo en mil novecientos noventa y dos, el liquidado por la mafia juez Giovanni Falcone, cuando comenzaba a investigar a la Onorata Società en España (narcotráfico y blanqueo de capitales de la Ndrangheta).

La dictadura franquista decretaría como símbolo patrio y patriótico a la tauromaquia y, post mortem del absolutista, todo se fijó. Todo enhebrado para tejer el tapiz de las familias latifundistas del régimen y con gentes de la cuerda bañadas en dinero público, aportes europeos y el vasto espectro del mercachifleo typical Spanish (lo típico de España).

¿Qué mejor método para mantener el estatus que aunar el martirio de las reses al españolismo, al sentirse muy macho, a la idea de gobierno centralizado? ¿Es el independentismo contrario a la tauromaquia?

No hay nada deportivo en atormentar y matar a un animal aterrado para entretener al público” declaraba Mimi Bekhechi, vicepresidenta senior de PETA (People for the Ethical Treatment of Animals).

A día de hoy, tanto el añorante y rancio bipartidismo como adláteres de otras siglas aún siguen regando esta anomalía con dinero público. ¿Versión cornúpeta de los paraísos fiscales y empresas opacas (offshore)?

Afirmaba el novelista escocés James M. Barrie autor de Peter Pan que “el secreto de la felicidad no está en hacer lo que te gusta, sino en que te guste lo que tienes que hacer”. ¿Por eso hay elementos tóxicos en la política española que aun sentenciando a muerte a mujeres con cáncer de mama, dejando a doscientas treinta personas morir bajo el fango en la Dana o condenar a una terrible agonía mortal a siete mil doscientas noventa y una personas mayores en las residencias madrileñas durante la pandemia, a pesar de eso, se muestran sonrientes y felices?

¿Presupuestar dinero público para atrocidades causa felicidad? ¿Cuántas personas felices hay en los “sillones” patrios, despachos europeos y a los mandos mundiales sabedores que votan y ejecutan infamias contra congéneres y otros seres vivos?

En el lobby de la caza “entre sus peones más activos, destaca el eurodiputado Juan Ignacio Zoido (PP) uno de los principales portavoces de los intereses cinegéticos en Europa, promotor de políticas contrarias a la biodiversidad y aliado visible de los nuevos agrofascistas”, denuncia Ricardo Fanjul de Juana, periodista y medioambientalista, autor del libro Matar.

La caza se ha infiltrado en la política más inmoral para conseguir sus intereses”, escribe Fanjul. “Ha convertido los montes públicos en su feudo privado y ha impuesto una cultura de muerte que alcanza a animales, ecosistemas y hasta a los ciudadanos que simplemente desean disfrutar del campo”.

De reciente aprobación es la Nueva Ley de Caza y Pesca Fluvial de la Comunidad de Madrid por la que se permite cazar los trescientos sesenta y cinco días del año, dado lo cual, la ciudadanía, en tales fechas, -léase, todo el año-, no ha de acceder a caminos públicos ni a márgenes de ríos, y permite utilizar animales vivos como reclamo. Tampoco las aves de humedal, -catalogadas como deprimidas- se salvarán además de que aumentan las especies cazables.

Con esta ley ¿se formaliza el eximente en el asesinato de paseantes, ciclistas, esquiadores o disfrutadores de la naturaleza y del fluir de los cauces? ¿Serán tiroteadas esas urbanizaciones de postín, hoteles en mitad de la serranía, en Navacerrada o la Bola del Mundo? Con mucho la seudo Agripina la Menor se ha superado, trocando de envenenadora histórica en coetánea patrona de escopeteros, matarifes con traje de luces y ejecutora de la ancianidad en su thin tank (laboratorio de ideas) del sadismo.

Esta ley permite drones y visión térmica y nocturna. ¡Todo a lo grande para vender novedades armamentísticas! ¡Cuidado con los arrullos de parejas a la luz de la luna, los disparos vuelan! ¿Quién recogerá tanto cartucho contaminante y demás residuos?

Treinta y cuatro mil corzos matan anualmente cazadores y cazadoras en la Sierra de Guadarrama “para divertirse”. Desproteger Reservas de Fauna es muy fácil y es impune. ¿Qué hacen realmente desde el Ministerio de Agricultura? ¿Arrodillarse ante la Federación Española de Caza?

Asturias con el PSOE al frente se “ha convertido en un infierno natural” donde la matanza del lobo se utiliza “como estrategia electoral para conquistar el preciado voto rural”. El lobo ibérico ha caído bajo las garras del “Tridente antilobo” hasta casi su extinción.

El ciervo, el jabalí, los ungulados son “rehenes de intereses económicos y políticos”. Se les señala mediáticamente demonizándolos y las personas tragan. El turistificado, loado y estudiado Parque Nacional de Cabañeros (sito en Horcajo de los Montes (PP) -Ciudad Real- (PP)), donde se ha permitido la “caza comercial y ganadería intensiva en fincas privadas dentro del parque, creando un desequilibrio artificial” ahora afronta el drama. ¿Solución? Matanzas masivas y rápidas (cinco mil ungulados en treinta días), así, de un plumazo, y sin recapacitar sobre el impacto en flora y fauna local. ¿Un matadero al aire libre para tapar la burrez institucional? ¿Por qué no reintroducir depredadores naturales como el lobo? ¡Ah! claro, no se puede porque los lobos han sido cazados. Otro “campo de tiro (para escopeteros que aterrizarán también en helicópteros mientras otros y otras acudirán sedientos de sangre con sus todoterreno mazacotes) donde los animales son dianas y los intereses las balas”

¿Qué es la caza? Ni más ni menos que un “absurdo modelo de diversión que mata animales y personas, destruye la naturaleza y manipula a la opinión pública con mentiras”.

Lobby de la caza + industria armamentística + agroquímicos + sectores políticos + periodismo especista = El trágico cóctel explosivo que acaba con la biodiversidad y los ecosistemas en España.

¿Cuántos hampones y bravuconas disfrazan sus complejos empuñando un arma legalizada? ¿Cuántas armas no lo están por ser heredadas?

El consumo de violencia –verbal y física- se quiere instalar en la ciudadanía. En Valéncia la persecución a especies conciudadanas se ha institucionalizado gracias a peleles que en los “sillones” adjudican a empresas plaguicidas, denunciadas, el resguardo de sus perros y gatos. ¿El apocalipsis de la fauna urbana rubricada por la Administración local? ¿Instigar a la delación entre el vecindario por alimentar a aves inteligentes, que salvaron vidas en las guerras, símbolos de la paz en murales escolares y logotipos internacionales? ¿Coacciones y amenazas institucionales para evitar el incurrir en el delito contra el medio ambiente, flora y fauna con su campaña? ¿Inculcar el especismo a base de multas?

En el siglo diecinueve es cuando se le añade a la tauromaquia el rimbombante y conveniente adjetivo de nacional.

La Generación del 98 era antitaurina. Francisco Giner de los Ríos y Joaquín Costa, ambos antitaurinistas, fueron tildados de europeístas y racionalistas. Miguel de Unamuno señalaría que todo este negocio era brutalidad tanto en lo moral como físicamente. Pío Baroja era taurófobo al igual que Ortega y Gasset. Nuñez Florencio expuso el general rechazo de la intelectualidad a esta barbarie “considerado prototipo del atraso nacional, epítome de la barbarie de una sociedad y representativo de la crueldad de una de una cultura atávica”.

Manuel Vicent, refiriéndose al taurófilo Juan Carlos I, escribiría: “ver a un rey de España aplaudiendo una estocada tiene un morbo patibulario”.

La omertà (silencio) en sectas de crueldad es ley. Dice un refrán popular que:“Mejor es saber mucho y hablar poco, que saber poco y hablar mucho”.

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Angeles Sanmiguel

Angeles Sanmiguel Experta en Opinión y Actualidad en DSAlicante.com

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