“A Sorolla lo han convertido artificiosamente en un símbolo identitario de valencianía. Él quería triunfar y ser rico, lícitamente claro”, comenta Albert Ferrer Orts, profesor e historiador del Arte en la Universitat de València, quien recientemente presentó junto al etnomusicólogo e investigador centrado en escultura e imaginería de los siglos diecinueve y veinte, Juan Bautista Tormos, la obra escrita en común: “Contra Sorolla. Us i abús d´un mite”, editada por Austrohongaresa de vapors y presentada en Arribada Llibres, (Ciutat Vella-València).
Más de doscientas obras del insigne pintor valenciano aterrizan en València tras ser millonariamente alquiladas a la Hispanic Society of America durante cuatro años. ¿Se podría decir que, desde las instituciones locales le han metido un gol al erario público?
¿Por qué no se desenmascara y afronta sin tapujos esta maniobra señalando “la insistencia enfermiza de sus impulsores por perseguir réditos que van más allá de los artísticos y culturales”, tal como advierte el también ensayista Ferrer?
Cumplidos dos años de la Dana en València, esta es “una cortina de fum usada per Carlos Mazón per amagar la seua gravíssima negligencia el 29-O” tratando de ofuscar la memoria de la población y el recuerdo de su agonía a manos de verdugos como el ex presidente de la Generalitat Valenciana quien, “es resistia a deixar voluntàriament el carrec” tras su macabra pachorra en tan imborrable fecha. Cuarenta millones de euros públicos blanqueando un crimen que acabó con la vida de doscientas treinta y tres personas asfixiadas por el fango en la provincia de València, dos mil seiscientos cuarenta y un heridos y la sentencia letal para animales de todas las especies. “¡Mazón a prisión!”. La Red Estatal de apoyo No Olvidar la Dana continúa exigiendo “Verdad, Justicia y Reparación” junto a las asociaciones de víctimas. Dos años después de la tragedia, la ignominia política sigue instalada en las instituciones políticas valencianas de la mano de la derecha y ultra derecha, utilizando también a Sorolla como aliño para su festín presupuestario y la intervención arquitectónica del Palau de Comunicacions (antes Correos) para sede de la muestra. Chorros de dineros que “regaron y regarán la potente institución cultural privada norteamericana con millones de euros desde València”, indican los autores.
En “Contra Sorolla. Us i abús d´un mite” se esclarecen pasajes y contextos poco conocidos sobre el pintor, “maestro de la luz”. Sucesos que, por hache o por be, siempre se quedan en el tintero. El coautor Tormos, asimismo profesor de Secundaria, relata -según comentario de Ferrer Orts- que “quien primero lo retrató (en busto y de cuerpo entero) fue su amigo Ricardo Causarás Casaña”, -obras que donaría a la ciudad de València-. Pero, ¡oh sorpresa! Sucedió lo inesperado. “Cuando la segunda, -la de yeso, premiada en Madrid-, fue embarcada en el Grao (parte antigua del puerto de València) para ser fundida en bronce en Barcelona –donde residía por aquél entonces el citado escultor- a instancias del consistorio, en el año mil novecientos treinta”, cuál fue la desdicha que “la escultura cayó al mar en el muelle y allí se quedó ante la pasividad de tutti quanti. El ayuntamiento, los artistas, los periódicos y la sociedad valenciana se inhibieron absolutamente”.
Así se escriben los reglones torcidos de la historia.
Visto lo visto, cabría preguntarse: “¿Era Sorolla tan apreciado entonces? ¿Merecía esta iniquidad Causarás?” consumado artista además de “inventor del ala delta” y reconocido internacionalmente en la Exposición Regional Valenciana de mil novecientos nueve.
Prologando el libro las palabras de Vicent Garcia Devís, periodista y corresponsal valenciano, son el entrante gourmet de la obra literaria. Garcia Devís, años atrás, sobre elementos patrimoniales declararía: “Las cosas llegan a término si hay un lobby, si hay una presión que pide una cosa, que es continua, es cabezota y es constante, como una Gota china (tortura psicológica)”.
Puesto que nada cae del cielo sino que hay que buscarlo, la ciudadanía, al presente, es lo que ha hecho organizándose contra inasumible trágalas que van contra sus derechos más básicos.
Con la movida millonaria de los cuadros de Sorolla, València afronta otro anonadante juego de escamoteo de dinero del pueblo en todo su esplendor.
Viejos métodos para nuevos tiempos.
¿Alguien ha podido elucubrar desde su “sillón”, “silloncito” o “silloncete” institucional que todo esto del Sorolla norteamericano “cuesta mucho dinero que bien podría dedicarse a necesidades básicas acuciantes o a impulsar más y mejor la cultura de los valencianos” y valencianas, como insinúa el articulista Ferrer?
¡Quita, quita! ¿Qué surrealismo es ese que supera las creaciones digitales audiovisuales de Lanny Quarles?
Es obvio que sobran ilustrísimos mirones y señorías enredadoras en los “sillones”, entes flotantes sobre el resto de los mortales que envueltos en sus burbujas de impunidad –aforamientos, inviolabilidad, inmunidad y demás inventos-, el día menos pensado se darán el batacazo.
¡Cuidado con la ouija de los despachos (tableros parlantes para comunicarse con los espíritus), más tarde o más temprano, los fantasmas de indeseadas momias, zafadas de cumplir cualquier condena, esperan anhelantes robustecer su corporeidad hasta materializarse! ¿Transubstanciación (conversión) gracias a cientos de miles de euros para medios de comunicación? Dice el historiador, ensayista y profesor cántabro (España) Sánchez Noriega que “quien no aparece en los medios, no existe en la realidad política y quien aparece esporádicamente y con una imagen disfuncional o anecdótica, será un elemento marginal ante la ciudadanía”.
¿A qué se debe que la bisnieta de Sorolla y “custòdia perpètua de la seua obra i memoria des de Madrid” sea “radicalmente contrària”, a que “el seu parent egregi dispose d´un museu homònim en la ciutat en que và naixer i formar-se”? Puntualiza Ferrer que, actualmente, en el Museo de Bellas Artes de València se expone una notable colección del pintor, “a penes visitada”.
¿Por qué prestarse a este montaje?
“Se desconoce que valencianía le impulsa a hacerlo, cuando no es de aquí”. “Forma parte, de manera directa, de lo que yo denomino un lobby entorno a su pariente”, aclara el susodicho experto. “Una cosa es reivindicar su figura y obra, y otra es ser notaria imprescindible para operaciones multimillonarias entre los valencianos (Bancaixa y Generalitat) y The Hispanic Society of America”.
Y de todo este tejemaneje, ¿qué dice el universo del arte, ese escuálido superviviente a nivel detallista y suculento mercado negro? Como afirma Ferrer: “Cuanto más en el candelero esté Sorolla, más se frotan las manos coleccionistas y casas de subastas».
¿Está los museos politizados como son indudablemente androcentristas (el varón en el centro de todo)?
Joaquín Sorolla sin planearlo se ha convertido en el comodín de la política valenciana para una jugada de bastante enormidad, problemática y algo “caríssim”, como lo califica Ferrer.
En “eventos de esta naturaleza, -como antaño con la “Visión de España”, (catorce paneles al óleo de Sorolla)-, la logística, las restauraciones y limpiezas, -según el caso-, la seguridad y los seguros mueven millones de euros”. “Pensemos en la millonada en la que está valorada su obra transportada en cada momento”.
Aseguradoras, catálogos, inventario, cristaleras protectoras, personal adecuado de vigilancia, especialistas, boletines físicos y digitales de las actividades de la exposición y neutralizar la polución por la afluencia de público son algunas de las aristas a solventar.
Sorolla es luminosidad, -“recoge un instante y una luz precisas”-. Plasma el sol colándose en el mar. Ferrer establece que Sorolla “no es impresionista sino postimpresionista. También se le bautiza como luminista” y “está en las antípodas de la vanguardia, a pesar de ser un portento técnico”.
“Por supuesto, pintó a lo más granado de su sociedad, sobre todo desde Madrid, clientela adinerada de ideales y gustos más que tradicionales, lejos, muy lejos de la vanguardia”, concreta. Su pintura más íntima “no me llama más la atención que la selecta producción de Domingo Marqués, Pinazo, Muñoz Degraín, Benlliure, Fillol… Cualquier pintor de la generación de plata raya a gran altura en ese sentido”.
La Asociación de Víctimas Mortales de la Dana 29-O estuvo en la presentación del libro de Sorolla.
¿Qué tiene que ver la Dana con Sorolla?
“Un individuo que sí que tiene que ver, es Carlos Mazón que nos ha enfangado con el gasto de millones de euros para alquilar cuadros de Sorolla ya bastantes conocidos”, sentencia Ferrer quien, en la muestra pictórica sobre la Dana de José Arnau Belén en Meliana (València), exclamaría: “La cosa no pot seguir així”. “¡No quieren un pueblo verdaderamente libre, organizado y con capacidad de actuar porque eso les podía costar el cargo”.
Sorolla captó la luz trasmitiendo optimismo. Más de un ochenta por ciento del electorado en unos comicios vota al aspirante más optimista. No al cenizo. No al narcisista. No al más fullero. Vota al que se muestra seguro y libre de cualquier secta o descendencia de dictaduras propias o externas. No hay cabida para el derrotismo, conformismo o la obcecación pragmática cuando la vida de millones de personas está en juego. Como Sorolla enseña, cada pincelada es básica, ineludible, valiosa y la luminosidad es dopamina, oxitocina, -la hormona del optimismo-.
Confucio, filósofo chino de la antigüedad, dictaminaría: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”. ¿Existen asalariados de la política regidos por tal concepto o lo consideran demodé (anticuado)?
Cualquier sociedad positiva, prudente, optimista, tiene menor riesgo de muerte. ¿De ahí que se siembre el tenebrismo?
¡València es luz, es Sorolla!
PutoMikel –Mikel Herrán- arqueólogo, youtuber, divulgador y escritor zaragozano expone que “en cualquier cosa existen dos fuerzas contradictorias” que a su vez generan nuevas contradicciones: “de la esclavitud de la antigüedad nos movemos al feudalismo de la Edad Media, del feudalismo de la Edad Media al capitalismo de la Edad Moderna, y del capitalismo de la Edad Moderna, en el futuro, el comunismo”.
Aunque la verdad esté desterrada de ciertas linotipias, redes sociales digitales, escaletas televisivas y radiofónicas, España no quiere papanatas sin luz que la oscurezcan. ¡Basta de política mutante! “El fascismo no da soluciones” apunta el aludido youtuber.
Umberto Eco en sus catorce puntos definitorios del fascismo incluía, entre otros, “el rechazo del arte modernista” -fija el PutoMikel- y al iluminismo como el de Sorolla, el culto a la tradición, el miedo al diferente, al extranjero, a la diversidad sexual y de género.
Rondando mil novecientos setenta y cuatro –un año antes de la muerte del dictador Franco- cierto asistente a una conferencia sobre problemas que afectaban a la famosa pinacoteca madrileña del Prado y harto de monsergas preguntó de viva voz: “¿Qué pretenden los responsables de la política artística, salvar el Prado o salvar la cara?”. ¡Equilicuá! Cuarenta y dos años después, en València, con millones de euros por medio, la pregunta es pertinente.










