En Sjoa descubrí Troll stuggua, algo así como «la cabaña de los trolls», un rincón lleno de tallas de madera que llegó a tener hasta un festival dedicado a los trolls y la madera
Paré en el lugar para echar gasoil y me encontré con trolls. Madre mía, la cantidad de sitios, leyendas, curiosidades y personas dispuestas a contarte secretos de esos que saben que hacen que se corra la voz. Donde había un lugar apartado junto a una carretera, de pronto se puede montar alrededor todo un tinglado al que después acude la gente como las moscas.
Me encanta cuando veo lo que puede llegar a montar la gente alrededor de algo así. Unas figuras de madera, alguien que empieza a contar una historia, otro que se para, otro haciendo fotos y, al final, aquello termina teniendo hasta su propio festival.
En serio, es increíble cómo muchas veces conoces lugares que no podías imaginar ni saber que existían y que terminan dejando huella.
Revisando las fotografías de aquel viaje me encontré con unas que recordaba perfectamente, aunque no tenía ni pajolera idea de dónde las había hecho.
Las tenía guardadas en mi cabeza y en mi ordenador, pero sin clasificar en una carpeta que me dijera «Inés, esto fue aquí», que habría sido bastante útil, la verdad.
Resulta que aquello estaba en Sjoa, en Noruega, y era Sjoa Mat og Bensin, una tienda y gasolinera junto a la carretera. Allí estaba Troll stuggua.
Ojo, todo lo que te voy a contar lo sé porque lo he investigado, que yo ni sé noruego ni sabía lo que tenía delante si no cotillear y curioseaba. Así que te cuento que stuggua es una forma dialectal relacionada con una estancia, una casa o una cabaña. Lo que nos lleva a entender Troll stuggua como algo parecido a «la cabaña de los trolls».
Y tú dime. Vas conduciendo y, de pronto, ves semejante gigante, un alce enorme, trolls por todas partes y figuras encima hasta del tejado. ¿No te da curiosidad como para parar?
Pues eso.
Yo había parado para echar gasoil, pero, claro, una cosa llevó a la otra.
Eso era precisamente lo que me pasaba en aquellos viajes. Podía llevar una ruta más o menos pensada, pero, como algo me llamara la atención por el camino, se acabó el plan por el momento. Paraba y me salía la vena aventurera y exploradora y, hala, a disfrutar sacando fotos y buscando folletos o personas.
Te confieso que muchas veces ni siquiera sabía exactamente qué estaba fotografiando. Pero sabía que lo investigaría en cualquier otro momento.
Y ese momento con este tema llegó ahora.
Entre las figuras había trolls, pero también nisser.
Los nisser pertenecen al folclore nórdico. Tradicionalmente se imaginaban como pequeños seres ligados a las casas y las granjas, capaces de ayudar y proteger cuando se les trataba bien y bastante puñeteros cuando no. Con el tiempo terminaron también muy relacionados con la Navidad, aunque su origen es anterior al Papá Noel que conocemos ahora.
Los trolls son otra historia. En el folclore noruego pueden ser enormes, pequeños, feos, peligrosos, bastante tontos o todo junto, dependiendo de quién te cuente el cuento. Viven entre montañas, bosques, cuevas y lugares apartados y, según muchas de las historias tradicionales, más les vale esconderse antes de que salga el sol, porque pueden terminar convertidos en piedra.
Y te digo una cosa. El paisaje noruego ayuda bastante a que una empiece a imaginarse y creerse todo lo que le cuentan y, en mi caso, con lo fantasiosa que he sido siempre, más todavía.
Además, aquellas figuras de madera no estaban solamente delante de la tienda. Si te fijas, verás que aparecen tallas colocadas sobre los postes del vallado, aves, personajes, trolls y más figuras repartidas por el terreno.
Y buscando quién demonios había hecho todo aquello encontré una historia que me gustó todavía más.
Una persona que pasó por Sjoa años después contó que la mujer que estaba detrás del mostrador le explicó que las tallas las había hecho un finlandés que pasó por allí y que luego volvió varias veces para seguir haciendo figuras.
¿Te das cuenta?
El ser humano es increíble. Un hombre pasa por allí y supongo yo que su cabeza empieza a pensar que aquel es un buen lugar para dejar su huella. Empieza a tallar, va volviendo y aquello va creciendo.
He intentado encontrar el nombre del artista, pero de momento no aparece. Lo que sí encontré fue otra historia de Knut Granli, vinculado a Sjoa Mat og Bensin, contando que un amigo suyo, artista finlandés, había utilizado una motosierra para tallar en un solo tronco de pino una figura de Steven Van Zandt, el músico y actor de Lilyhammer.
No sé si era el mismo hombre que hizo los trolls y no te voy a decir que sí porque no lo sé. Pero seguiré buscando porque me gustaría encontrarlo.
Y si creías que aquí acaba la cosa, pues no, cariño, no se termina en las tallas.
Allí acabó celebrándose un festival de trolls y madera. Como lo lees. O sea, que aquello que yo había fotografiado después de parar a echar gasoil terminó siendo bastante más que cuatro muñecos puestos delante de una tienda.
Y todavía había más.
Entre las fotos aparece una cosa enorme que entonces tampoco sabía cómo se llamaba. Una sparkstøtting.
Tranquilidad, que te lo traduzco porque yo tampoco nací sabiéndolo.
Es una especie de trineo-patín tradicional que se utiliza sobre hielo o nieve dura. Tiene dos patines largos, te apoyas sobre uno y te impulsas con el otro pie. En Noruega suelen llamarlo también simplemente spark.
El que había allí, desde luego, discreto no era. Jajajaj.
Y por cosas como esta he hecho siempre tantas fotos cuando viajo. A veces sé perfectamente qué tengo delante y otras veces no tengo ni idea, simplemente hay algo que me llama la atención y quiero guardarlo.
Después investigo.
O encuentro la fotografía cualquier día mientras estoy buscando otra cosa y termino metida durante horas en trolls, tallistas finlandeses, criaturas del folclore noruego y festivales de madera.
Lo normal.
Y ahora me alegro de haber parado, aunque pensara que era solo a echar gasoil.











