La provincia de Alicante es conocida por sus playas, sus pueblos blancos y su clima mediterráneo, pero también conserva lugares donde el tiempo parece haberse detenido. Entre montañas, valles y antiguas zonas agrícolas todavía es posible encontrar núcleos despoblados o prácticamente abandonados que guardan siglos de historia.
Algunos fueron perdiendo habitantes por la emigración hacia las ciudades, otros desaparecieron por la dureza de la vida en el campo y algunos quedaron reducidos a unas pocas viviendas habitadas de forma ocasional. Hoy se han convertido en destinos muy apreciados por senderistas, amantes de la fotografía y aficionados a la historia.
Benialí y los pequeños núcleos de la Vall de Gallinera
La Vall de Gallinera conserva pequeñas aldeas históricas que mantienen su esencia rural. Aunque no están abandonadas por completo, algunas cuentan con muy pocos habitantes permanentes y permiten descubrir cómo era la vida tradicional en el interior de Alicante.
Sus calles estrechas, las casas de piedra y los bancales de cerezos ofrecen un paisaje único, especialmente durante la floración.
La colonia de Santa Eulalia, entre Sax y Villena
Uno de los lugares más conocidos de la provincia es la Colonia de Santa Eulalia, situada entre los términos municipales de Sax y Villena.
Fundada a finales del siglo XIX como colonia agrícola e industrial, llegó a contar con teatro, palacio, estación de ferrocarril, fábrica de alcohol, harinera y numerosas viviendas.
Aunque no es un pueblo abandonado en sentido estricto, gran parte de sus edificios permanecen deshabitados y constituye uno de los conjuntos históricos más singulares del interior alicantino.
Tollos y otros municipios que luchan contra la despoblación
Localidades como Tollos, Famorca, Benimassot o Vall d’Ebo no están abandonadas, pero figuran entre los municipios con menor población de la provincia.
En ellos todavía es posible disfrutar de un ambiente tranquilo, arquitectura tradicional y un patrimonio natural de enorme valor, convirtiéndose en ejemplos de la llamada España rural.
Masías y aldeas olvidadas
Además de los pequeños municipios, Alicante conserva numerosas masías, cortijos y antiguas aldeas que quedaron deshabitadas durante el siglo XX.
Muchas de ellas se encuentran en comarcas como El Comtat, L’Alcoià, la Marina Alta o el Alto Vinalopó, donde la emigración hacia las ciudades provocó el abandono progresivo de explotaciones agrícolas y viviendas tradicionales.
En algunos casos solo permanecen en pie las fachadas de piedra, antiguas eras o pequeñas ermitas que recuerdan la actividad que existió décadas atrás.
Turismo con respeto al patrimonio
Cada vez son más las personas que recorren estos lugares atraídas por su valor histórico y paisajístico.
No obstante, especialistas en patrimonio recuerdan que muchos de estos edificios presentan un avanzado estado de deterioro, por lo que es recomendable no acceder al interior de inmuebles en ruinas ni alterar los elementos conservados.
La mejor forma de disfrutar de estos enclaves es recorrer sus alrededores por caminos autorizados, respetando siempre la propiedad privada y el entorno natural.
Un legado que forma parte de la historia de Alicante
Los antiguos pueblos, aldeas y colonias agrícolas del interior representan una parte fundamental de la memoria de la provincia.
Su conservación ayuda a comprender cómo evolucionó la sociedad alicantina, cómo era la vida en el medio rural y cuáles fueron las transformaciones económicas que marcaron el siglo XX.
Visitar estos lugares supone realizar un viaje por la historia de Alicante, descubriendo rincones poco conocidos que conservan un enorme valor cultural y paisajístico.






