Una elección sencilla a primera vista. No es necesario tener mucha lucidez para elegir. La dificultad es salir de estas zonas tormentosas para poder recuperar tu calma.
La actualidad no es un desfilé de eventos ordinarios. Estamos en el centro de varias tormentas a la vez. Unas tensiones excepcionales alteran nuestras zonas de calma y de confort, destruyendo muchos sueños poniendo muchos esfuerzos en nada. Tenemos que tirar de nuestras capacidades para seguir flotando en ese mar de confusiones.
Todo lo que nos rodea tiene averías. Con el tiempo nos hemos ido acostumbrando y ajustando a las circunstancias. Es como montarte en un barco nuevo para luego tirar cosas fuera de bordo para poder seguir navegando en las tormentas. Estamos en una fase intensa porque ahora estamos en la situación de decidir quién debe saltarse al agua sin salvavidas para que el barco siga flotando un poco más.
Entre el clima, el COVID-19, la inflación, las guerras, los sueldos, la vivienda, la salud, la educación, los servicios de mantenimiento, basuras y limpiezas, las energías, tenemos bastante frentes abiertos. Poder afrontar las soluciones es posible sin desviarse en otros temas diluyendo sus efectos. Se busca ocultar un sistema de privilegios que se perpetua sin piedad. El resultado es una degradación constante. Una dejadez voluntaria compensada por inversiones y riesgos empresariales a base de créditos institucionales que ni se pueden pagar. La carga de los intereses de la deuda mermando el gasto corriente para el buen funcionamiento del estado. El dinero como un imán olvidando lo esencial. Estrategias equivocadas avaladas por nuestros políticos que originalmente suponían velar por nuestro bienestar.
Se nos complica todo cuando encima de los muchos problemas concretos hay toda una fragmentación de competencias que buscan mantenerse en el poder. Proteger sus sueldos y permanencias. Un aparato político sobredimensionado. Se entretienen peleando entre ellos. No hay avances en nada, no se soluciona nada. Es una decadencia pura y dura, una falta de actualización flagrante. Todos debemos reciclarnos, reinventarse. La política y sus múltiples ruedas siguen iguales sin cambios. Las primeras víctimas son los espectadores de un «show» de muy mal gusto. La economía va bien, la política va bien entre ellos por mucho que parecen peleados. Sobre todo las complicaciones administrativas y las multitudes de despachos, ministerios, en fin… son varias capas para acomodar un laberinto que asegura la distorsión de las decisiones. Navegan a gusto con la opacidad. Se han olvidado del pueblo. Menuda y tremenda equivocación.
Todos juntos ahora estamos sin coordinación, metas o simplemente andamos sin rumbo viviendo al día hasta el próximo escándalo, intentando cerrar un fin de mes. Una insólita cacofonía comparada con nuestras trayectorias de progreso.
Pensando en la actualidad política, desde un tiempo solo se habla de corrupción, malversación, abuso de poder, mentiras y calumnias. Las manos en la caja y las muchas tramas que fallaron por celos de otros iguales esperando su turno al poder para delinquir. Unos o otros, cada uno su turno o al mismo tiempo. Estamos cansados de una situación ya crónica. Nos divertimos con espectáculos miserables, mientras los bailes detrás de las cortinas siguen a todo volumen.
La política evidentemente se transformó en una manzana podrida.
Las instituciones cuestionadas, la justicia con su “balance” averiado que necesita revisión urgente. Los sindicados blandos al servicio del que paga sus sueldos. (Subvenciones). Hay 500 sindicados registrados en España. Es otra estupidez, oficinas y dietas para entretenerse sin ningún resultado. Las empresas van viento en popa aprovechando las oportunidades para desplegar sus alas sin demasiados obstáculos. Generan beneficios extraordinarios, pueden salpicar fácilmente un poco de su grasa a los políticos sin rumbos o cualquiera que les ponga frenos. La ley de la selva opera en nuestras tierras democráticas. Muchas regulaciones y obligaciones existen para favorecer las industrias fruto de los lobbies donde el dinero oculto no paga impuestos.
El pueblo es una carne de caza abundante, los más débiles pasan primero por la trituradora.
Ya no hay quien creer. Un panorama de difícil solución. Los de otras ligas ya empezaron a moverse con la guerra como gancho de salida de tantos esfuerzos engañosos. Un camino conocido en el pasado. Es de extrañar que no haya nada nuevo con todos los adelantos de la ciencia & la tecnología.
Nosotros somos el pueblo, cada uno con su guerra independiente. Regulados como los semáforos de las calles. Un desliz y la multa te espera. No falla la persecución.
Las huelgas, los agricultores, Los profesores, las limpiadoras, los taxistas, el metro, los médicos, todos por separado. Efecto nulo. Todo está diseñado para fracasar individualmente.
La cara bonita existe. Es la que preferimos.
Siempre está aquí cerca de tí. Genera energías positivas, dan fuerzas infinitas, es la fuente prometedora de equilibrios y felicidad. Se saca lo mejor también con pocos metros cuadrados. Una habitación de estudiante, de un divorciado, de uno que el sueldo no alcanza, un jubilado aislado, una madre soltera, un techo por lo menos donde no se apaga tu luz propia. Estos mínimos son ahora un esfuerzo descomunal para demasiada gente. De tanto apretar el cinturón, se olvidan los consejos de una comida sana, te quitan la dignidad y las sonrisas que son líneas roja en toda regla. Una chispa y las cosas pueden cambiar para un retorno a la normalidad. Con las voces hay más potencia que todas las armas, la guardia civil puede elegir su lado en estos casos extremos.
Cuando todo va mal alrededor es que estás en el sitio equivocado. Solo no vas a arreglar nada. Tampoco un grupito de violentos. Un movimiento político ultra que es más de lo mismo. No quieren cambiar nada. Solo aprovechar la oportunidad.
Cuando toma posesión de un bien, un proyecto, una nación, la primera cosa es hacer una vueltita de la situación presente. Detecta las anomalías, empieza a ordenar y limpiar toda la «mierda» que dejaron los antiguos propietarios.
La juventud bien debería hacer una auditoria. Recobrar su sitio, su alegría, su sonrisa, esa picardía, un proyecto que entusiasma, contagioso y colectivo. Una meta que enriquece las relaciones, aumenta la seguridad y la paz. La cara bonita no es un sueño lejano. Solo falta decidir cuál es el lado que te gusta más.
- Viva la vida.








