La tradición del sopar a la fresca. El sector de la restauración quiere más orden por sus propias ventajas.

Otra vez más de lo mismo. Ordenar, imponer, vigilar, ordeñar, dirigir, administrar, arrinconar las costumbres regionales.

El buen negocio del turismo playero de verano parece no ser suficiente para algunos. Quieren dar un golpe contra su propia gente. Les da vergüenza un poco de realidad local. El sector de la restauración no tiene más miedo de no poder llenar sus mesas los meses de vacas flacas. La Comunidad Valenciana se está transformando en un lugar agradable los doce meses del año para los turistas. Alejar a los habitantes locales de la vista de sus establecimientos parece una meta discriminatoria, elitista y desagradable. La avaricia, codiciosa de manera exagerada. Prefieren vender un café 2 euros a un turista que 1,40 a un local.

Promocionan la cocina local pero sin sus habitantes locales. Un egoísmo muy sospechoso. Quizás el gusto de las paellas cambia por el volumen de producción. Su precio aumenta de manera inversa a su calidad. Transformando la esencia local en un parque temático lleno de tiendas para un uso característico del turista de paseo por algunos días o horas con los cruceros. Expulsando los locales de sus centros de ciudades, de sus chiringuitos y buenos lugares de ocio. Son las consecuencias, un aviso de mala gestión política.

Las autoridades son muy atentas para  pillar nuevas oportunidades de recaudación. Pronto van a meter nuevos cartelitos de interdicciones con sus multas de disuasión para sacar una silla en los atardeceres de un paseo marítimo. Cazar a la gente que vive aquí. Es una barbaridad.

Al ciudadano joven ya no le sirven los cuentos y tradiciones de sus padres, los abuelos, esas cosas sencillas de disfrutar una tarde en las orillas del mar.

El «sopar a la fresca» (cenar al aire libre) es una costumbre mediterránea que consiste en sacar sillas y mesas a la calle, terrazas o paseos marítimos para cenar en comunidad y escapar del calor estival. En lugares de la costa valenciana como la Malvarrosa, El Cabañal (Valencia) o Cullera, es común disfrutar de esta tradición junto al mar. Es una forma de socializar y vivir el verano que se basa en la sencillez y el compartir. Encima con las hostias de las energéticas con más razones para irnos buscando un poco de aires para despejarnos. Para entender esta bonita costumbre, fíjate en estos puntos clave: El menú: Las cenas suelen ser frías, ligeras y fáciles de comer. Los platos estrella son las ensaladas, el embutido, las cocas, las tortillas de patatas y los clásicos bocadillos. El entorno: Históricamente, se realizaba en las aceras frente a las casas de los pueblos. Hoy en día, muchas personas acuden al Paseo Marítimo de València o a las playas de Cullera. El objetivo: Más allá de comer, el fin es reunirse con la familia y los vecinos para hablar, reír y disfrutar de la brisa marina cuando cae el sol. Es una práctica tan arraigada en España que incluso existen movimientos para que sea declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Dado que el turismo ha crecido, los negocios que venden comida y bebida al consumidor final (la restauración, chiringuitos) buscan estrategias para convivir con esta tradición. Prefieren elegir  la expulsión como estrategia principal.

El relato del choque económico: mientras los clientes disfrutan llevando su propia comida, los bares y restaurantes ven reducidos sus ingresos en zonas de alta afluencia. Una retórica muy dudosa ya que los turistas hacen colas para una mesa y no llevan sillas y mesas. Miran esto como una atracción más. Al contrario puede beneficiar a los negocios de proximidad. Provoca comer algo. Nadie ve eso como un gancho turístico. El autóctono se transforma sin querer en un cuadro bucólico. Cómo un indio en su reserva.

Las soluciones propuestas: Los hosteleros han propuesto crear zonas acotadas o de picnic para ordenar esta costumbre. El objetivo es mantener vivas las tradiciones locales a la vez que se cuida el empleo y la economía del sector. Claro, lo más lejos posible de sus negocios…tratar el local como poner un objeto en el trastero. El dinero quiere mandar otra vez.

La política instrumenta favorablemente los deseos de los intereses económicos en ese caso: alejar, acotar, prohibir, esconder la tradición de la vista del turista. Los buenos lugares son para el turista, sacarle su dinero como eje conductor. De tanto insistir van a perderlo todo algún día. Parecen mucho los pisos turísticos, una degradación planificada y voluntaria del bienestar de la población local para dar lugar a la explotación exagerada del turismo. Beneficia a los que tienen negocios. Los empleados no tienen ni siquiera como alojarse, los precios explotan mientras sus sueldos no se mueven. Que se la arreglen…un desprecio indecente. Parece que quieren provocar deslices cívicos. Más mano dura para endurecer la vida de la mayorías sin ningún coste adicional.

Las autoridades no entienden nada de una vida harmónica y más equilibrada. El absentismo laboral es también la consecuencia directa de este malestar. Lo hacen todo al revés.

  • Viva la vida.

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  • La curiosidad siempre me motiva a ir más allá de mi campo de visión. El resultado es una carrera profesional internacional en los medios técnicos, venta / marketing. Vivir en varios países en Europa y Latín América.
    Ahora jubilado me dedico a intentar ser un buen hombre. Activo con un ojo crítico sobre los acontecimientos globales

Jean Pierre

La curiosidad siempre me motiva a ir más allá de mi campo de visión. El resultado es una carrera profesional internacional en los medios técnicos, venta / marketing. Vivir en varios países en Europa y Latín América. Ahora jubilado me dedico a intentar ser un buen hombre. Activo con un ojo crítico sobre los acontecimientos globales

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