Con la emoción que despierta el Mundial México 2026, comparto este pequeño homenaje a un viejo viajero que nació en nuestra tierra hace miles de años y que, desde entonces, no ha dejado de unir corazones:
¡Mucho gusto! Permítanme presentarme…
Soy el único viajero que ha recorrido el mundo entero… ¡sin tener piernas!
Aunque, para ser sinceros… tampoco necesito zapatos.
Después de recorrer continentes…
después de besar redes en todos los idiomas…
hoy regreso a una tierra conocida.
Estas montañas…
este cielo…
este viento…
¡Yo ya estuve aquí hace miles de años!
He cambiado de piel muchas veces…
pero nunca he olvidado mi primer hogar.
Hoy regreso.
No soy aquel balón de hule macizo.
Ahora llevo aire en mi interior.
Pero mi corazón…
mi corazón sigue latiendo en esta tierra.
Antes de vestir los colores de las naciones,
vestí el color de la tierra.
Antes de escuchar el rugido de un estadio,
escuché el canto del cenzontle.
Antes de rodar sobre el césped perfecto,
rodé y reboté entre las piedras de un pueblo antiguo que aún guarda mi memoria.
Muchos, al verme por primera vez, exclamaban con asombro:
«¡Parece tener vida propia por lo alto que rebota!»
Y yo sonreía por dentro…
porque desde entonces había nacido para rodar.
Todavía recuerdo los rostros de aquéllos jugadores.
Caminaban erguidos.
Vestían con dignidad.
Ajustaban los protectores sobre sus caderas porque sabían que yo no era un juguete.
Era pesado…
muy pesado.
Y, sin embargo, jamás vi miedo en sus ojos.
Solo respeto.
Disciplina.
Y orgullo.
Ellos parecían danzar,
y cada uno de mis movimientos seguía el camino del Astro Rey.
Lo que vivíamos era mucho más que un juego.
Era tradición.
Era ceremonia.
Era historia.
Pero un día llegaron nuevos tiempos.
Otra cultura apareció
y decidió que ya no debía seguir rebotando.
Creyeron que podían detener mi historia…
Pero las historias verdaderas…
siempre encuentran la manera de volver a rodar.
Permanecí oculto durante muchos años.
Como jugando a las escondidas con el tiempo.
Mientras tanto…
las piedras siguieron esperando que alguien recordara lo que allí había ocurrido.
Sin embargo…
jamás dejé de existir.
Poco a poco me fueron transformando.
Descubrieron cómo hacerme de caucho…
de cuero…
de colores…
Después aprendieron a llenarme de aire,
para hacerme más ligero…
más veloz…
y más libre.
Después de tantas vidas que he tenido…
alguien pensó que mi corazón necesitaba modernizarse…
¡y me pusieron un chip!
¡Quién lo hubiera imaginado!
Antes me perseguían los niños descalzos por las calles polvorientas…
Ahora me persiguen cámaras de alta velocidad,
sensores,
computadoras…
¡Hasta los satélites parecen estar pendientes de mí!
Pero les voy a contar un secreto…
(Pausa)
Prefiero que me persiga la ilusión de un niño…
que toda la tecnología del mundo.
Porque, aunque ahora tenga un sensor,
sigo guardando en mi memoria
el primer impulso que recibí hace miles de años.
Antes de llegar a los grandes estadios,
viví entre la gente.
En los barrios.
En las calles.
En las canchas de tierra.
Fui compañero de los niños…
confidente de los jóvenes…
y cómplice de tantas tardes inolvidables.
¡Cuántas retas!
¡Cuántas apuestas para ganarse el beso de una muchacha!
¡Cuántos sueños comenzaron con una simple patada!
Y déjenme decirles algo…
No crean que siempre me tratan con cariño.
¡Hay quienes me abrazan cuando entra el gol…
y otros me mandan hasta la última fila de las gradas por fallar un penal!
(Pausa)
Y eso que la culpa…
casi nunca es mía. 🤭
Y así…
sin darme cuenta…
dejé de ser solamente una pelota.
Me convertí en esperanza.
En ilusión.
En motivo de encuentro.
Hoy soy quien une a los jugadores en la cancha.
Soy forjador de sueños en los jóvenes.
Soy el abrazo después de un gol.
Soy la emoción de millones de corazones latiendo al mismo tiempo.
Y ahora…
Después de recorrer el mundo…
Después de escuchar todos los idiomas…
Después de besar las redes de los más grandes estadios…
Regreso.
Regreso a la tierra donde aprendí a rodar.
Cuando el árbitro haga sonar su silbato…
y el mundo entero vuelva su mirada hacia mí…
recuerden que no nací en un estadio.
Nací en una tierra antigua…
donde el juego era sagrado…
donde el Sol marcaba mi destino…
y donde aprendí que rodar…
también era una forma de unir a los hombres.
Hoy regreso a casa…
Pero no vengo solo.
Traigo conmigo al mundo entero.
Porque un balón nunca pregunta de qué país eres…
solamente espera que tengas ganas de jugar.
Y quizás…
cuando todo termine y el estadio vuelva a quedar en silencio…
algún niño tome un balón entre sus manos…
y, sin saberlo…
vuelva a hacer rodar una historia que comenzó hace miles de años.
¡Que ruede el balón!
¡Que ruede la esperanza!
¡Y que México vuelva a abrazar a las naciones!
- Julio 01,2026
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