Una noche, me senté en el borde de la ventana de mi casa, con una taza de té caliente y humeante, el aroma me envolvía, y mientras observaba cómo la luna llena estaba en el cielo, me sentí profundamente agradecida por esos momentos de soledad compartida. No había nadie más que yo y mis pensamientos, y eso, en sí mismo, era un regalo de mi propia amistad.
Pensaba y pensaba… en esa noche lluviosa llena de truenos y relámpagos que iluminaban el inmenso cielo de una pureza pura, ¿Quiénes serán mis amistades más sinceras?, en el transcurso de mis años de vida me di cuenta que con la única persona que conviviré todos los días soy “YO MISMA”, la que miro al espejo que está colgado en la pared de mi cuarto al despertar, la que veo en el espejo del camino al andar, los cuáles me dan ánimos y una visión en este recorrer del mundo, fuerza y valor para confrontar cualquier obstáculo en el camino de la vida. Despertando cada día tratando de mejorar, de sonreír más y de disfrutar cada día.
Soy yo cuidando de mi misma con esfuerzo y valentía. Aunque siempre en el mundo existirá endivia, egoísmo y maldad, pero eso significa que las «amistades» no existan, simplemente existen los conocidos por conveniencias momentáneas. Y no significa que se debe vivir aislado, pues no, simplemente hay que tener mucho cuidado con ciertas personas, ni se trata de tener enemigos
Soy yo, y siempre seré yo mi amiga más leal y sincera y no me puedo fallar a mi misma. Y siempre me hago acompañar de mi violín, mi piano, mi flauta y demás instrumentos, seré feliz en un entorno lleno de luz y calma.
Estoy convencida que la amistad más fiel y sincera es la que uno tiene consigo misma. Cuando me encuentro en situaciones de necesitar un aliado o aliada, un confidente dispuesto a escuchar mis pensamientos, mis sueños, en esos momentos, me entero que soy esa persona que se escucha en cualquier situación.
¡Soy, soy, soy yo y siempre seré yo!






